jueves, 16 de mayo de 2013

Francisco, primer Papa latino, está despertando a los católicos latinos

Representantes de los católicos de origen latino en los Estados Unidos han podido vivir momentos de encuentro, oración y convivencia con el Papa Francisco, pues se han alojado en la Casa de Santa Marta, la actual residencia del pontífice.

Se trataba de algunos de los responsables y delegados de la Asociación Católica de Líderes Latinos (Catholic Association of Latino Leaders, CALL, http://www.hispanicleaders.net), fundados por el arzobispo de Los Angeles, monseñor José Gómez.

Estos católicos de origen hispano, residentes en Estados Unidos, han podido participar en la misa, o en otros momentos de convivencia junto al Papa Francisco,  que como como ha explicado en esta entrevista a Aleteia Mario Paredes, presidente emérito de la CALL, es el primer pontífice latino de la historia.

Mario Paredes, quien, además, es enlace de la Sociedad Bíblica Americana con la Iglesia católica y presidente de la Cámara de Comercio Norteamericana Chilena, recuerda que “hoy la Iglesia católica ha tomado nota de que la mitad del catolicismo radica” en el continente americano, amenazado hoy por la secularización.

Para Paredes, la elección del Papa Jorge Bergoglio implica, ante todo, la catolicidad de la Iglesia: “Tener un Papa latino en la sede de Pedro ya habla de por sí de la riqueza significa ser católico”.

En segundo lugar, el origen argentino de este Papa y el que sea hijo de inmigrantes, “confirma la realidad evangélica de lo que significa evangélicamente ser inmigrante, abrazar una nueva cultura, una nueva realidad”.

Por último, el espíritu profundamente religioso, sincero y espontáneo de este Papa, según Paredes, ayudará mucho a “cimentar la fe de los católicos”, en particular los hispanos.

“Muchos católicos que estaban de alguna manera apartados de la Iglesia, se replantearán su relación con la Iglesia, con su fe, y volverán a la Iglesia gracias a los gestos tan sencillos, tan humildes, pero a la vez tan evangélicos que muestra este Papa”, concluye Paredes.

Los siguientes son enlaces a entrevistas en video sobre este evento:

Haga clic aquí para ver algunas de las fotos de esta visita memorable.

lunes, 25 de marzo de 2013

Nuestra alegría, nuestra esperanza!


Dos mil años atrás, los primeros cristianos, un puñado de hombres y mujeres que habían seguido y acompañado a Jesús de Nazaret durante su ministerio público, confiesan alborozados que el Crucificado, “el que mataron colgándolo de un madero”, les cambió la vida, los sacó de una condición vieja y los transformó en hombres y mujeres nuevos, con nueva mentalidad, una nueva manera de ser, estar y obrar en el mundo. Cambio de vida a partir del cual creen, confiesan, proclaman y celebran que Jesús está vivo, que Cristo ha resucitado, que la última palabra de Dios-Padre sobre la vida de su Hijo no es muerte sino vida, que la resurrección de Cristo significa el triunfo de la vida sobre la muerte, del bien sobre toda manifestación y experiencia de mal en el mundo, lo cual abre en la historia de la humanidad un horizonte nuevo, una posibilidad a la esperanza que no muere.

Transformados por el muerto al que ahora confiesan vivo, precisamente por el cambio de vida obrado en ellos, los primeros cristianos se lanzan por el mundo a compartir y predicar con hechos y con palabras la buena nueva de la Resurrección y consignan por escrito sus confesiones de fe junto a datos históricos que acontecen en sus pequeñas comunidades creyentes, nuevas, fraternas y eucarísticas.

Todo lo cual significa que la Resurrección es, antes que un cuerpo doctrinal fundamento de la religión cristiana, una experiencia de vida nueva, de vida transformada, de vida abundante y en contra de cualquier manifestación de mal, de pecado, de muerte. La Resurrección que celebramos es una convicción que sustenta y se manifiesta en un estilo de vida nuevo por el que los cristianos se comprometen y esperan en la construcción de un mundo mejor, vale decir, máas divino en lo profundamente humano.

