martes, 21 de marzo de 2017

La Biblia en Estados Unidos: varias razones de esperanza
y un motivo de preocupación

Recientemente, el papa Francisco sugirió, tanto figurativa como literalmente, que las personas llevan ahora un ejemplar de la Biblia consigo y consultan sus páginas con la misma facilidad con que usan sus celulares para entretenerse, informarse o mantenerse en contacto con sus amigos y familiares.

En efecto, hay muchas aplicaciones de la Biblia o aparatos móviles que hacen de esa práctica una realidad al alcance de la mano de casi todos, salvo acaso de las personas de edad muy avanzada. Esas herramientas son muy valiosas, especialmente en el propósito de contactar a los millennials  y los adolescentes.  Al mismo tiempo, el Pontífice puso el dedo en la llaga de lo que es, o debería ser, motivo de preocupación para las iglesias cristianas de todas las denominaciones: en todo Occidente y en todos los grupos generacionales, está en franco retroceso el compromiso y el aprecio de la Biblia como objeto encarnado de la Palabra de Dios. 


Esto es verdad particularmente entre quienes rara vez asisten a los servicios litúrgicos y entre quienes han dejado de ir a la iglesia de plano. Es el caso, desde luego, de quienes —sin importar la edad— conciben a las Sagradas Escrituras como una creación netamente humana y, peor aún, como una fuente de opresión bajo la forma, por ejemplo, de homofobia o de otras formas supuestamente contrarias a la libertad humana.

El Grupo Barna, en colaboración con la Sociedad Bíblica de Estados Unidos (ABS, por sus siglas en inglés) hizo una extraordinaria aportación en este sentido con la publicación de La Biblia en Estados Unidos: el fluctuante panorama de las percepciones y el compromiso bíblicos. Este libro recopila los resultados de 14,000 entrevistas realizadas a adultos y adolescentes estadounidenses en los últimos seis años. La segmentación demográfica del estudio fue realmente extensiva, pues abarcó desde adolescentes hasta baby-boomers y ancianos; y se registraron allí las opiniones de creyentes y no creyentes, de feligreses y vecinos ajenos a las iglesias, y entre los encuestados hubo adeptos a la tradición católica pero también a las iglesias protestantes, tanto principales como adyacentes.

Los hallazgos derivados de este sondeo son altamente representativos del gran número de actitudes y perspectivas que existen en torno a la Biblia y a su papel en la vida privada y comunitaria. Por lo mismo, deben ser una poderosa herramienta para los jerarcas de la Iglesia estadounidense en la asignatura inaplazable de evitar un definitivo y alarmante declive del compromiso bíblico en Estados Unidos.

Seamos claros: el amor y la consulta de la Biblia se han mantenido inalterados entre los feligreses y los creyentes devotos. De hecho, la Biblia está ahora aún más enraizada en las vidas de innumerables personas, gracias en parte al resurgimiento entre católicos y protestantes de la ancestral práctica de Lectio Divina: un método de lectura de las Sagradas Escrituras que, en última instancia, abre las puertas a la oración contemplativa y al misticismo.

Vaya desde aquí mi mayor reconocimiento y más profunda gratitud a la ABS por haberme concedido la oportunidad de producir una serie de manuales de Lectio Divina, en varios idiomas, durante los años extremadamente provechosos en que estuve al frente del Departamento de Ministerios Católicos de esa organización.  Aunque sigue estando a la zaga de los protestantes en cuanto a compromiso bíblico se refiere, la Iglesia católica ha avanzado significativamente en este sentido desde el Concilio Vaticano II.

Aun así, la investigación de Barna tiene un grave tono de advertencia: en 2016, el número de «escépticos bíblicos» creció a 22 por ciento, mientras que el porcentaje de «adeptos bíblicos» se ubicó en 17 por ciento. Apenas en 2001, sólo 1 de cada 10 estadounidenses era escéptico de la Biblia, y 45 por ciento confirmó que «Dios les hablaba regularmente a través de la Biblia». Esto significa un cambio dramático, apenas matizado por el dato de que, en 2015, el 61 por ciento de los encuestados indicó que «les gustaría leer más la Biblia»; asimismo, en 2016, el 53 por ciento creía que los políticos harían mejor su trabajo «si leyeran la Biblia más a menudo».

No bien así, la investigación de Barda revela que en Estados Unidos existe un evidente declive de personas comprometidas con la Biblia, fenómeno que es aparentemente más dramático entre los jóvenes, los millennials y los adolescentes, especialmente entre quienes no son feligreses. En su prólogo de este libro, Jason Malec, director administrativo de la Misión de la ABS en Estados Unidos, no se anda por las ramas. Luego de confirmar que la Biblia «ha tenido un impacto más profundo en nuestra cultura como ningún otro libro», advierte que «si prosigue la actual tendencia, la Biblia perderá ciertamente su lugar como principal factor definitorio de nuestra cultura».

El presidente de Grupo Barna, David Kinnamon, diagnostica las causas principales del declive de la Biblia como fuente de consulta y de la caída de los asistentes a los cursos bíblicos: hay un creciente escepticismo sobre «los orígenes, la relevancia y la autoridad de las Sagradas Escrituras»; asimismo, y de acuerdo con lo que él mismo llama «un nuevo código moral», más y más personas (incluso cristianos) «asumen la auto realización como el bien supremo». Esta orientación hace que la cultura sea más resistente a la fe basada en la Biblia y la cual sostiene que es «el orden moral de Dios el que conduce al florecimiento humano y social», y no la búsqueda obstinada y consumista de la auto determinación y la auto superación.

En el lado positivo, Kinnamon indica que el «acceso digital» es una bendición en la forma de «nuevas herramientas y tecnologías que están haciendo a la Biblia… más accesible que nunca». Desde luego, si este acceso no se hace acompañar por una educación y una guía adecuadas, es imposible garantizar una fe más profunda y un mayor compromiso bíblico. 

«Si estas tendencias prosiguen su actual curso», advierte el reporte, «continuará a la baja el número de personas (especialmente jóvenes) que vean a la Biblia como un libro sagrado» y como la fuente de la más profunda sabiduría sobre la vida y la verdadera naturaleza de la realidad. El núcleo del problema es que «de manera creciente, los estadounidenses rechazan fuentes ajenas de autoridad moral, tanto espiritual como cívica». Aun así, «2 de cada 32 millennials y 7 de cada 10 adolescentes mantienen una perspectiva ortodoxa de la Biblia», revela el reporte. Sin embargo, la falta de tiempo impide que un tercio de los millennials creyentes lean la Biblia.

