lunes, 23 de abril de 2018

¡POR LOS MIGRANTES DEL MUNDO ENTERO!

El fenómeno de las migraciones humanas es uno de los fenómenos más complejos, masivos, globales y la mayor causa sufrimiento, de dramas y problemas humanos que vive hoy la humanidad. Es un fenómeno muy complejo pues en el convergen y se suman todos los desafíos no resueltos que tiene la humanidad para hacer de este mundo un planeta más humano, más justo y más solidario: la corrupción administrativa y gubernamental en distintos países, la inequidad social, la injusticia social, las mil formas de violencia y de muerte, epidemias, hambrunas, intolerancia, racismo, distintas formas de discriminación, etc.

Las cifras y las dimensiones del fenómeno migratorio a nivel mundial trascienden ya todas las fronteras, las razas, los credos, las culturas, las ideologías y se instaló – dicho fenómeno migratorio - en la experiencia del diario vivir en la tierra con sus dimensiones dantescas, infrahumanas, apocalípticas en el sufrimiento que padecen los hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos que – por las más variadas razones – tienen que dejar sus orígenes para buscar un mejor futuro próximo en otros territorios, en territorios extraños y, muchas veces, franca y definitivamente hostiles. 

El fenómeno de grandes masas de migración humana a todos nos afecta. La humanidad entera es solidaria en el bien y en el mal que vamos construyendo todos para todos. Sin embargo, es un fenómeno cuyas soluciones de raíz se van aplazando indolente e indefinidamente porque todos, gobernantes y ciudadanos del mundo, preferimos evadirlo…

Quienes protagonizan directamente el fenómeno migratorio son – en su inmensa mayoría – hombres y mujeres que se encuentran en la vergonzosa franja social que padecen, como víctimas, lo que el Papa Francisco está llamando “la cultura del descarte”, o de “lo desechable”. Es decir, hombres y mujeres a los que habiéndoseles empobrecido porque se les han negado toda clase de accesos y oportunidades sociales luego son “descartados” por no ser importantes en el engranaje económicamente productivo de este mundo globalizado.

Las causas de este doloroso y masivo fenómeno migratorio son variopintas y van desde la búsqueda de mejores condiciones de vida económica, hasta desplazamientos forzosos por causas de tipo político, religioso o por el acoso de distintas formas de violencia en los países de origen.

Ejemplos de este fenómeno en la actualidad son las enormes masas de población migrante que se desplazan – muchas veces a costa de la propia vida – de África hacia Europa, de Siria e Irak hacia Europa, del mundo entero y de América Latina hacia los Estados Unidos, etc.

Este es un problema complejo y mundial, masivo y global, que nos atañe, afecta e involucra a todos y al que habría que responder atacando las causas y ejecutando soluciones de igual magnitud y complejidad: en los países de origen, en el doble padecimiento de quienes emigran (el sufrimiento del desarraigo – por una parte – y la no bienvenida – por otra parte - en los territorios donde intentan llegar a rehacer sus vidas); además de las soluciones que piden con urgencia los nuevos problemas que se crean y ocasionan en los lugares de destino o países receptores de los grandes movimientos de migración humana.

Hasta hoy, a este fenómeno tan característico, protuberante, dramático, de tantas aristas humanas y sociales y de tantas urgencias en el mundo de hoy se responde con indolencia, con indiferencia, sin darle prioridad en los planes y programas gubernamentales, con muros, con barreras, con intolerancia y sin atacar las primeras causas: la ineficacia y corrupción administrativa, la injusticia social y la inequidad en la distribución de recursos, bienes, servicios y oportunidades sociales que obligan a tantos millones a emigrar y que, por otra parte, convierte – esa misma inequidad y al mismo tiempo – a algunos lugares de la tierra en polos de atracción para los desplazados y desterrados de todos los días y de todos los rincones de la tierra.

Ni los políticos de turno de cada país de partida de las grandes masas migratorias (envueltos casi siempre en enormes fenómenos de corrupción), ni los centros de llegada, ni los organismos internacionales creados con vocación humanitaria global (Unión Europea (UE), Organización de las Naciones Unidas (ONU) y sus Departamentos (FAO, OMS, OIT, etc) , Fondo Monetario Internacional (FMI) Banco Mundial, etc…) resuelven de manera efectiva con fórmulas humanitarias – y no guerreristas y militares – el fenómeno migratorio actual. Urgen, por tanto, soluciones que devuelvan a todos los afectados y de manera urgente, su dignidad de personas, con programas no asistencialistas sino de promoción y desarrollo humano sostenible.

Urge, además, que las instituciones e iglesias de las más variadas doctrinas y denominaciones religiosas presten a la humanidad, especialmente ante este fenómeno de tanto sufrimiento humano, su servicio y tarea profética. Que los líderes religiosos anuncien y denuncien todo cuanto en este fenómeno – como en otros – menoscaba la dignidad humana e impide la realización digna y humana – individual y socialmente - de todos los hombres y mujeres afectados. Lo contrario, se convierte en un silencio cómplice de la indiferencia de todos los estamentos y sectores de la humanidad.

Que podamos construir un mundo como una gran mesa para todos, donde todos tienen igual cabida y donde todos - solidariamente – nos respetamos y compartimos espacios de vida abundante es una tarea que nos convoca a todos. Al mismo tiempo, el fracaso en la construcción de un mundo más justo, más humano y solidario es una derrota que nos afecta a todos y que a todos nos llena de vergüenza. Es poco lo que hemos hecho y es muchísimo más lo que nos queda por hacer, especialmente en lo tocante a la dolorosa experiencia de nuestros hermanos migrantes del mundo entero.



domingo, 1 de abril de 2018

Pascua: Vida nueva y abundante para todos

Por estos días, el mundo católico se apresta a celebrar la solemnidad más importante del año litúrgico: LA PASCUA de la RESURRECCION DE JESUCRISTO.

Y pretendo en estas líneas, reflexionar con ustedes, sobre dos aspectos y significados muy importantes que tiene esta fiesta para la humanidad entera, para el mundo cristiano y concretamente para nuestra sociedad norteamericana.

En primer, la confesión de fe en la Resurrección de Cristo tiene sustrato histórico en la transformación de vida que experimentaron unos hombres y mujeres – primeros cristianos – quienes se reconocieron y confesaron a sí mismos y para los demás, como hombres y mujeres NUEVOS, con una mentalidad renovada, capaces ahora de entender todo el proyecto de vida de Jesús de Nazaret y de vivirlo, de ponerlo en práctica, con una NUEVA visión de Dios, del mundo, del otro.