Contra toda manifestación de mal, contra toda expresión inhumana y deshumanizadora, contra toda agresión a lo humano y a la humanidad, contra todo lo que afrenta a la imagen y semejanza de Dios en sus criaturas, cada cristiano y el cristianismo – por la Resurrección de Cristo – se levanta para protestar  y proponer la posibilidad de un mundo más equitativo, más justo, más solidario, más vivible, más fraterno, más humano.

Resurrección entonces es una confesión de fe, es una celebración, es la fiesta litúrgica, pero es - ante todo - el compromiso personal y eclesial de ser cotidianamente en y para el mundo, un espacio/tiempo de esperanza en medio de la desesperanza, un signo de alegría en medio de la tristeza, un espacio de misericordia en medio de tantas formas de egoísmo, división y violencia, una oportunidad para la paz en medio de la guerra, el dolor y la muerte. Esta es la tarea evangelizadora de la Iglesia, en esto reside la razón de ser y existir de la Comunidad Cristiana, esto constituye su identidad y su misión en el mundo.

Nunca más oportuna, nunca más conveniente pero nunca más comprometedora la celebración de la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo – y de nosotros con El y en El – en un mundo en crisis, en una sociedad urgida de hombres y estructuras nuevas, novedosas, transformadas. Nunca como hoy urge vivir y compartir todo lo que significa confesar que Cristo Vive!.

“Pascua” es palabra hebrea que significa “paso”: “paso” del mar rojo a la libertad, “paso” de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, de la vida sin Cristo a la vida en El, del odio al amor, de la indiferencia al compromiso solidario, de un mundo sin Dios a un mundo construido para la humanización que es divinización.

Que la celebración “pascual” de estos días signifique la renovación de nuestro principal compromiso cristiano de manera personal y eclesial: ser para un mundo en crisis signos de la vida nueva y abundante que Cristo nos ofrece. Felices Pascuas!


jueves, 17 de enero de 2013

¡Año nuevo, vida nueva!


Llega el 2013. Un año más en el conteo de la historia de la humanidad. Un año más de nuestras historias personales, familiares y sociales. Otro año más de vida y con él una nueva oportunidad para evaluar, replantear, proyectar, empezar de nuevo.

Son muchos los desafíos que nos interpelan y que reclaman lo mejor de cada ser humano y de la humanidad entera para encontrar soluciones, para hacer de este espacio tiempo “un cielo nuevo y una tierra nueva”.

Los conflictos bélicos, las guerras entre naciones y las guerrillas internas, la inequidad económica y las grandes brechas entre los pueblos y hombres que lo tienen todo y de sobra y las inmensas mayorías que no tienen nada, la injusticia social con mil causas y manifestaciones, la desigual oportunidad de acceso a los beneficios sociales, la discriminación en tantos aspectos de la vida social, las fronteras, los movimientos migratorios, la crisis económica global, la corrupción administrativa en los gobiernos y en las empresas públicas y privadas, tantas evasiones en la juventud (drogas, sexo, fama, etc.) el derroche y despilfarro de unos pocos como afrenta a la miseria de tantos, el consumismo y el materialismo que ahogan e impiden una visión trascendente de la vida, el sin-sentido de la sociedad hedonista y pansexualista, la pérdida de valor de la vida humana, la primacía del tener sobre el ser y de lo material sobre las personas, la primacía de la ética y de la técnica sobre la ética y la moral, la búsqueda del poder a toda costa para oprimir y aplastar antes que para servir, el privilegio de la producción y acumulación de riquezas y de capital antes que la búsqueda de una economía mundial solidaria, humana, justa, equitativa y fraterna, el permanente daño a la naturaleza y al planeta, etc… son problemas globales que nos retan, nos interpelan y piden de cada ser humano y de los que nos llamamos “cristianos” respuestas prontas, adecuadas y razonables.

Los cristianos tenemos razones de sobra para celebrar el comienzo de otro año como una oportunidad única para hacer del mundo y de nuestra coyuntura histórica el espacio-tiempo en el que acontezca el reinado de Dios.