El estudio presenta un panorama de grandes contrastes. Una y otra vez, los hallazgos críticos se compensan con señales esperanzadoras. Por ejemplo, 68 por ciento de los adultos estadounidenses —lectores habituales de la Biblia o no — están «totalmente o medianamente de acuerdo»  con que las Sagradas Escritura son una «guía integral para lograr una vida con significado». Curiosamente, esta convicción es mayor entre los afroamericanos y las mujeres y —tal como era de esperarse— más fuerte en el sur del país que en las costas este y oeste.

A pesar de sus hallazgos contradictorios, el reporte señala que «muchos estadounidenses parecen experimentar muy poca disonancia cognoscitiva entre su adopción de un nuevo código moral [la búsqueda de la auto realización] y su opinión de la Biblia como una guía para la vida». Alguien podría argumentar, desde luego, que la comprensión real de las Sagradas Escrituras de estos encuestados en particular es —más allá de un vago y general sentido de apreciación de la Biblia como un patrimonio de la civilización judeocristiana que debe valorarse y respetarse— más bien superficial. 

¿Qué puede incentivar a alguien, de cualquier edad, para que asuma un mayor compromiso con la Biblia? La respuesta número uno es llegar a la comprensión de que leer y estudiar la Biblia es «una parte importante de mi viaje en la fe»; una «difícil experiencia en mi vida» es la segunda motivación más importante, seguida de un evento «significativo» de la vida, como el matrimonio o el nacimiento de un hijo.

Para los ministros, pastores y catequistas laicos, estos momentos tan aleccionadores deben aprovecharse de modo proactivo; son ventanas de oportunidad para demostrar el poder de las Sagradas Escrituras y hay que hacerlo de prisa porque suelen cerrarse de nuevo en un tris. Los jerarcas de la Iglesia deben estar más atentos que nunca antes. Sobre todo, como escribe el presidente de la ABS, Roy Peterson, los pastores del rebaño «deben comprometerse activamente» con la Biblia ellos mismos, «creando oportunidades diarias que les permitan ser moldeados y guiados por la palabra de vida de Dios». Sólo entonces «se convertirán en testigos del poder de Cristo para transformar el corazón humano». Mientras tanto, el Grupo Barda y la ABS les han dado a los jerarcas de la Iglesia un formidable arsenal de investigación que debe procesarse todavía. 

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lunes, 20 de marzo de 2017

No tengan miedo. (Jn 16:33)


1.-El ser humano: un buscador de felicidad…

Son muchos los conceptos con los que filosóficamente pretendemos definir y abarcar la totalidad del ser humano. Uno de ellos lo describe como un incesante, permanente, eterno buscador de la felicidad. Porque en la minucia cotidiana de todo lo que hacemos y experimentamos queremos ser felices. Todo lo que vivimos, entonces, está condicionado, tiene sentido, valor y verdad, tanto en cuanto, nos haga felices.

2.- La experiencia religiosa cristiana es, entonces, para la felicidad del ser humano…

Especialmente, la experiencia religiosa, como modeladora de la misión, la visión y los valores en la vida del ser humano y de las instituciones sociales tiene un papel importante en esta búsqueda de felicidad. Las distintas experiencias e instituciones religiosas han de ayudar para que el seguidor y creyente sea feliz. La experiencia religiosa cristiana, por tanto, ha de ayudarnos, a los creyentes en Cristo a ser felices. Esto, para que la vida y misión de Cristo tenga, entonces, validez para sus discípulos.

La tarea evangelizadora de veinte siglos de la Iglesia en el mundo no ha logrado mostrar y establecer la sinonimia y coincidencia entre la salvación y la felicidad, entre la vida eterna y la felicidad, entre la vida plena y abundante que Cristo nos trae y la felicidad que todo hombre y mujer busca mientras vive.

Lo cual explica las incoherencias, hipocresías y el permanente divorcio entre nuestra fe y nuestra vida cotidiana. Pues, por un lado y al margen de nuestras historias personales, familiares y sociales, vamos buscando la salvación que la fe religiosa cristiana nos ofrece y, por otros lados, lejos y casi siempre en contraposición con nuestra experiencia religiosa, vamos buscando la felicidad.

Tal divorcio, tales incoherencias e hipocresías desaparecen de la vida de los discípulos de Cristo cuando descubrimos que la salud, salvación y vida eterna ofrecida por Dios en su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, coinciden fundamentalmente con el anhelo incesante de la felicidad que experimenta todo ser humano. Que, como bellamente quedó expresado en el Concilio Vaticano II, “el misterio del ser humano se resuelve y esclarece en el Misterio de Jesucristo” (GS 22); que nuestra vida se ilumina y se interpreta desde y en la vida de Cristo; que nuestra búsqueda de felicidad y de humanización encuentra en Cristo y en su evangelio “el Camino, la Verdad y la Vida”, que nos hace felices, es decir, que nos salva; que nuestras opciones, trabajos, amores, sacrificios, renuncias, crisis y logros, se  entienden y adquieren sentido desde la vida, las opciones, la pasión, la cruz, muerte y resurrección del mismo Cristo.

Así, se entiende la hermosa y acertada definición que de esta humana e incesante búsqueda de felicidad dio San Agustín; “Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón anda inquieto hasta que repose en Ti”

3.- La búsqueda de felicidad y la experiencia religiosa se viven en un contexto…
Pero la búsqueda de la felicidad y la experiencia religiosa cristiana, como toda experiencia religiosa se viven en un tiempo y en un espacio, no en una burbuja; vale decir: en contexto histórico, social y cultural. La búsqueda de felicidad la vive cada persona en el aquí y ahora de sus personales, familiares y sociales condicionamientos y circunstancias histórico-sociales. Contexto histórico-social que es distinto y cambiante en la historia de cada ser humano y de la humanidad entera y que, produce e introduce, por tanto, matices, interpretaciones, cambios, variaciones, en la noción de felicidad.

4.- Nuestro actual contexto histórico-social: transición de la modernidad a la posmodernidad…

A quienes aquí nos encontramos, a los habitantes todos del planeta tierra de este tiempo nos correspondió vivir en un contexto que llamamos: de transición de la modernidad a la posmodernidad,  Es un contexto y un momento histórico con unas globalizadas características que nos hace ser como somos, pensar como pensamos y actuar como actuamos hoy, a diferencia de como vivieron, sintieron, pensaron, actuaron y esperaron nuestros antepasados.

Sucintamente podemos decir que el hombre de hoy busca la felicidad mediante el ejercicio de un poder que atropella, aplasta y oprime. Que hoy confundimos la felicidad con la búsqueda del placer de los sentidos como principio y fin absoluto y sin importar los medios para alcanzarlo y que este poder y placer se logran mediante el tener entendido como acumulación de posesiones materiales, de bienes, de riquezas, en un entramado de relaciones interpersonales, sociales y regionales en las que más poder tiene y más placer logra quien más dinero maneja, acumula y ostenta. Todo esto, en total y absoluta contraposición con los principios y valores que emanan de la vida y ministerio de Jesús de Nazaret quien enseñándonos que somos hermanos, hijos del mismo Padre, entiende el poder como servicio, el placer en la entrega generosa de la propia existencia al servicio de los hermanos más desvalidos y necesitados del testimonio del amor de Dios y el tener como una capacidad y posibilidad para compartir compasiva, misericordiosa y solidariamente.