Unos discípulos que habían acompañado a Jesús en sus correrías y tarea predicadora, que fueron sus primeros testigos, sus íntimos, pero que torpemente no lo entendieron, lo negaron, traicionaron y abandonaron, salen ahora por el mundo – hace ya dos mil años – proclamando que Cristo vive y vive en ellos porque les cambió, les renovó, les transformó sus vidas. Ahora viven en plenitud el mandamiento del amor, en el reconocimiento de que son hermanos, hijos del mismo Padre del cielo, tal y como Jesús había vivido y les había enseñado.

¡Cuánta falta tenemos todos, todos los días de renovarnos, de cambiar, de mejorar personal e individualmente como seres humanos, de transformarnos, de PASAR – precisamente eso es lo que significa la palabra PASCUA en hebrero “PASO” – de nuestros resentimientos, temores, pequeños o grandes odios, diferencias, intolerancias, discriminaciones, rencillas, divisiones, formas de violencia y de muerte a formas nuevas de comprender y de vivir la vida, nuevas, renovadas y transformadas formas de relacionarnos los unos con los otros, para hacer posible una convivencia si no fraterna al menos mínimamente humana y civilizada!

El primer significado de la Pascua cristiana para todos es VIDA NUEVA. ¡Y cuánta aplicabilidad, y cuánta urgencia y cuán necesario este mensaje de la Pascua cristiana para nuestra sociedad estadounidense, aquí y ahora!

Nos circundan y angustian mil formas de violencia y de muerte en los hogares, en las calles y en las escuelas, nos agobia el desempleo y el futuro próximo, enfermedades e incertidumbre política, el uso de drogas en los jóvenes y el enorme número de familias destrozadas, la pérdida o la mutación de los valores tradicionales por la primacía del tener sobre el ser, la búsqueda del placer y del poder a toda costa, sin importar los medios y como fin último de la existencia humana, etc…

Este panorama que va tornando irrespirable cada vida humana individual y la existencia y convivencia de todos en sociedad, clama – con urgencia – por una transformación, un cambio, una “metanoia”, una VIDA NUEVA, personas transformadas para la re-construcción de instituciones renovadas, más justas, más solidarias, más humanas.

En segundo lugar, e inseparable del primer aspecto ya subrayado, la confesión de la Resurrección de Jesús significa un triunfo de la VIDA sobre la muerte, un PASO del fracaso a la victoria. Así, PASCUA es sinónimo de “abundancia de vida” y de la vida como palabra final sobre el destino del hombre, de todo hombre que viene a este mundo.

Los males anteriormente enlistados y muchos más, que como individuos y sociedad nos aquejan y angustian a diario, piden que cada uno de nosotros, pasando de lo malo a lo bueno, de lo inhumano a lo humano, de lo perfectible a lo mejor, de la mentira a la verdad, de los errores a la honestidad, de lo torcido a la rectitud en la conciencia, en las palabras y en los hechos, vayamos construyendo – mediante ese PASO, esa transformación, esa novedad en nuestras vidas, unos espacios sociales de VIDA ABUNDANTE. Vida abundante que, en nuestra Nación, se manifieste en el mundo de las leyes y de la política, en el mundo de la economía y de las relaciones inter-comunitarias e inter-personales, en el mundo del arte y de las ciencias, en el ejercicio de nuestras profesiones y de nuestros quehaceres cotidianos, en el mundo del entretenimiento, la recreación y el deporte, en nuestras experiencias religiosas, etc.

Nuestra sociedad, orgullosa de tantas conquistas materiales al interior de los Estados Unidos y en el mundo entero, escenario de tantos logros y motivo de tanta esperanza para tantos que llegaron o sueñan con llegar aquí, está – al mismo tiempo – transida de dolores, por sueños incumplidos, por anhelos truncados, por ilusiones rotas, por mil dolores, sufrimientos y formas de vida injustas e inhumanas que exigen de nosotros VIDAS NUEVAS para la VIDA ABUNDANTE, próspera, plena, feliz, que todos esperamos.

Que PASCUA sea, entonces, todos los días. ¡Que todos los días PASEMOS de lo viejo a lo nuevo y de escasas, mezquinas y precarias formas de vida a la VIDA ABUNDANTE!


domingo, 25 de marzo de 2018

El audaz nuevo mundo de la salud digital también necesita un toque personal del médico.

EL MES PASADO, dos publicaciones de primer nivel le dedicaron una significativa cobertura a la creciente e incesante tendencia mundial hacia la telemedicina y a otras formas digitales de medir, registrar y responder a las necesidades individuales de salud, todas ellas diseñadas en pro de la conveniencia, la exactitud y la reducción de costos. The Economist (3 de febrero de 2018) intituló su análisis noticioso “El médico te da la bienvenida: se aproxima una revolución digital en los servicios de salud”. Por su parte, The Wall Street Journal (25 de febrero de 2018), publicó un extenso artículo sobre “Cómo lucen los hospitales del futuro”; en el sub-encabezado se lee: “Las instituciones que conocemos, además de estar en expansión, sufren un cambio radical, al hacerse más pequeñas y digitalizadas, so pena de desaparecer por completo. El resultado debe ser una mejor atención médica y más económica”.

Abunda el optimismo. Y, sí, hay muchas razones para ello. The Economist observa que el “problema fundamental con el sistema actual es que los pacientes carecen de conocimiento y de control” con respecto a las opciones de su enfermedad o tratamiento; “el acceso a la información puede atender ambas carencias”, asegura el artículo.

Hay una auténtica explosión de aparatos portátiles para medir la presión arterial, por ejemplo; otros pueden detectar irregularidades en el ritmo cardiaco, mientras que otras aplicaciones se desarrollan para detectar —con el auxilio de la inteligencia artificial— cáncer de piel y otras enfermedades que ponen en riesgo la vida seriamente, aun en etapas tempranas, cuando aún no se manifiestan de manera obvia, visible o dramática. Un sistema digital de alerta temprana puede propiciar que las personas busquen atención médica para adoptar las medidas preventivas pertinentes.

La atención de los ancianos puede mejorarse enormemente gracias al uso de aparatos portátiles, pues estos son capaces, no sólo de medir los signos vitales, sino de detectar caídas y enviar señales de alarma a determinadas estaciones de monitoreo centralizado. Estas estaciones, por su parte, pueden enviarles ayuda de emergencia a los propios pacientes o alertar a sus familiares para que los lleven al médico. De manera similar, los pacientes de todas las edades pueden contar ahora con información relativa a factores médicos críticos, como la diabetes, y esos datos se envían automáticamente a las computadoras de sus médicos, generando así instrucciones correctivas inmediatas o, de ser necesario, canalizándolos a los consultorios de sus médicos. No es de sorprender, por ello, que Apple haya anunciado su plan de solicitarles a las organizaciones de salud que les permitan a los usuarios de iPhone descargar sus registros médicos.