Reinado de Dios que sucede cuando deponemos nuestros caprichos e intereses para anteponer la voluntad de Dios que – vivida y enseñada por Jesús – consiste en que nos “amemos los unos a los otros”. Reinado de Dios que es posible cuando nos reconocemos hermanos, hijos del mismo Padre.

El refranero popular dice que “año nuevo: vida nueva”. Esta debería ser nuestra divisa, nuestro propósito, el de todos: el de ir edificando vidas “nuevas”, relaciones interpersonales y  entre pueblos y naciones “nuevas”, para la construcción de “nuevas” instituciones en sociedades “nuevas”.

Que la felicitación con los mejores deseos que por estos días nos ofrecemos nos comprometa a la construcción de un año verdadera, profunda y radicalmente nuevo a nivel personal, familiar y social. FELIZ Y BENDECIDO AÑO NUEVO 2013!

jueves, 20 de diciembre de 2012

¡Feliz Navidad!


"si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón «ilustrada». Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad de Dios. Hemos de seguir el camino interior de san Francisco: el camino hacia esa extrema sencillez exterior e interior que hace al corazón capaz de ver." 
 -- Pope Benedict XVI, December 24, 2011
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 Le deseo una muy feliz Navidad y muchas bendiciones para el Nuevo Año.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Una gran alegría!



Navidad es el tiempo litúrgico con el que los cristianos celebramos, cada año, el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. El nacimiento del humilde hijo de carpintero (Mt 13,55) que partió la historia de la humanidad en dos: años y siglos antes y después de Cristo.

El relato del nacimiento en el evangelio de Lucas, como todo relato humano y – por tanto – como todo relato bíblico, está entretejido con datos históricos y confesiones de fe.

Respecto de los datos históricos, destaca en Lucas el interés por darle un marco espacio-temporal lo más exacto posible al nacimiento del “Salvador”. Así, nos cuenta Lucas, que:

  •  Salió un decreto del Emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero…primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria…”.(Lc 2,1-2)

Más datos históricos del simple pero contundente relato lucano sobre el nacimiento y la infancia de Jesús son sus referencias a:

·        “La ciudad de Nazaret, en Galilea” (Lc 2,4).
·        “Su esposa María, que estaba encinta”(Lc 2,5).
·        “En aquella región había pastores…”(Lc 2,8).

Pero toda la fuerza y la intencionalidad del relato están puestas en las confesiones de fe que la primitiva comunidad cristiana, seno del relato lucano, hace - “a la luz de la pascua” - sobre el niño al que ya confiesan Resucitado, sobre el infante al que ahora confiesan como Señor.

Sobresalen, en el relato lucano, las siguientes confesiones de fe:

·        “De la casa y familia de David” (Lc 2,4)
·        “La ciudad de David que se llama Belén, en Judea”(Lc 2,4)
·   “Un ángel del Señor se les presentó, la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: no temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor (Lc 2, 9-11)
·     “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”(Lc 2.14)

Después de veinte siglos, aunque las circunstancias sociales, históricas y culturales han cambiado podemos afirmar que nuestro credo es una fe y una religión histórica, con fundamento en hechos acaecidos de manera irrebatible y comprobable en el espacio-tiempo de la historia humana (D.V. 2).

Pero, especialmente, podemos decir que - después de veinte siglos, en el tiempo litúrgico de la navidad, los cristianos nos unimos a las mismísimas confesiones de fe hechas por los primeros cristianos en sus comunidades. También nosotros hoy, como cada día y en cada navidad, confesamos que en el niño “envuelto en pañales y recostado en una pesebrera” nos nació el Salvador, el Mesías, el Señor, “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6), el que llena de sentido la historia de nuestras vidas personal, familiar y socialmente.

Navidad entonces es un tiempo litúrgico con fundamento histórico pero – especialmente – un tiempo de celebración gozosa por la buena noticia y la gran alegría que el nacimiento del Hijo de Dios significó para los primeros cristianos que así lo confiesan en el hermoso relato lucano y para nosotros que así mismo lo confesamos en el aquí y ahora de nuestra historia.