Contexto histórico-social, además, caracterizado y vivido en medio de conflictos y crisis de tipo:

  • Personal (especialmente, la pérdida de verdades absolutas  y con ello, el sin-sentido de la vida),
  • Familiar (especialmente, divorcios, rupturas y nuevos modelos familiares)
  • Social (problemáticas políticas y laborales, de salud, de educación y vivienda, de injusticia e inequidad, de corrupción administrativa en los gobiernos y mil formas de violencia, de ineficiencia en los servicios públicos, etc.)
  • Regional, nacional e internacional (choques entre distintos modelos políticos, ideológicos, gubernamentales y económicos; conflictos violentos internos y confrontaciones bélicas entre naciones, conflictos migratorios, desplazamientos, hambrunas, etc.)
  • Naturales (terremotos, huracanes, inundaciones, tsunamis, etc.)


Todas estas circunstancias de nuestro actual contexto histórico-social que empujan a que nuestro credo, nuestra fe, nuestra esperanza, nuestra experiencia religiosa cristiana empiece a ser vivida menos por tradición y más por convicción; menos como un conjunto de ritos y manifestaciones externas divorciadas de nuestra realidad cotidiana y más como un estilo de vida – según el evangelio de Jesucristo - que impregne nuestras vidas personales y familiares y nuestras relaciones e instituciones sociales, políticas,  culturales, económicas, naciones e internacionales.

Nuestro contexto histórico-social nos empuja y condiciona, aquí y ahora, para que nuestra búsqueda de felicidad-salvación mediante nuestra experiencia religiosa cristiana sea “como quien va a construir una torre o como quien va a dar una batalla…” (Lc 14, 28ss). Es decir, una experiencia religiosa cristiana razonada y razonable, libre, informada e inteligente que nos permita “estar siempre preparados para dar respuestas razonables a todo aquel que nos pida razón de nuestra esperanza” (1 Pe 3,15). Experiencia cristiana que llegue a ser en nosotros una opción fundamental de vida por la persona, la vida y el evangelio de Jesucristo, hasta poder gritar como Pablo de Tarso. “Ya no vivo yo es Cristo quien vive en mi” (Gál 2,20).

5.-La felicidad-salvación cristiana…

A lo largo de estas reflexiones he ido asomando en nqué consiste la noción de felicidad para los discípulos de Cristo: vivir su misma vida, vivir cotidianamente lo vivido y enseñado por Jesús de Nazaret. Vivir cada instante de nuestras vidas como hijos de Dios y hermanos de todos para, de esta manera, establecer relaciones personales, familiares y sociales que posibiliten y construyan “felicidad-vida abundante” (Jn 10,10) para todos…

6.- Una invitación: vivir la experiencia cristiana sin miedo, sin temores…

El contexto histórico social antes descrito en el que peregrinamos y vivimos nuestra fe y nuestra esperanza cristiana es, por conflictivo y anti-evangélico, retador. Porque “la mies es abundante y los obreros pocos…”(Lc 10,2).

¿Qué hacer cómo cristianos en el mundo de hoy y ante el panorama tan brevemente aquí descrito?. Desalentarnos, desanimarnos?

Urge hoy, escuchar, otra vez, la voz de Pablo que nos anima diciéndonos: “Estamos perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos…”( 2 Cor 4,9), porque nos fortalece nuestra certeza de felicidad-salvación en Cristo que nos dice: “No tengáis miedo, Yo he vencido al mundo” (Jn 16,33)

Los invito a retomar nuestra primera vocación cristiana. La de ser luz en medio de las tinieblas y sal (Mt 5,13) en medio de las actuales circunstancias insípidas por inhumanas.


Les renuevo la invitación tan recientemente hecha a todos los discípulos de Cristo de este tiempo por el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica “Evangelli Gaudium”: vivir novedosamente felices, con gozo y alegría la experiencia cristiana. Ser testigos de la felicidad- salvación que nos da Cristo en la cotidianidad de nuestras vidas personales, profesionales, familiares y sociales. Vivir sin miedo nuestro compromiso bautismal. Vivir con la alegre confianza de los hijos de Dios y, en consecuencia, ser capaces de establecer relaciones de compasión y misericordia – como Dios nos ama – con todos los hombres y mujeres próximos al entorno de nuestras vidas. Vivir como misioneros de la alegre esperanza y de las buenas noticias del evangelio en el mundo de hoy, como testigos cotidianos de la felicidad/salvación que encontramos en el acontecimiento cristiano. Como hombres y mujeres felices y transformados en Cristo, con una mirada que – desde y por el evangelio - nos permite ver todo con la alegre confianza y esperanza de los que saben que “el novio está siempre con ellos” (Mt 9,15),  “todos los días, hasta el fin de los tiempos”.(Mt 28,20).


jueves, 16 de marzo de 2017

Francisco: Cuatro Estrellas en el Alma


El pasado 13 de marzo se inaugura el quinto año del Pontificado del Papa Francisco. Desde el 13 de marzo de 2013 hasta hoy han transcurrido cuatro años de un Pontificado corto pero denso, novedoso, fructífero, renovador, transformador.

¿Y cómo resumir la personalidad y el Pontificado de Francisco?. ¿Qué decir del Primer Papa Latinoamericano en la milenaria Historia de la Iglesia Católica?

Tendríamos que empezar por decir que es un ser humano, muy humano, profundamente HUMANO. Con toda la carga semántica que decir “humano” y “humanidad” contiene, encierra y significa. Es decir, un ser humano que por lo profundamente humano revela, al tiempo, profunda divinidad; revela la imagen y semejanza de Dios, impronta de nuestra creaturalidad. 

Son muchos los gestos y palabras profundamente humanas que brotan de la vida y obra de Francisco. Palabras y obras con las cuales ha estado siendo un vehículo de la divinidad en su humanidad y para toda la humanidad. En Francisco tenemos a un Obispo de Roma y, por ello, Cabeza de la Iglesia que es, ante todo y sobre todo, un hombre “humano”. Tan humano como Aquel de Asís al que nos remite su nombre de Pontífice.

Su profunda experiencia humana y de humanidad lo lleva – como Jesús – a acercarse a los débiles, a los más necesitados; a ocuparse de las causas de los marginados del mundo y alzar su voz en favor de la paz por la justicia, de la paz por la solidaridad y el respeto fraterno y misericordioso por todos, especialmente por los empobrecidos y despreciados de la tierra.