Ciertamente, estas innovaciones les conceden a los pacientes una mayor autonomía en la toma de decisiones médicas, al tiempo que funcionan como salvavidas que detectan errores potenciales en los registros médicos a causa de lo cual podrían prescribirse tratamientos inapropiados o innecesarios. Sobre todo, esta revolución digital permitirá ahorrar miles de millones de dólares en consultas médicas innecesarias —o que no serían ya necesarias— y en la aplicación de distintas pruebas médicas.

En cuanto a los hospitales —señala el Journal—, estas instituciones también desarrollan actualmente sistemas de monitoreo que pueden reducir significativamente el tiempo que los pacientes pasan en los hospitales o en las salas de urgencia, pues se los podría observar en sus propias casas mediante una cámara digital remota; pero debe insistirse en que el objetivo es la atención preventiva: detectar y atender las enfermedades antes de que se nos salgan de las manos. Según algunas estimaciones, hasta un 30 por ciento de la atención que se proporciona tradicionalmente en los hospitales puede suministrarse en casa.

Cada vez con mayor frecuencia, a la sombra de la proliferación de las clínicas que atienden sin necesidad de cita previa, los grandes hospitales coexistirán con “micro-hospitales”, los cuales habrán de funcionar como “unidades de cuidados intensivos, donde los pacientes podrán obtener atención médica altamente especializada y técnica”.  Por su parte, los pacientes cuyas enfermedades puedan monitorearse con toda seguridad a distancia, podrán convalecer y recuperarse en sus propias casas. Los médicos que cuenten con distintos niveles de especialización operarán “oficinas centrales” para monitorear tanto los casos agudos en los micro-hospitales como los casos menos graves en las casas de los pacientes.

Kenneth L. Davis, presidente ejecutivo del Hospital Mount Sinai es citado ahí de la siguiente manera: “Necesitamos un nuevo modelo de atención médica que se enfoque en el bienestar y en la prevención que permitan mantener a las personas lejos de los hospitales”. Así, se avizoran grandes ahorros y una mayor comodidad para los pacientes.

Tal como señala The Economist, “los beneficios de las nuevas tecnologías” —como los aparatos portátiles y los registros médicos descargables— “suelen fluir hacia los más ricos de manera desproporcionada. Sin embargo, el gobierno y las compañías de seguros tienen ahora un incentivo para permitir que esa tecnología y esas opciones de tratamiento doméstico y autónomo lleguen a los segmentos poblacionales más desprotegidos. Alphabet, la compañía matriz de Google, tiene planes de poder revisar los datos médicos en las zonas más pobres de las ciudades, donde muchos residentes están cubiertos por Medicaid.    

La innovación tecnológica de frontera al servicio de los más pobres es también el sello distintivo de la Reforma del Sistema de Pagos e Incentivos por Desempeño (DSRIP, por sus siglas en inglés). La DSRIP, un programa de cinco años que ahora está en su tercer año de operaciones les ofrece atención médica de calidad a los pacientes del Medicaid, logrando así ahorros (¡de más de $12 mil millones de dólares!) a los contribuyentes estatales. La DSRIP está en vías de superar el objetivo de reducir las hospitalizaciones innecesarias hasta en un 25 por ciento para la primavera de 2020. Este programa se sustenta en el modelo de Pago Basado en el Valor Real (VPB, por sus siglas en inglés) o el Pago por Desempeño: los médicos son remunerados, no con base en el número de consultas o pruebas que realizan, sino en el estado de salud de sus pacientes en el largo plazo. (En este sentido, es alentador que el gobierno haya creado el Comité Asesor del Modelo de Pago Basado en el Médico, con la posibilidad real de extender los modelos de VBP al Medicare).  

Los Registros Médicos Electrónicos (EHR, por sus siglas en inglés) desempeñan un papel central en el diseño de la DSRIP; para que el Departamento de Salud del Estado de Nueva York pueda monitorear la salud de la población, la información de los EHR se integra transversalmente con las solicitudes de Medicaid a fin de tener, así, un panorama más claro del estado de salud de las comunidades más grandes. De la misma manera que en el universo comercial dominado por las aseguradoras privadas que refieren The Economist y The Wall Street Journal, los EHRs de cada paciente dentro de la DSRIP deben generarse, mantenerse y actualizarse de manera constante y minuciosa. Por lo general, este proceso requiere una gran cantidad de tiempo por parte de los médicos, quienes quedan así adheridos a los monitores de sus computadoras, en lugar de concentrarse en el paciente que tienten frente a ellos.

En suma, la vital relación personal entre el médico y su paciente, entre el médico y la familia del paciente, tiene muy pocas probabilidades de establecerse. El toque personal, el encuentro humano que constituye la base de una auténtica relación paciente-médico, se esfuma. Obviamente, esto resulta verdadero para todas las formas de monitoreo remoto de la salud del paciente, sin importar lo precisas o eficientes que sean.

En SOMOS Community Care hemos creado una solución para este problema; SOMOS es el único miembro conformado por una red de médicos independientes dentro del llamado Sistema de Desempeño de Proveedores (PPS, por sus siglas en inglés), el cual fue constituido por instrucciones de la propia DSRIP; los otros 24 proveedores del PPS tienen su base en grandes hospitales. Con el fin de liberar a nuestros médicos de las exigencias operativas de los registros médicos, hemos creado equipos de Trabajadores Comunitarios de la Salud (CHW, por sus siglas en inglés) para para registrar los datos de cada paciente o para entrenar al personal de los consultorios para que lo hagan ellos por su cuenta.

Como resultado, el médico —quien suele vivir en las mismas comunidades con las que comparte antecedentes étnicos y culturales— es liberado para que pueda atender a los pacientes que se le presenten; aún más: los CHW realizan consultas a domicilio, de ser necesario, para asegurarse de que los pacientes cumplan las prescripciones médicas y de que los médicos estén al tanto de las condiciones familiares y habitacionales que podrían influir en la salud de los pacientes y de sus familias.