Esta buena noticia, esta gran alegría justifica con creces todas las celebraciones alrededor de la navidad. Por ello: Feliz Navidad!

lunes, 19 de noviembre de 2012

Agradecer, esperar…


Una vez al año, los habitantes de esta gran Nación se sumergen en la fiesta que más convoca el espíritu estadounidense: la celebración del DIA DE ACCION DE GRACIAS y aunque con el correr del tiempo se ha ido paganizando y mundanizando de tal manera que los eventos celebrativos quedan desligados de la referencia al Trascendente, para los creyentes en Cristo toda ACCION DE GRACIAS nos remite al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo, pues nos reconocemos hijos e hijas muy amados del Padre compasivo y misericordioso, reconocemos que de Dios nos viene “todo don perfecto”(1 Cor 7,7) y que todo cuanto somos y tenemos lo hemos recibido “gratis” de Dios y hemos de darlo “gratis”(Mt 10,8). Por eso, el prefacio eucarístico reza: “Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, DARTE GRACIAS, siempre y en todo lugar, Señor…”.

Entonces, el DIA DE ACCION DE GRACIAS no es solamente la evocación histórica de un hecho acaecido entre nativos y colonizadores sino, sobre todo, la postura más sabia, más honesta, más propia y la única que le cabe a la creatura frente al Creador y al hijo frente al Padre: la de DAR GRACIAS.

Así, la gratitud del hombre frente a la gratuidad de los dones de Dios se convierte en una actitud permanente de vida, en un estilo de vida, en una manera de ser y estar en el mundo y no, meramente, en unos ritos anuales vacíos de contenido y de verdadera gratitud.

En el frenesí económico de nuestra sociedad, en el diario afán por acumular, por el poder, por el placer, por el tener, en medio de las grandes preocupaciones políticas y sociales que nos envuelven todos los días es maravilloso que una fecha anual nos recuerde lo necesitados que estamos de reconocer cuán amados somos, cuán afortunados somos, cuánto podemos agradecer y compartir.

En una sociedad hedonista y consumista, en una sociedad economicista de corte capitalista podemos, falsamente, creer que todo cuanto somos y tenemos lo logramos gracias al poder del dinero que nos da el trabajo. Pero la vida poco a poco nos descubre otra verdad: hay valores, verdades, bienes y bondades en el ser humano que no se compran y no se venden. Valores y verdades que se descubren en lo más hondo y propio de la esencia del ser humano que nos empujarán siempre a vivir agradecidos, como el don de la vida, de la libertad, de la belleza, de la solidaridad, etc.

De ahí que EL DIA DE ACCION DE GRACIAS es una celebración y un compromiso: pues poder agradecer nos exige a todos crear condiciones por las que todos, sin distinción, podamos vivir agradecidos. Es decir, ir construyendo una sociedad en equidad y justicia, en solidaridad y compasión, en verdad, libertad y paz.

Este año 2012 próximo a terminar hemos vivido experiencias dolorosas en nuestras historias personales, familiares, comunitarias, en nuestra vida como Nación y en el mundo entero (conflictos bélicos, fenómenos naturales con pérdidas de vidas, etc…) y sin embargo, los creyentes en Cristo creemos que, aún en las experiencias más conflictivas, dolorosas y de mayor sufrimiento, el hombre y la mujer pueden seguir agradeciendo porque podemos “seguir esperando cuando no hay esperanza” (Rom 4,18) y porque el cristiano entiende que es en el entramado de la historia (con experiencias de bien y de mal entrelazadas, entre luces y sombras) donde Dios se revela, con hechos y con palabras (DV 2).

Los invito, pues, a encontrar motivos para agradecer; a construir una sociedad en la que todos podamos seguir agradeciendo y esperando. FELIZ DIA DE ACCION DE GRACIAS!

martes, 9 de octubre de 2012

Un Año para la Fe


En el contexto del Sínodo de la Iglesia Católica sobre la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana, se inaugura “El Año de la Fe”.