Esta profunda humanidad revela el “estilo” de Francisco y, como el filósofo Protágoras podemos decir de Francisco que “el estilo es el hombre” y su estilo, la medida de todas las cosas, la medida, carácter y sello de todo su ser y actuar, de todo su Pontificado.

Pero Francisco es un hombre CRISTIANO. Es un convencido de las causas del Evangelio de Jesucristo, que brotan del reconocimiento de Dios como Padre en el que todos quedamos hermanados, con un amor fraterno, misericordioso y universal, a la manera como el Padre bueno del cielo nos ama. La autenticidad de su vida cristiana no es un  añadido a su persona. Por el contrario, el Evangelio es la esencia de su ser y se revela en todo su humano proceder.

Humanidad y vida cristiana no son en la vida y tarea misionera de Francisco una yuxtaposición incoherente, farisaica e hipócrita. No. Francisco es un ser humano animado por el evangelio de Cristo, un cristiano en su profunda humanidad.

Francisco, es un hombre, cristiano que ha entregado su vida al MINISTERIO SACERDOTAL Y PASTORAL, primero como sacerdote jesuita, después como Obispo en Argentina y ahora como sucesor de Pedro en la Iglesia Católica.

Y todo su proceder ministerial, sacerdotal, pastoral, ha sido un espacio en el que ha quedado manifiesta su vida profundamente humana y, por ello, verdaderamente cristiana.

En nuestro momento histórico, el estilo de Francisco resulta novedoso, contradictorio y chocante. Porque siempre resulta novedoso el Evangelio; porque la vida del evangelio en el mundo engendra contradicción y porque la lógica del evangelio choca con la lógica del mundo.

La novedad/ruptura del Pontificado de Francisco - aquí y ahora - se explica por lo evangélico que va resultando su Pontificado, por el apego honesto de su ministerio papal a la lógica del evangelio en contra de la lógica del mundo.

Esta autenticidad evangélica ha ido convirtiendo rápidamente a Francisco en un referente espiritual y moral para toda la humanidad. Lo cual ha quedado de manifiesto en toda su vasta obra en tan sólo cuatro años de Pontificado y, por ello, el interés que Francisco despierta en todo el mundo, en distintas sociedades y grupos sociales, en los Medios de Comunicación, durante sus viajes, en sus intervenciones en las redes sociales y en cada aparición pública que realiza.

Francisco nos ha recordado que el Evangelio de Jesús de Nazaret sigue vigente y – sin haber participado como padre conciliar – Francisco nos ha recordado que el Concilio Vaticano II – como el Evangelio – están por estrenarse, especialmente en esta coyuntura de transición de la Modernidad a la Posmodernidad tan necesitada del proceder humano y misericordioso de Jesús, de la lógica del Evangelio y del anuncio del Evangelio de una manera  genuina, llana, simple, sencilla, directa, sin ambages ni circunloquios, como en su tiempo lo hizo y enseño Jesús.

Evidentemente, y como dije anteriormente, el estilo de Francisco es un estilo chocante. El estilo de su Pontificado levanta ampollas porque sala, purifica, renueva, enciende y quema, no se casa con el statu quo ni con una tradición milenaria inamovible, anquilosada, petrificada y – como el mismo lo ha denunciado – corrupta por lo necesitada de movimiento, luz, claridad y renovación en el Evangelio de Cristo.

El gran filósofo Danés, Soren Kierkegaard, en su ya famosísima parábola, cuenta la imposibilidad de un payaso para convencer a los habitantes de un pueblo cercano de un incendio en su circo. Los coterráneos pensaron que se trataba de una broma más para atraerlos a las funciones del circo debido a sus modales y vestimenta de payaso y el circo se quemó.

Hoy, todos están de acuerdo en que, con el estilo de su tarea evangelizadora, Francisco superó el problema planteado por Kierkegaard: porque Francisco llega y convence. Su tarea es creíble porque es coherente. Francisco ha mostrado que es posible romper los vetustos, obsoletos y anticuados moldes en los que se ha transmitido el Evangelio para acercarse – con “olor a oveja” -  a los hombres de nuestro tiempo, especialmente a los de las “periferias” geográficas, sociales, institucionales, ideológicas, etc. Con Francisco queda patente que el vino nuevo requiere de nuevos cueros, de nueva mentalidad y de mentes y corazones sinceramente abiertos y dispuestos a la siempre nueva luz del Evangelio de Jesucristo, que todo lo renueva, que todo lo cambia, que todo lo transforma.

La densidad de este Pontificado, su extraordinaria riqueza se pone de manifiesto en lo basta de la obra de Francisco en tan corto tiempo. Que baste enumerar aquí sólo unos hitos de su ministerio petrino:

  • Una Encíclica: Lumen Fidei (sobre la fe)
  • Una Carta Encíclica; Laudato Si sobre el cuidado del medio ambiente. 
  • Una Bula: Misericordiae Vultus para convocar al Año Santo de la Misericordia
  • Una Carta apostólica para el Año de dicado a la Vida Consagarada
  • Dos Exhortaciones Apostólicas: Evangelii Gaudium sobre el gozo de anunciar el evangelio y Amoris Laetitia sobre el amor en la Familia.
  • La conformación de un Consejo de Cardenales para la reforma de la Curia Romana
  • Un Sínodo extraordinario sobre la familia
  • Viajes apostólicos innumerables seguidos por multitudes.
  • Un Motu proprio "Sobre la competencia de las autoridades judiciales de la Ciudad del Vaticano en materia penal", publicado el 11 de julio de 2013.
  • Un Motu proprio "Sobre la prevención y el contraste de las actividades de blanqueo, la financiación del terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva", publicado el 8 de agosto de 2013.
  • Tres Consistorios.
  • Canonizaciones
  • La Constitución apostólica Vultum Dei Quaerere (La búsqueda del rostro de Dios) sobre la vida contemplativa femenina).
  • Etc.

Hoy, damos gracias a Dios por darnos a Francisco como Papa en este tiempo y sus circunstancias. Al iniciar su quinto año de Pontificado se alegran nuestros corazones y las campanas de la Iglesia Católica. ¿Y por qué se alegran nuestros corazones y por qué repican las campanas? Respondamos con el poeta: “Por un hombre que es herrero, es soldado y es poeta. Por un hombre que lleva tres estrellas en el alma: el trabajo, la energía y el ensueño. El trabajo que da fuerzas, la energía que da audacias y el ensueño que da glorias”.