En este sentido, nuestros médicos asumen a cabalidad el antiguo rol de los médicos de cabecera: auténticos líderes comunitarios en quienes los pacientes confían plenamente, de quienes obtienen su total discreción y por quienes son realmente comprendidos y conocidos. Esta novedosa reivindicación del médico familiar aprovecha en su totalidad la actual revolución digital del sistema de salud, pero sin sacrificar lo que siempre ha sido esencial para el bienestar de todo ser humano: literalmente, el toque personal, sanador. Mismo que no puede transmitirse de manera digital, sin importar lo sofisticada que llegue a ser la tecnología.


martes, 6 de marzo de 2018

Un lustro con el Papa Francisco

Tras la histórica y sorprendente decisión de renuncia al Pontificado que el entonces Papa – hoy emérito – Benedicto XVI le presentó al mundo y a la Iglesia Católica el 11 de febrero de 2013, se sucedieron el Cónclave para la elección del nuevo Papa de la Iglesia y la inauguración del nuevo Pontificado. Esta vez en cabeza de un Cardenal y Jesuita Latinoamericano llamado Jorge Mario Bergoglio, procedente de Argentina y quien, escogió el nombre de Francisco, como enseña de lo que sería, en adelante, su ministerio petrino y en homenaje del santo pobre de los pobres de Asís. 

Este próximo 13 de marzo se cumplirán, entonces, los cinco primeros años de la elección como Papa de Francisco y el 19 de marzo de 2018 los cinco años de la solemne inauguración del Pontificado del primer Papa Jesuita y Latinoamericano de la ya bimilenaria historia del papado en la Iglesia.

Han sido para la Iglesia y el mundo, quién lo duda, cinco años densos, llenos de sorpresas, de novedad, de remozamiento y de frescura. Cinco años en los que se han concretado los aires –también frescos – para la Iglesia y el mundo con los que soñaba el Papa Juan XXIII cuando sabia y felizmente convocó aquel 25 de enero de 1959 la celebración del Concilio Ecuménico Vaticano II. Aires frescos y de renovación para la Iglesia que nos han llegado con el ministerio del Papa Francisco gracias a su estilo. Porque como dijera el filósofo griego Protágoras: “El estilo es el hombre”. Y el estilo que Francisco le ha imprimido a su Pontificado tiene que ver con la esencia de su propia humanidad, de su vida cristiana, sacerdotal y jesuítica,  que me gustaría poder resumir en tres palabras: cercanía, humildad y misericordia. Mejor todavía, en una frase: el pontificado de Francisco ha sido un ministerio cercano, humilde y compasivo.

Cercano a las realidades que él mismo llama realidades periféricas tanto geográficas como existenciales de la humanidad, de la sociedad entera y de la mismísima comunidad eclesial. Realidades periféricas en las que viven y padecen los más necesitados de la luz del evangelio y del amor compasivo y misericordioso de Dios; amor del que deben ser portadores los discípulos de Cristo en Iglesia para todos los discriminados de mil maneras por credos, razas, procedencias, condición sexual, pobres entre los pobres, marginados, rechazados, empobrecidos, migrantes, divorciados, etc. Cercanía a las realidades de todos los hombres y mujeres del mundo con la que el Papa Francisco concretiza la nota de  catolicidad o universalidad de la Iglesia. Cercanía que, en Francisco, se convierte en diálogo y apertura a las realidades de todo el hombre y de todos los hombres.

Humilde, sencillo, transparente, abierto, franco, coherente, amigo. Así es la personalidad del hombre Jorge Mario Bergoglio y así vive y se manifiesta en todos sus hechos y palabras el Papa Francisco. Son muchos los gestos novedosos, austeros, refrescantes, inquietantes, proféticos y llenos de alegre y humilde significado evangélico que ha realizado Francisco a lo largo de este lustro al frente de la barca de Pedro. Gestos con los que – coherentenmente – acompaña su discurso: su reconocimiento como pecador y el reconocimiento permanente de los pecados de la Iglesia, su insistente petición para que recemos por él, el cambio de vivienda, el auto en el que se desplaza, su cercanía a enfermos y encarcelados lavando los pies en jueves santo, sus vestiduras y ornamentos, su presentación como el obispo de Roma, su reivindicación como un hombre del común y del pueblo, etc. Humilde cercanía reconocida por el mundo entero y plasmada  en cientos de portadas de las más importantes revistas del mundo.

Misericordioso: si algo caracteriza la revelación que del amor de Dios por el hombre hace Jesús de Nazaret es la compasión y la misericordia. Si algo caracteriza el ejercicio del ministerio de Pedro en el Papa Francisco es su insistencia y presencia misericordiosa en todos sus gestos y en toda su predicación. Tan característica es la misericordia en la vida y obra de Francisco que para celebrar los cincuenta años de la clausura del Concilio Vaticano II convocó a toda la Iglesia el 13 de marzo de 2015 a la celebración de un Año Santo extraordinario y Jubileo de la Misericordia.

Personalidad y cercanía humilde y compasiva que no le impide ni le resta autoridad, sabiduría, fuerza, determinación y coraje para liderar y enfrentar profundas reformas que urgen en el seno mismo de la Curia Vaticana y de la Iglesia Católica.

Esta cercanía humilde y compasiva de Francisco queda, por supuesto, plasmada y manifiesta en todas las obras de su Pontificado. Obras bien resumidas, en sus cientos de discursos, cartas, homilías, etc., y especialmente, en sus viajes pastorales y en sus documentos, entre los cuales sobresalen:

Las Cartas Encíclicas:
  • Laudato si (sobre el cuidado de la casa común) y 
  • Lumen Fidei (sobre la luz dela fe) y

Las Exhortaciones Apostólicas:
  • Amoris Laetitia (sobre el amor en la familia) y 
  • Evangelii Gaudium (sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual). 

No queda sino:
  • Celebrar y congratularnos, con enorme alegría y gozo cristiano, por las bendiciones que para el mundo y la Iglesia han significado estos cinco años de Pontificado de Francisco.
  • Pedir que sean muchos los años por venir en los que – al frente de la Iglesia – nos acompañe Francisco con su cercanía humilde y compasiva. 
  • Responder a su constante petición de rezar por él, para que Dios le conceda sabiduría, salud y fortaleza en su ministerio petrino. 
  • Seguirlo, escucharlo y procurar imitarlo en la autenticidad de su vida cristiana.

Y para bien de la Iglesia y del mundo: ¡AD MULTOS ANNOS PAPA FRANCISCO!





sábado, 27 de enero de 2018

Papa Francisco en Chile

Treinta años después del viaje pastoral del Papa San Juan Pablo II a Chile, el actual Papa Francisco emprendió su sexta visita a América Latina, esta vez visitando a Chile y Perú (entre el 15 y el 22 de enero pasados) y en circunstancias históricas, sociales y políticas distintas y siempre cambiantes, claro está. En aquella oportunidad, por ejemplo, Chile – 1987 - estaba bajo el régimen militar y dictatorial de Pinochet, hoy viviendo un régimen de gobierno democrático.