La vida misma del hombre es un acontecimiento de fe. La existencia de cada ser humano transcurre como una sumatoria de actos cotidianos y permanentes de fe. Fe en la vida, en nosotros mismos, en todo lo que nos acontece y nos circunda. No podríamos vivir sin fe, sin fiarnos (de la comida que nos alimenta, de la silla que ocupamos, de la ducha que tomamos y del tráfico por entre el que transitamos, vivimos confiados el presente y esperamos confiados el mañana…). Vivir es confiar. Por lo que la experiencia de la fe religiosa tiene, primero que todo, una raigambre profundamente antropológica en la experiencia misma que tiene todo hombre y mujer en la tarea cotidiana de ser seres humanos.

La religión es, por antonomasia, una experiencia de fe, o en fe. En la experiencia religiosa el ser humano se fía y confía su vida (su ayer, su hoy, su mañana y su destino último y definitivo) en el poder del Trascendente. Los cristianos tenemos puesta toda nuestra confianza en el Dios revelado en Jesucristo: Padre, Hijo, Espíritu Santo.

Un “Año de la Fe” es una ocasión propicia para ahondar en lo que significa nuestra experiencia humana y religiosa: nuestra experiencia vital confiada – por Cristo, con El y en El – en el Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo. Un “Año de la Fe” es un tiempo providencial para reflexionar sobre la Fe en Cristo y sobre las implicaciones que la experiencia de confiar en Dios tiene en cada una de nuestras vidas, de nuestras familias, de nuestros trabajos y de los ambientes laborales, académicos, políticos y económicos en los que vivimos nuestra existencia.

La experiencia religiosa cristiana es, ante todo, eso: una experiencia, una práctica vital que coincide con la misma existencia humana y que involucra e implica todo el ser y el quehacer del ser humano. La fe de todo ser humano, como la del mismo Jesús de Nazaret, es una experiencia humana, vivida y probada en el transcurrir de cada día y de cada nueva y cambiante circunstancia, según la cual el hombre es capaz de poner toda su confianza y esperanza en el Dios de Jesucristo.

La fe no es entonces ni en primer lugar un cuerpo doctrinal (aunque lo supone y lo elabora) ni un concepto, ni la celebración de un rito. La fe cristiana es una experiencia de vida humana: una vida humana que confía en Dios como:

La fe de Abraham: Gn 22,1-19
La fe de Job: “Dios me lo dio, Dios me lo quitó” (Job 2,10)
La Fe de Jesús: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23,45).
La Fe de María: “Hágase en mí según tu palabra”(Lc 1,26-38)
La fe del leproso: “Si quieres, puedes limpiarme” (Mt 8,1-3)
La del centurión: “Una palabra tuya bastará para sanarme”(Mt 8,5-8).
La de Pablo: “Todo lo puedo en Aquel que me fortalece” (Filip 4,13). 

Y como la de tantos hombres y mujeres que en el evangelio y en la historia de la humanidad han puesto toda su confianza en Dios, han puesto su vida en manos del poder y de la misericordia de Dios, nuestro Padre, por Cristo, en el Espíritu.

Así entendida, la Fe cristiana no es un acto conceptual o teórico, ni es un consentimiento conceptual y racional. La fe cristiana tampoco es una práctica aparte, separada, divorciada, distante o al margen de la vida cotidiana. Por el contrario la fe cristiana otorga al hombre y a la mujer cristianos una mirada especial a las circunstancias cotidianas en las que se desenvuelve la vida de todo ser humano.

La distinción y divorcio que hemos hecho entre la experiencia religiosa de fe y nuestro diario vivir produce diariamente contradicciones tales como ésta: sociedades mayoritariamente cristianas poseen, en el concierto mundial, los más elevados índices de inequidad, de injusticia, de violencia, de muerte…   Es decir, sociedades en las que la Fe cristiana no tiene nada que decir a la vida cotidiana del hombre-en-sociedad, en las que la fe religiosa cristiana no ilumina las realidades temporales y mundanas y en las que, por el contrario, la fe parece estorbar las diarias aspiraciones y conquistas humanas.

Para que la fe religiosa cristiana sea más razonada, mejor celebrada, más compartida, mejor predicada pero, sobre todo más y mejor vivida: Bienvenido “el Año de la Fe” cristiana!