Damos gracias a Dios por darnos en Francisco un renovado modelo de humanidad en la vida cristiana. Nos alegramos porque en Francisco aparece, para nuestro tiempo, un modelo de divinidad en la humanidad. Nos congratulamos porque Francisco nos muestra – de manera sencilla – que la vida de Cristo en nosotros es posible y no sólo posible sino un reto que a todos interpela, convoca y desafía. Francisco nos recuerda a diario el valor del evangelio, lo valioso de la vida cristiana y la importancia de “volver siempre a las fuentes” para iluminar nuestras vidas y la vida del mundo con los valores del Evangelio.

Francisco ha vuelto a hacer creíble el Evangelio en la vida de un hombre para todos los hombres. Con su modo de ser y de actuar, con su ministerio petrino, el argentino Jorge Mario Bergoglio, como Papa Francisco, se ha ido convirtiendo, en estos cuatro años de Pontificado y como dijera el gran dramaturgo Bertolt Brecht, en uno de esos “indispensables”, para toda la humanidad. En uno de esos hombres que validan y hacen creíble y amable hacer parte de la raza humana, del cristianismo y de la Iglesia Católica.

¡AD MULTOS ANNOS!

jueves, 16 de febrero de 2017

Prelado chileno facilita que personas con síndrome de Down sean productivas



EL PROYECTO comenzó hace dos años y ahora  crece como la espuma: Lavandería Industrial 21, una empresa de lavandería comercial operada por docenas de jóvenes con síndrome de Down. Localizado en Concepción, este inédito proyecto —el primero de su tipo en Latinoamérica— es una iniciativa del arzobispo Fernando Chomali, quien está al frente de la segunda diócesis más grande de Chile, precisamente en Concepción, en la parte central de ese país.

El arzobispo se inspiró en un proyecto similar impulsado en Chicago. Al día de hoy, docenas de jóvenes cuyas expectativas laborales eran nulas o muy limitadas han transformado sus vidas gracias a la oportunidad que Lavandería Industrial 21 les concedió para participar activamente en la fuerza laboral.  Sus clientes —hoteles, hospitales y restaurantes— están muy complacidos con su trabajo, el cual realizan con el auxilio de un moderno equipo de primera categoría.

Para la Iglesia chilena, Lavandería Industrial 21 es una prueba de la dimensión ennoblecedora del trabajo, de la dignidad del empleo productivo, todo lo cual concuerda con el núcleo de las enseñanzas sociales del catolicismo. Asimismo, este peculiar proyecto de creación de empleos en el sector de los servicios, desarrollado en colaboración con la Universidad Católica local, es un caso insólito en el que la Iglesia toma la iniciativa para fundar una compañía que atienda las necesidades laborales de los miembros más relegados y a menudo aislados de la sociedad. Lavandería Industrial 21 ha creado un molde que puede aplicarse de inmediato en cualquier otro lugar de Chile e, incluso, en todo el continente.

Para estos flamantes trabajadores —entre los que se hallan también jóvenes con autismo severo— el programa es una enorme oportunidad. El ambiente laboral crea un fuerte sentido de pertenencia, al tiempo que los mecanismos y la logística laborales los ponen en contacto de manera sistemática con personas de diversos sectores de la sociedad, quienes de otra manera no se preocuparían demasiado por las personas con síndrome de Down, y mucho menos interactuarían con ellos como trabajadores productivos que efectúan un servicio básico para los negocios locales.

El proceso es simple: un camión transporta hasta el establecimiento las toallas, los manteles y demás artículos que deben lavarse; los trabajadores los seleccionan con base en su color y textura, colocan el detergente en unas enormes lavadoras industriales, e inician el ciclo de lavado. Posteriormente, planchan y doblan con precisión los artículos recién lavados y los empacan para enviárselos de vuelta a los clientes.

En un entorno donde el sector de los servicios crece a pasos agigantados en todo el continente —y aun en el mundo entero—, al tiempo que las empresas más antiguas se transforman o están en franca decadencia, hay muchas oportunidades para el tipo de trabajo básico que el arzobispo Chomali ha impulsado para facilitar la contratación de estos jóvenes trabajadores tan severamente desfavorecidos y discriminados.

El servicio de calidad y la operación auto sustentable de Lavandería Industrial 21 generan ingresos que hacen viable la operación general de la empresa, permitiéndole hacer frente al pago de salarios o estipendios y a la inversión en equipo nuevo. Más que los dólares y centavos, lo relevante es el capital humano que se crea, impulsa y festeja productivamente.

Los jóvenes con síndrome de Down sufren demasiado a causa de las oportunidades que se les niegan para participar activamente en la sociedad. Sus dones particulares son el amor por el prójimo y el amor por la vida, mismos que anhelan poder expresar. Tener un empleo regular, convivir con colegas y sentirse productivos tienen un efecto transformador en sus vidas. Uno de estos trabajadores, Jesús Hermosilla, expresó esto de manera sencilla: «Me siento feliz de poder desarrollarme y de ayudar a mi familia, y de no sentirme más una carga para mis padres». Para la mayoría de ellos, es una gran alegría tener una razón para salir a diario de casa ¡con un propósito! La alegría de su compañerismo es tan evidente como contagiosa.

El arzobispo Chomali describió esta empresa como una oportunidad «para los jóvenes con limitaciones para trabajar y desarrollar sus aptitudes». El prelado añadió: «Nada es imposible: estos jóvenes pueden trabajar o proseguir sus estudios porque merecen que sus sueños se hagan realidad».

Pero el negocio de las lavanderías puede servir como trampolín para alcanzar nuevas y mejores oportunidades. El verano pasado, por ejemplo, el Arzobispo promovió a dos jóvenes —Patricio Cartes y María Soledad—, quienes habían trabajado dos años en Lavandería Industrial 21, para que se sumaran como trabajadores asalariados al área administrativa de la Arquidiócesis. Entre sus obligaciones están: acompañar a los visitantes a las oficinas diocesanas, entregar la correspondencia en distintas oficinas y, en especial, servir como personal de apoyo en el departamento contable. Patricio comentó que conoció a sus mejores amigos en Lavandería Industrial 21, donde lo que más le gustaba era «lavar y planchar».

La gerente de Lavandería Industrial 21, Pamela Cánovas, aseguró que ambos jóvenes «habían demostrado estar ampliamente capacitados para trabajar en la arquidiócesis». Y añadió: «Esperamos que en el futuro más jóvenes con síndrome de Down puedan involucrarse laboralmente, no sólo en la Iglesia, sino también en compañías privadas y en el sector público».

La inclusión de personas con limitaciones mentales o motrices en los flujos de trabajo y en la sociedad no es sólo una «idea agradable», dijo el arzobispo Chomali: «Lavandería Industrial 21 ha demostrado que esto puede ser una realidad; estos jóvenes han demostrado que pueden asumir responsabilidades laborales e integrarse a un centro laboral, con todo lo que ello implica, como apegarse a un horario y ganarse con esfuerzo su remuneración». 