Según su misión y estilo, el papa Francisco, para iluminar las mentes y los corazones de hombres y mujeres de buena voluntad, confirmar y animar la fe de los católicos, y ayudar a esclarecer – a la luz del Evangelio de Jesucristo – problemas de hoy, de los hombres y los pueblos por él visitados, presentó la Buena Nueva de Jesús con categorías actuales, muy próximas y muy cercanas al sentir y a las experiencias y urgencias más hondas, más íntimas y más actuales de la vida de cada auditorio.

Con emoción de Católico y con el orgullo de ser chileno, con la alegría fresca del encuentro con Francisco y con gratitud a Dios por el privilegio de haber estado presente en este Viaje Apostólico como invitado especial por el gobierno chileno y la iglesia, permítanme subrayar aquí, a modo de una apretada síntesis, los pensamientos, los temas e ideas-fuertes y los momentos más importantes, en los discursos dirigidos por el Papa Francisco al Pueblo Chileno, transcribiendo sus mismísimas palabras para conservarlas – tal cual fueron pronunciadas, sin interpretarlas ni cambiarlas, para nuestra reflexión y vida cristiana.

En el ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES, LA SOCIEDAD CIVIL Y EL CUERPO DIPLOMÁTICO en el Palacio de la Moneda en Santiago de Chile el Martes, 16 de enero de 2018 el Papa recordó a todos los Chilenos el reto que debe animar los días de esta Nación en su presente y futuro próximo: “…un reto grande y apasionante: seguir trabajando para que la democracia y el sueño de sus mayores, más allá de sus aspectos formales, sea de verdad lugar de encuentro para todos. Que sea un lugar en el que todos, sin excepción, se sientan convocados a construir casa, familia y nación. Un lugar, una casa, una familia, llamada Chile: generoso, acogedor, que ama su historia, que trabaja por su presente de convivencia y mira con esperanza al futuro. Nos hace bien recordar aquí las palabras de san Alberto Hurtado: «Una Nación, más que por sus fronteras, más que su tierra, sus cordilleras, sus mares, más que su lengua o sus tradiciones, es una misión a cumplir. Es futuro. Y ese futuro se juega, en gran parte, en la capacidad de escuchar que tengan su pueblo y sus autoridades.” Y añadió el Papa: Escuchar especialmente
  • A LOS PARADOS, que no pueden sustentar el presente y menos el futuro de sus familias; 
  • A LOS PUEBLOS ORIGINARIOS, frecuentemente olvidados y cuyos derechos necesitan ser atendidos y su cultura cuidada, para que no se pierda parte de la identidad y riqueza de esta nación. 
  • A LOS MIGRANTES, que llaman a las puertas de este país en busca de mejora y, a su vez, con la fuerza y la esperanza de querer construir un futuro mejor para todos. 
  • A LOS JÓVENES, en su afán de tener más oportunidades, especialmente en el plano educativo y, así, sentirse protagonistas del Chile que sueñan, protegiéndolos activamente del flagelo de la droga que les cobra lo mejor de sus vidas. 
  • A LOS ANCIANOS, con su sabiduría tan necesaria y su fragilidad a cuestas. No los podemos abandonar. 
  • A LOS NIÑOS, que se asoman al mundo con sus ojos llenos de asombro e inocencia y esperan de nosotros respuestas reales para un futuro de dignidad. Y en este momento de su intervención, el Papa Francisco añadió una petición de perdón muy justa, necesaria y muy esperada por el Pueblo Chileno en esta Visita Apostólica: “Y aquí no puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza, vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia. Me quiero unir a mis hermanos en el episcopado, ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que no se vuelva a repetir.”

En la Homilía de la Celebración Eucarística POR LA PAZ Y LA JUSTICIA en el Parque O’Higgins de Santiago de Chile el Martes, 16 de enero de 2018 nos recordó que “las bienaventuranzas no nacen de actitudes criticonas ni de la «palabrería barata» de aquellos que creen saberlo todo pero no se quieren comprometer con nada ni con nadie, y terminan así bloqueando toda posibilidad de generar procesos de transformación y reconstrucción en nuestras comunidades, en nuestras vidas. Las bienaventuranzas nacen del corazón misericordioso que no se cansa de esperar. Y experimenta que la esperanza «es el nuevo día, la extirpación de una inmovilidad, el sacudimiento de una postración negativa» (Pablo Neruda, El habitante y su esperanza, 5) y añadió que “construir la paz es un proceso que nos convoca y estimula nuestra creatividad para gestar relaciones capaces de ver en mi vecino no a un extraño, a un desconocido, sino a un hijo de esta tierra.”

Durante su breve VISITA A CENTRO PENITENCIARIO FEMENINO de Santiago, el Santo Padre recordó a las reclusas que “estar privadas de la libertad, no es sinónimo de pérdida de sueños y de esperanzas... Ser privado de la libertad no es lo mismo que el estar privado de la dignidad… Nadie puede ser privado de la dignidad.” Y además dijo que “la seguridad pública no hay que reducirla sólo a medidas de mayor control sino, y sobre todo, edificarla con medidas de prevención, con trabajo, educación y mayor comunidad.”

El mismo día martes 16 de enero y en el ENCUENTRO CON LOS SACERDOTES, RELIGIOSOS/AS, CONSAGRADOS/AS Y SEMINARISTAS en la Catedral de Santiago, los alentó a “renovar nuestro sí, con ganas, con pasión pero (de manera) realista, porque está apoyado en la mirada de Jesús”. Los invitó a orar diciendo “ La Iglesia que yo amo es la Santa Iglesia de todos los días… la tuya, la mía, la Santa Iglesia de todos los días... Jesucristo, el Evangelio, el pan, la eucaristía, el Cuerpo de Cristo humilde cada día. Con rostros de pobres y rostros de hombres y mujeres que cantaban, que luchaban, que sufrían. La Santa Iglesia de todos los días». Y terminó su intervención preguntándoles: “¿Cómo es la Iglesia que tú amas? ¿Amas a esta Iglesia herida que encuentra vida en las llagas de Jesús?

En el ENCUENTRO y SALUDO DEL PAPA CON LOS OBISPOS DE CHILE en la Sacristía de la Catedral de Santiago, les dijo que “la falta de conciencia de pertenecer al Pueblo fiel de Dios como servidores, y no como dueños, nos puede llevar a una de las tentaciones que más daño le hacen al dinamismo misionero que estamos llamados a impulsar: el clericalismo, que resulta una caricatura de la vocación recibida.”

El miércoles 17 de enero, en la Homilía de la Celebración Eucarística POR EL PROGRESO DE LOS PUEBLOS en el Aeródromo Maquehue de Temuco, el Papa se dirigió especialmente a los miembros del pueblo Mapuche, así como también a los demás pueblos originarios que viven en estas tierras australes: rapanui (Isla de Pascua), aymara, quechua y atacameños, y tantos otros… Y en este aeródromo de Maquehue, en el cual tuvieron lugar graves violaciones de derechos humanos. Por lo que el Papa exhortó a la construcción – como artesanos - de la unidad y al reconocimiento de las culturas (originarias) sin violencia, diciendo que “la unidad pedida y ofrecida por Jesús reconoce lo que cada pueblo, cada cultura está invitada a aportar en esta bendita tierra” y que “no se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque esto lo único que despierta es mayor violencia y división. La violencia llama a la violencia, la destrucción aumenta la fractura y separación. La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa.”

En el ENCUENTRO CON LOS JÓVENES, en el Santuario Nacional de Maipú los exhortó a ser “ los protagonistas del cambio». Ser protagonistas. La Virgen del Carmen los acompaña para que sean los protagonistas del Chile que sus corazones sueñan.” Y les recordó que “madurar es crecer y hacer crecer los sueños y hacer crecer las ilusiones, no bajar la guardia…” Además, les dijo “¡Cuánto necesita de ustedes la Iglesia, y la Iglesia chilena, que nos «muevan el piso», nos ayuden a estar más cerca de Jesús! Eso es lo que les pedimos, que nos muevan el piso si estamos instalados y nos ayuden a estar más cerca de Jesús.”

En la VISITA A LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE, el mismo Miércoles, 17 de enero pasado, recordó la importancia de la identidad, del ser y quehacer dela Universidad Católica para la convivencia nacional y la construcción de comunidad, diciéndoles que la construcción de convivencia “no es tanto una cuestión de contenidos sino de enseñar a pensar y a razonar de manera integradora. Lo que los clásicos solían llamar con el nombre de forma mentis.”. Que la Universidad, en este sentido, tiene el desafío de generar nuevas dinámicas al interno de su propio claustro, que superen toda fragmentación del saber y estimulen a una verdadera universitas.” Y añadió el Papa, que hay que “buscar espacios recurrentes de diálogo más que de confrontación; espacios de encuentro más que de división; caminos de amistosa discrepancia, porque se difiere con respeto entre personas que caminan en la búsqueda honesta de avanzar en comunidad hacia una renovada convivencia nacional.”

Por último, en la Homilía de la Eucaristía en honor a la VIRGEN DEL CARMEN y en la ORACIÓN POR CHILE como Saludo Final, en el Campus Lobito de Iquique, el Jueves, 18 de enero el santo Padre nos animó a todos a que “como María en Caná… estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta. Estemos atentos frente a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares. Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos migrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en «regla». Estemos atentos a la falta de techo, tierra y trabajo de tantas familias. Y como María digamos: no tienen vino, Señor.”

Después de esta riqueza profética del Pontificado de Francisco en tierras chilenas no queda sino:
  • Lamentar, si el amarillismo y el morbo mediático se enfocó voraz, desenfrenadamente, vulgar y comercialmente en el tema de los escándalos sexuales y en la persona de un obispo chileno acusado de proteger a un cura pedófilo; asunto que el mismo Papa desmintió saliendo en defensa del obispo y – como quedó señalado arriba – pidiendo el perdón respectivo. Amarillismo y morbo que – en algunos momentos y sectores, entonces, pudo opacar y olvidar la riqueza e importancia del visitante y de su misión pastoral y evangelizadora.
  • Esperar, con la construcción y el aporte activo y generoso de todos, que la semilla del Evangelio regada en nuestra Patria chilena por Francisco de – en el porvenir cercano de nuestra amada Nación – frutos buenos y abundantes.

 

viernes, 5 de enero de 2018

La confianza entre el médico y el paciente: clave para
un cuidado de salud superior

https://www.amazon.com/Back-Balance-Science-Business-Medicine/dp/1633310140
En medio del intenso debate sobre la reforma del sistema de salud en los EE. UU., que se llevó a cabo durante los meses de otoño, una reconocida profesional de la salud estadounidense publicó un libro que indica certeramente el desequilibrio estructural que afecta a la industria de salud, un sector en el que se mueven anualmente 3 mil millones de dólares. 

En “Back to Balance—the Art, Science and Business ofMedicine” (publicado por Disruption Books), la Dra. Halee Fischer-Wright, presidenta y CEO de Medical Group Management Association, escribe: “Hemos perdido nuestro enfoque de fortalecer aquello que sabemos que generará pacientes más sanos, médicos más satisfechos y mejores resultados: las estrechas relaciones entre médicos y pacientes, basadas en un conocimiento científico y facilitadas por un sentido responsable de lo comercial, que crea la confianza necesaria en el paciente para intentar hacer todo lo que pueda para alcanzar” mejores y más duraderos resultados.

Sin duda, algo se ha perdido realmente: entre las naciones industrializadas, Estados Unidos gasta la mayor cantidad per cápita en salud, no obstante, los resultados de salud de los pacientes están por debajo de países como Alemania, Francia, Reino Unido y otros países desarrollados. La confianza de la población en los médicos está en sus niveles más bajos.

Fischer-Wright sabe de lo que habla: la organización que lidera “representa a 40,000 administradores y ejecutivos en 18,000 organizaciones de cuidado de salud que abarcan los cincuenta estados, y en las que practican más de 400,000 médicos, lo cual es casi un 50 por ciento del personal de cuidado de salud en los Estados Unidos”.

El “arte de la medicina” afirma, “está siendo desplazado por la ciencia de la medicina —con su énfasis en procedimientos basados en evidencia, métodos bien intencionados y avances en la acumulación y procesamiento de infinidad de datos globalizantes”. Existe una incansable “fijación en los índices de medidas de calidad, muchas veces cuestionables, en desarrollar procesos de facturación inacabables y en ceñirse a procesos que no necesariamente colocan al paciente en el centro y frente de la atención y el resultado”. La autora cita investigaciones que revelan que “el médico promedio gasta casi dos horas en trámites [incluyendo la información que tiene que entrar en el sistema] por cada hora que invierte en los pacientes, si es que estos tienen la suerte de ser atendidos cuidadosamente”.