En la arquidiócesis de Concepción, Chile, la Iglesia está abriendo un sendero completamente nuevo: ayudar a los jóvenes con síndrome de Down a satisfacer sus necesidades personales y profesionales por medios que no hace mucho parecían poco menos que impensables. 




viernes, 30 de diciembre de 2016

2017: pero que sea “nuevo”

Un año “nuevo”, “nuevo” comienzo. Nos alivia y refresca a todo el comienzo de un nuevo año. Un año nuevo significa tener la posibilidad de olvidar y recomenzar, de borrar y renovar, de olvidar, perdonar y reencontrar el camino... El comienzo de un nuevo año nos sitúa en una coyuntura en la que aprendemos del pasado y proyectamos un mejor futuro.

Pero las ilusiones que nuestras promesas por un mejor porvenir encierran, no nos impiden desconocer la realidad presente marcada por una profunda crisis puesta de manifiesto en los más variados conflictos de índole personal, familiar, laboral, económico, político, social, cultural, religioso, etc.…

La vida de muchos hombres y mujeres sin sentido ni dirección que se refleja en más altos índices de suicidio, consumo de drogas, alcoholismo…, familias destrozadas por las más variadas circunstancias, profunda crisis económica de la que nadie pareciera ser responsable y con la que resultan más afectados los más pobres de entre los pobres, frentes de guerra en distintas naciones, pésimas relaciones con el resto del mundo, una convivencia conflictiva entre los distintos grupos que conforman la sociedad norteamericana, etc.…. pone a esta Nación ante la necesidad de que el año nuevo sea verdaderamente nuevo y novedoso.

Para presidir la novedad que urge en los Estados Unidos - ante los fracasos presentes y del pasado próximo - fue elegido como Presidente del Gobierno de esta gran Nación el Sr. Donald Trump.

Ya es de por sí una novedad en la historia de esta Nación la elección del primer presidente que nunca ha ostentado un cargo público. Muy novedoso si se tiene en cuenta que dicha elección se da en una sociedad en la que aun persisten rasgos de discriminación y segregación racial y en la que las minorías permanecen siendo y llevando vida de minorías.

Aun cuando tenemos puesta nuestra esperanza en Dios, los pueblos de la tierra tienen puestas sus esperanzas próximas en los líderes de los pueblos y en el bueno y acertado manejo que tengan de sus gobiernos.

Así, para el futuro inmediato de la sociedad norteamericana tenemos puesta nuestra confianza y esperanza en el gobierno que presidirá a partir del próximo 20 de enero el Señor Presidente electo Donald Trump. En él tenemos puesta la esperanza de que, según lo prometió en campaña electoral, pondrá fin a las irracionales, injustas e inhumanas confrontaciones bélicas que no sólo desangran la economía y el bienestar social de la Nación sino también la sangre joven de nuestros jóvenes soldados y que, además, bien rodeado de sus inmediatos colaboradores acertará en un manejo nacional e internacional de la economía de tal manera que, a corto plazo, volvamos a la prosperidad que ha representado esta Nación para sus ciudadanos y para el resto del mundo.

Pero, además, tenemos puesta la confianza en que el gobierno que presidirá el Señor Trump tendrá un “nuevo”, manejo del asunto migratorio de tal manera que todos los inmigrantes y, especialmente, los hispanos y otros grupos étnicos venidos de diferentes continentes sin documentos con domicilio en esta Nación obtengan un trato más digno, más solidario, más justo y más humano acorde con una población que ha puesto lo mejor de sí y de sus fuerzas para contribuir con su trabajo a la grandeza de la que hace alarde ante el mundo la entera sociedad norteamericana.

De la misma manera, los hispanos residentes en esta Nación y en todos nuestros países de origen esperamos del gobierno entrante unas mejores y más adecuadas relaciones internacionales con todos los países, como corresponde entre naciones que compartimos el mismo planeta y el mismo destino al que está convocada la humanidad entera: hacer de este mundo un lugar más vivible, más fraterno y, por ello, más humano.

Al iniciar un nuevo año dejemos atrás las malas noticias y lancémonos solidariamente a la construcción de mejores y más buenas noticias con la certeza de que si las pequeñas o grandes crisis a las que asistimos afectados en el momento presente tienen como causa última una crisis de humanidad, vale decir, una profunda crisis en el espíritu del ser humano será un proceso y crecimiento “humanizador” hacia el interior de cada ser humano y el surgimiento de unas nuevas y más honestas relaciones entre los hombres y los pueblos lo que nos depare un año nuevo y un porvenir mejor.

Esta alegría por un año nuevo y estas esperanzas en un gobierno nuevo tiene fundamento en la fe que nos invita siempre a re-novarnos, a dejar atrás al hombre viejo y construir en cada uno de nosotros el hombre nuevo.

El nuevo año será nuevo en la medida en que todos: tanto los que participan más directamente en la misión de gobierno como todos los ciudadanos construyamos con nuestros hechos, palabras, comportamientos y actitudes la novedad de la que tanto necesitamos. Brindemos entonces por un año nuevo, una sociedad nueva, un gobierno nuevo para una mejor Nación y un mundo nuevo.

Deseo a todos que tengan, junto a sus seres queridos, un novedoso, bendecido y feliz 2017.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Navidad y la Sagrada Familia


La Navidad es una época del año que tiene su fundamento en un acontecimiento histórico-salvífico: el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, que los cristianos conmemoramos en un tiempo litúrgico del mismo nombre. En una sociedad materialista como la nuestra, la Navidad ha sido convertida en una temporada del año para vender y comprar, para gastar y consumir, para ostentar y derrochar. Y en este enorme tráfico consumista el mensaje de lo que los cristianos recordamos, el significado de lo que los cristianos celebramos en estas fechas se manipula, se pierde, se diluye, se olvida.

Es enorme la significación que la Navidad contiene para el mundo en general y para los cristianos en particular. Lo que celebramos es el nacimiento de JESUS DE NAZARET, quien es, para todos, modelo de Humanidad y Divinidad: porque Jesús es Divino por lo profundamente Humano.

Cuando los cristianos confesamos a Jesús como Dios hecho Hombre, confesamos al mismo tiempo, el destino último y definitivo al que está llamada la humanidad entera: el de divinizarnos encarnándonos en la historia y su cotidianidad para divinizarnos humanizándonos. En Navidad, por tanto, celebramos la alegre y esperanzadora certeza de que en el Nacimiento de Jesús, Dios ha querido quedarse para siempre con nosotros mostrándonos en El, el Camino, la Verdad y la Vida a la que todos estamos llamados.

El acontecimiento histórico de la Navidad ocurre en el contexto de una familia. Entre tantas significaciones que aporta la conmemoración de la primera Navidad, el valor dado por Dios a la familia en el nacimiento de Jesús cobra hoy importancia y especial vigencia entre nosotros.