Estos factores “continúan aumentando la distancia entre el médico y sus pacientes”, escribe Fischer-Wright, quien insiste en que “debemos de recuperar el arte, la ciencia y el elemento comercial en equilibrio —con cada elemento haciendo su parte y no más— para incentivar los resultados de salud que todos deseamos obtener de nuestro sistema de salud actual”.

El arte de la medicina, reitera, depende de que se cree un vínculo auténtico entre el médico y su paciente. Es de vital importancia el “elemento humano: la comprensión, el enfoque en el paciente, el reconocimiento físico, el escuchar a la persona de manera activa, interesándose realmente por lo que dice, mostrando compasión y entendimiento, elementos todos que han estado en el centro de la labor médica desde sus comienzos”. 

“Una relación de confianza entre el médico y el paciente” escribe Fischer-Wright, “que se base en la compasión, empatía y buena comunicación puede generar un impacto profundo en la salud del paciente. Esa confianza ayuda al paciente a controlar su diabetes, el colesterol y hasta el dolor. Además, contribuye a mejorar la calidad de vida mental y física de pacientes con cáncer. También estimula a la gente a buscar cuidado preventivo. Esa confianza proporciona a pacientes de más edad unos mejores resultados que resultan en una vida independiente más duradera. Se ha demostrado que las relaciones basadas en una confianza mutua contribuyen a reducir la ansiedad, depresión, trastornos de estrés y el uso de los servicios de cuidados intensivos por parte del paciente al final de su vida. Estas relaciones basadas en la confianza mutua resultan no solo en menos admisiones por neumonía o insuficiencia cardíaca, sino que también desembocan en mejores y más exitosos regímenes de tratamiento, costos de cuidado de salud más bajos y, una mayor satisfacción del paciente”. ¡La confianza es la base de todo!

Por ello, afirma la autora, el factor comercial y el científico de la medicina deben ser reacomodados en su verdadera dimensión y a favor de un tratamiento humano e integral consistente del paciente, para dar lugar, literalmente, al necesario toque humano.

Fischer-Wright propone varias maneras de conjugar el arte, lo comercial y lo científico de la medicina en un equilibrio apropiado. Entre sus sugerencias: “diseñar cuidado médico por personas sanas en lugar de enfocarse únicamente en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades”. La persona humana es mucho más compleja —emocional y espiritualmente—que la suma total de su condición física. 

Recomienda a los médicos, además: “hacer las preguntas correctas a los pacientes, escucharlos genuinamente y decidir qué acciones tomar” para descifrar qué expectativas tiene el paciente acerca de su condición y cuidado médico, sin asumir por adelantado. 

Por último, hace un llamado a establecer “relaciones de empoderamiento que demanden equilibrio de los tres factores clave de la medicina: arte, ciencia y comercial” entre el médico, la persona de contabilidad, la asistenta de oficina y el paciente para que todos colaboren hacia un objetivo común.

Recuperar la confianza esencial entre el médico y el paciente es, a la vez, la base y el propósito de estos ajustes; ahí radica la clave de poner “las necesidades de las personas de nuevo al frente de esta industria [de cuidado de la salud]”.

Como presidente de una red de profesionales de la salud, integrada por médicos independientes en la Ciudad de Nueva York, me siento muy identificado y alentado por la insistencia de la doctora Fischer-Wright en la relación entre el médico y el paciente. SOMOS Healthcare (anteriormente Advocate Community Providers) es una organización del Sistema de Proveedores de Desempeño (PPS, por sus siglas en inglés) que opera bajo un mandato del Departamento de Salud del Estado de Nueva York, como parte del programa de Sistema de Pagos e Incentivos por Desempeño (DSRIP, por sus siglas en inglés). El objetivo esencial de esta iniciativa es ahorrarles a los contribuyentes unos 12 mil millones de dólares en hospitalizaciones innecesarias durante el lustro de implementación del programa hasta el año 2020.

Esa meta se logra, simplemente, ofreciendo mejor cuidado en términos de prevención, diagnóstico, tratamiento, seguimientos y acompañamiento del paciente. De esta manera, se pueden evitar o controlar situaciones clínicas, evitando visitas a las salas de emergencia y hospitalizaciones innecesarias que suponen un enorme costo para el sistema de Medicaid. 

SOMOS Healthcare fue creado por médicos comunitarios para revitalizar el papel del médico primario que tiene su consulta en medio de la comunidad. Como el antiguo médico de la familia, estos médicos generalmente viven y trabajan en el mismo vecindario que sus pacientes. Generalmente, hablan el mismo idioma y comparten el mismo acervo cultural, lo que ofrece una dosis de sensibilidad, adicional pero necesaria, al contexto cultural del bienestar del paciente. Esto, estamos convencidos, es la clave para crear un vínculo íntimo y de confianza entre el médico y el paciente.

Un grupo de personal altamente capacitado y Trabajadores Comunitarios de la Salud trabajan arduamente en SOMOS Healthcare para ayudar a reducir la sobrecarga de trámites administrativos de los médicos de nuestra red, mejorando los esquemas de trabajo, simplificando los procesos de facturación y registrando la información en un archivo electrónico del sistema Electronic Health Records, de manera que pueda intercambiarse con el Departamento de Salud. El personal de SOMOS también hace visitas a domicilio y se asegura de que los pacientes estén siguiendo los tratamientos médicos. De esta manera, nuestro enfoque refleja las recomendaciones de la autora acerca de reubicar el equilibrio en la relación médico-paciente.

En cuanto al factor científico de la medicina, nuestros médicos primarios refieren a sus pacientes a especialistas si fuese necesario— pero solo tras un examen, evaluación y discusión exhaustivos que toman en consideración también las posibles influencias culturales o de presentarse problemas de salud mental. Nuestro método revela un cambio radical en cuanto al enfoque impersonal, transaccional y basado únicamente en pruebas que caracteriza la práctica médica en el universo del Medicaid.

Existe, sin embargo, un área crítica en la que diferimos de la doctora Fischer-Wright. En el núcleo del programa DSRIP radica el cambio a un sistema de Pago Basado en el Valor Real (VBP, por sus siglas en inglés) o fórmula de Pago por Desempeño: cada vez más, la compensación a los médicos está basada en los resultados de salud a largo plazo de sus pacientes. Respetuosamente expresamos nuestra discrepancia con el rechazo de la doctora Fischer-Wright al método de pago por desempeño, incluso reconociendo que algunos intentos estudiados por ella durante años no dieron los resultados esperados.

Para SOMOS Healthcare, el pago por desempeño resulta clave para facilitar a nuestros médicos el que puedan volcarse al verdadero llamado de un cuidado de salud centrado en el paciente. Durante mucho tiempo, el sistema de pago por servicios ha beneficiado a los grandes hospitales. Una fórmula basada en el valor real garantiza que los incentivos se enfocan adecuadamente en recompensar a los médicos por su relación personal y de cuidado integral con el paciente.

Quienes más ganan con este nuevo sistema son las personas —no les llamemos pacientes, que en sí denota la existencia de una enfermedad o padecimiento— cuya salud y bienestar es centro y prioridad de nuestro trabajo. Y es que, pensándolo bien, ¿no debería nuestro sistema de cuidado de la salud enfocarse más en la salud que en la enfermedad?

Con el tiempo, ese esfuerzo adicional incluirá los llamados determinantes sociales de la salud, tales como la situación de empleo y de vivienda del paciente. No se trata, como dice Fischer-Wright de usar el “dinero para obligar al cumplimiento” de ciertos patrones, sino de reconocer y apoyar a nuestros médicos en el riesgo que toman como propietarios de pequeños negocios para vincular su éxito profesional al bienestar genuino de sus pacientes. Esto también es un asunto de confianza, recompensar la virtud es siempre una buena inversión.

Después del año 2020, cuando haya expirado el mandato del programa DSRIP, SOMOS Healthcare continuará apoyando nuestra red de médicos comunitarios como organización con fines de lucro, un modelo que probablemente se enfocará también en las necesidades de los beneficiarios de Medicare, además de nuestra amplia base de beneficiarios de Medicaid. A medida que nuestras operaciones se expandan y, esperamos, otras organizaciones en el estado de Nueva York y otros estados del país, sigan nuestro ejemplo, nos sentimos confiados en que la doctora Fischer-Wright descubrirá que el pago por desempeño es un elemento crucial en el intento por lograr el equilibrio entre el arte, la ciencia y lo comercial de la medicina, ya sea financiado por el gobierno o como empresa privada.


viernes, 29 de diciembre de 2017

¡AÑO NUEVO… VIDA NUEVA!


Llega un AÑO NUEVO y con él, la renovación de las promesas incumplidas o de ilusiones, anhelos, sueños o ideales irrealizados o esperados y que se convierten en el motor de la historia personal, familiar y social.

La llegada de un AÑO NUEVO es como un bálsamo, un oasis en el trajín de las historias personales y sociales. Un alto en el camino para evaluar, cambiar, mejorar, recomponer, proyectar y recomenzar la andadura del camino de la vida con nuevos ímpetus y nuevas motivaciones.

Nuestra visión del acontecer histórico no es la visión fatalista según la cual la historia humana es una sucesión de eventos que se reciclan y se repiten porque nada cambia y todo – como en un torbellino, como en un remolino de aguas - cíclica y espiralmente vuelve al principio.  No. Nuestra visión de la historia – heredera de la concepción filosófica del griego Heráclito - es una visión cambiante según la cual como él mismo dijo: “Nadie se baña dos veces en las mismas aguas del mismo río”. Es decir, entendemos la historia como una sucesión de eventos que, linealmente, van cambiando según las cambiantes decisiones de los seres humanos, que con su inteligencia y libertad van construyendo su propio proyecto de vida, y con ello, el de las comunidades, el de las organizaciones, el de las instituciones, el de la sociedad en general.

La vida del ser humano, entonces, no está determinada por fuerzas ocultas (los dioses o los astros) que lo manipulan, controlan, y conducen a un irremediable e inmutable destino  fatal y pre-determinado. La vida y la historia del ser humano y de la entera humanidad va construyéndose, libre e inteligentemente, en las decisiones y tareas cotidianas, en el anonimato y silencio de nuestros pequeños compromisos y tareas, en la minucia de nuestros proyectos e ideales más grandes o más pequeños, nobles o mezquinos, generosos o egoístas, personales o comunitarios.

Nuestra mirada sobre la historia tampoco es ni ingenuamente optimista ni fatalmente pesimista. Es verdad que son muchos los motivos – a nivel local y mundial – para el desconcierto, la tristeza y el pesimismo: las desigualdades, las inequidades, tantas formas de injusticia y mil formas de muerte… Tantos muros y tantas divisiones, el hambre y la miseria de tantos frente a la abundancia de pocos… Todo esto nos habla de un mundo en el que los seres humanos no hemos logrado las mejores ni las más humanas, solidarias, igualitarias y justas formas de relacionarnos para construir el mundo como una gran mesa fraterna en la que todos caben…

Y sin embargo, es la esperanza de un mundo mejor la que a todos nos mantiene, nos sostiene y nos empuja cada día en nuestro ser y quehacer cotidiano. Somos hombres y mujeres que vivimos en la esperanza de un mañana mejor y es esta esperanza la que jalona nuestro presente. La esperanza por una mejor humanidad se resiste a morir…

Entonces, ante los motivos para el pesimismo y la tristeza ha de surgir el optimismo por construir un mejor mundo, una mejor sociedad, mejores familias y mejores historias personales con nuestras pequeñas y grandes decisiones, con nuestras actividades y labores cotidianas, a partir de mejores valores y mejores formas de relacionarnos los unos con los otros.

Inspirado en un Documento del CELAM, año 2000: para la Construcción de la Civilización del Amor, les propongo que iniciemos este 2018 con el ánimo de decirle NO al individualismo, al consumismo, a la absolutización del placer, a la intolerancia, a la injusticia, a la discriminación y a la marginación, a la corrupción y a toda forma de violencia y de muerte.

Al mismo tiempo, los invito a decir SI, con los hechos y palabras, con las actitudes y comportamientos, a toda forma de vida, al amor como vocación humana, a la solidaridad y a la libertad, a la verdad y al diálogo, a la participación y a la integración, a la construcción permanente de la paz y al respeto por el otro, por las diferencias, por las culturas y por el medio ambiente.

Los invito, al comienzo de este AÑO NUEVO, a privilegiar la vida humana sobre cualquier otro valor o interés, a darle primacía a la persona sobre las cosas, a que prime la ética sobre la técnica, el testimonio de vida sobre los discursos y doctrinas, el servicio sobre el poder, el trabajador sobre el trabajo, el trabajador sobre la empresa y el capital, lo trascendente sobre todo intento de absolutizar el aquí y el ahora del ser humano.

Los invito a la construcción de un Año Nuevo que sea NUEVO por la NOVEDAD de nuestras vidas. Es mucho lo que hemos hecho pero mucho más lo que nos falta por hacer para construir la esperanza en medio de la realidad de desesperanza que cotidianamente nos desafía… 

¡FELIZ AÑO NUEVO – AÑO NUEVO, VIDA NUEVA!