Padecemos y asistimos hoy a una profunda crisis de la humanidad y de humanidad en todos los órdenes. Los graves problemas puestos de manifiesto en la crisis muestran una más profunda y definitiva crisis en el corazón mismo del ser humano: una des-humanización contraria a todo lo que significa e implica el mensaje de la Navidad. Pero, al mismo tiempo, los graves problemas sociales que brotan del corazón del hombre tienen su origen en una profunda crisis de la familia.

Es extensa la lista de los enormes conflictos que hoy atentan contra el modelo familiarpropuesto desde la primera noche de Navidad y sustentado por la predicación de la Iglesia Católica en Occidente:
  • A la brecha generacional entre padres e hijos en un mundo que cambia a diario y velozmente se suman
  • Las rupturas, los divorcios y nulidades rápidas y fáciles tipo “express”.
  • La infidelidad en una sociedad pansexualista que la propicia y estimula.
  • La falta de compromiso en una sociedad hedonista que propugna por lo liviano, lo pasajero, lo efímero, lo fácil, desechable, lo puramente estético y aparente.
  • El mundo académico y laboral que separa, aleja y desintegra familias.
  • El machismo y el feminismo.
  • La pretendida manipulación cientista de los designios de Dios sobre la creación y la vida en familia.
  • El aborto.
  • El tabaquismo, el alcohol, las drogas.
  • El sin-sentido de la vida en una sociedad que mata pronto las ganas de vivir cuando reduce el fin de la vida a lo meramente material e intra-histórico ocultando la visión trascendente del hombre, del mundo y de su historia.
En un mundo que aboga por la pluralidad de las ideas y los estilos de vida junto al respeto por las libertades individuales y de los derechos del hombre, la Verdad – bajo ese pretexto - no debe ser negada, confundida ni disuelta en medio del mar de las individuales, pequeñas y casi siempre mezquinas verdades de bolsillo. A la Iglesia, desde la Buena Noticia que el Evangelio contiene para todo hombre y mujer de buena voluntad le corresponde anunciar cada día y, especialmente en el tiempo de Navidad, que todo hombre tiene derecho a nacer y “crecer en gracia y en sabiduría” en el seno de una familia constituida por un padre, una madre y unos hijos: modelo familiar en el que se repliquen y vivan las relaciones de amor paternales, filiales y fraternales que los cristianos reconocemos y alabamos en el mismo seno de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.


Las perturbadoras estadísticas que nos hablan e interpelan sobre los millones de niños y niñas que intentan “crecer” y “formarse” en “hogares” disfuncionales, uni-parentales, hogares “sustitutos”, con los abuelos u otros familiares  o en instituciones gubernamentales que intentan “suplir” a las familias inexistentes, son una alarma sobre algo muy grave que está ocurriendo en nuestras comunidades y un desafío urgente para que volvamos a valorar y vivir el modelo de familia cristiana sugerido en la Navidad de nuestro señor Jesucristo.

Hoy, como nunca antes, hay nostalgia de Nazaret:
  • Nostalgia de hogares donde padres e hijos vivan y con-vivan en comun-unión.
  • Nostalgia de hogares a ejemplo del de Nazaret: donde los padres se amen y cumplan con la voluntad de Dios amando y sirviendo la vida a sus hijos.
  • Hogares en los que los hijos cumplan la voluntad de Dios obedeciendo a sus padres.
  • Hogares que favorezcan la construcción de un mundo en fraternidad viviendo primero en casa las relaciones fraternas.
  • Hogares en los que prevalezcan el amor y el respeto sobre las circunstancias siempre difíciles y siempre cambiantes de la vida.
  • Hogares con padres dedicados al cuidado de sus hijos y con hijos atentos y devotos a sus padres.
  • Hogares que sean verdaderas iglesias domésticas, primera experiencia de iglesia y semilleros de permanente evangelización.
  • Hogares en los que padres e hijos crezcan en humanidad cooperando con la obra creadora de Dios mediante el trabajo cotidiano.
  • Familias que sean verdaderos hogares, es decir, hogueras encendidas de amor capaces de calentar e iluminar un mundo tantas veces frío y en tinieblas. 
Me congratulo con ustedes en estos días santos que vivimos los cristianos en memoria del Nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. Me alegro con la alegría del mundo porque “un hijo nos ha nacido, un niño se nos ha dado” que lleva por nombre “Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros” y los animo para que prolonguemos en nuestras casas, en nuestros ambientes, en nuestras comunidades, las lecciones grandes, las lecciones buenas, las lecciones sagradas y eternas que podemos aprender para nuestra vida en familia del hogar de la Sagrada Familia de Nazaret, en esta Navidad y siempre.




domingo, 18 de diciembre de 2016

Hablar de Dios en tiempos de Francisco




Hablar de Dios en tiempos de Francisco

+Fernando Chomali Garib
Arzobispo de la Ssma. Concepción
Concepción, Chile. Noviembre de 2016



1.  A Dios lo quieren sacar de la esfera pública

Hablar de Dios en estos tiempos no resulta fácil, pero sí desafiante y, sobretodo, fascinante. A Dios lo están sacando desde hace un buen tiempo de la esfera pública. Ello se percibe a todas luces en los más amplios campos de la vida social, educacional y cultural. También han intentado sacarlo del corazón de los hombres postulando la fe como un desquicio de la vida personal y social, y constitutivo de una alienación que oprime y quita libertad. Ha apoyado este intento una visión del hombre antropocéntrica, cuyo horizonte último es el bienestar a toda costa, con el acento puesto en la autorrealización que se vuelve el fundamento absoluto y razón de ser de la vida. Esta autorrealización el hombre no la encuentra fuera de sí, en otro, sino que en su propia subjetividad que adquiere valor normativo. El Dios creador, único y fundamento de todo bien ha sido suplantado por el querer y el deseo personal. Este verdadero desencuentro cultural llevó a la pauperización del pensamiento de orden filosófico y al desconocimiento del otro como parte de mi ser, menoscabando la dimensión racional y social del hombre.

2.  La erradicación del pensar metafísico

La pregunta por la esencia de las cosas, por su verdad, independiente del sujeto que la estudia es, para muchos, cosa del pasado. Como consecuencia de ello, la ética perdió espacio en el horizonte cultural y se limita a promover la idea de que los actos tienen valor en la medida que son fruto de la autonomía, que no dañen a otro y que tengan presente la utilidad como referente y máximo valor a alcanzar. ¿Acaso no es esta la razón por la cual las clases de filosofía y teología las quieren hacer desaparecer del horizonte educativo y cultural? En este contexto desprovisto de gnoseología y de ética vinculante, la belleza ha ido perdiendo todo sentido y los resultados de ello están a la vista. La sociedad en sus más variados aspectos se ha ido pauperizando, en un claro proceso de jibarización de la dignidad humana y de la cultura. El héroe, el santo, el hombre altruista que mira a lo alto y actúa incluso dando la propia vida, es un ser en extinción, en el mejor de los casos, se le considera a alguien digno de aplaudir, pero no de imitar. El hombre empeñado en construir una sociedad sacando a Dios del espectro personal y social, terminó destruyéndose a sí mismo. Esa es la tesis del Concilio Vaticano II, que todos los Pontífices han hecho ver insistentemente. Cómo resuenan las palabras e Pablo VI en Populorum Progressio: Ciertamente el hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero al fin y al cabo, sin Dios no puede menos que organizarla contra el hombre".

Los miles de inmigrantes que mueren ahogados en el mar a vista y paciencia de quienes tienen el poder de impedirlo, los miles y miles de ancianos solos, abandonados y pobres, que gimen por un poco de amor y se les ofrece la muerte como alternativa a ese dolor del alma del que nadie está dispuesto a hacerse cargo, así como los millones de niños que no ven la luz del día porque sencillamente constituyen una amenaza, dan cuenta de este panorama verdaderamente decadente que vemos día a día y que nos interpela. Ni hablar de las grandes brechas que existen entre los menos que tienen cada día más y los más que cada día tienen menos y que quedan al arbitrio de otros en todos los planos. El desencanto social que vemos día a día es la respuesta a esta lógica de la indiferencia y del ensimismamiento.

3.  Si no hay Dios sólo queda la autorreferencialidad

Este querer desembarcar a Dios de la cultura comenzó negando el valor de la condición religiosa del hombre como experiencia propiamente humana y social. A lo más se le reconoce un valor en la esfera personal, pero no una realidad que se puede convertir en cultura. Al perder el ser humano toda referencia objetiva que lo orientara más allá de las vicisitudes del tiempo y del espacio, queda despejado y pavimentado el camino para comenzar a construir al hombre autorreferente que se crea a sí mismo desde sus propias convicciones. Así, la condición de ser social, de ser sexuado en cuanto hombre o mujer, de ser un ser que se comprende a la luz de los demás, son meros resabios que, según ellos, fueron culturalmente impuestos pero no se ajustan necesariamente a la realidad (que ya deja de ser dada) que el mismo sujeto se siente llamado a imponer como tal. En este contexto cultural los parlamentos de Occidente terminaron siendo meros notarios de las infinitas antropologías y éticas que pululan por doquier. Si alguno postula la existencia de una realidad anterior a la percepción del sujeto que la aprehende es tratado duramente. Con ello la sociedad perdió. Perdieron sobre todo los más débiles. Ganaron los más fuertes. Allí está la paradoja. La libertad mal entendida se convirtió para muchos en la peor de las esclavitudes. Es la consecuencia lógica de una libertad que no reconoce una verdad última y menos un bien a alcanzar fuera del sujeto. Este panorama fue campo de cultivo de los caudillismos en todas las esferas de la sociedad y de un gran descontento. Hasta al mismo Dios cada uno lo dibuja a su manera. Lo importante es que me sea útil a “mi” significado de lo que significa ser un ser humano. La ausencia de un referente último en quién fundar la existencia y la convivencia ha llevado a la segregación social y a la violencia como método para resolver los conflictos. El mal trato cuya peor forma es hacia las mujeres, los niños, los inmigrantes, los pueblos originarios, y tantos otras comunidades, dan cuenta de este intento de negar toda verdad objetiva y valores que no se pueden negociar porque son anteriores al mismo hombre y al Estado. Sin un fundamento metafísico o trascendente que valga para todos y que esté por sobre todos como línea última de interpretación de la realidad, la verdad se diluye, la razón le cede el paso a la violencia y la justicia termina en venganza. ¿No es ese el panorama que vemos a diario y que ha adquirido un verdadero carácter pornográfico?

4.  La autorreferencia se construye desde el consumo

La sociedad fundada desde el individuo autorreferencial ha hecho que la sociedad, en su eje práctico, gire en torno al consumo, que se constituye en su motor, y ha hecho de los índices económicos el índice para medir el desarrollo del país. El desarrollo se comprende sólo como desarrollo económico y el crecimiento personal está íntimamente ligado al bienestar individual. La desigualdad que trae este modo de organizar la sociedad es muy silenciada. Suenan con fuerzas las palabras de Pablo VI en Populorum Progressio: "Nosotros no aceptamos la separación entre lo económico y lo humano, ni entre el desarrollo y la civilización en que se halla inserto. Para nosotros es el hombre lo que cuenta, cada hombre, todo grupo de hombres, hasta comprender la humanidad entera". Así resulta imposible lograr la coherencia social porque el otro deja de ser parte del proyecto común, y se transforma en uno más en la competencia, al que obviamente, hay que vencer. Muchos creen que lo importante es llegar primero, pero desde la condición de hermanos y miembros de la humanidad creemos que es mejor llegar juntos. Esta competencia, en la práctica, comienza en el vientre materno al desechar a los seres humanos que vienen con malformaciones, son fruto de una violación u otras causas. Ellos, según esta forma de concebir la realidad, no forman parte de esta estructura social donde el centro no es la persona sino que lo que ella pueda lograr para sí, o lo que la sociedad pueda otorgarle a ella. Así se entiende la desproporción entre la exigencia de derechos y el cumplimiento de los deberes. Notable al respecto el Magisterio de Benedicto XVI respecto del sentido más profundo de la solidaridad como forma de conocimiento y expresión del ser un don llamado a convertirse en un don para los demás.

La clave para comprender las relaciones humanas hoy está en el utilitarismo. Gran daño ha hecho esta forma social, ya que ha dejado a muchas personas, sobre todo pobres y ancianos, inmigrantes y discapacitados, en la más absoluta indefensión. La realidad de los niños que por distintas situaciones no viven con sus familias, sino que en residencias, de los ancianos solos y abandonados, los refugiados abandonados a su suerte, dan cuenta de esta realidad.

5.  Testimonio cristiano claro y sin ambigüedades

Francisco, el Papa, tiene clara esta realidad. Es por ello que nos ha invitado con insistencia y sin ambigüedades a volver al fundamento del aporte que hace la Iglesia Católica para generar una sociedad más justa, fraterna y digna para el hombre, todo hombre y todos los hombres. Ese fundamento no es el poder, no es el dinero, es Dios y, de modo específico, en su misericordia manifestada de modo único y definitivo en Jesucristo. El Papa pretende hacer volver la mirada de todos los miembros de la sociedad a aquel que está excluido y descartado de un sistema de intercambio de bienes y servicios que no ha puesto al hombre al centro de la organización social. Lo hace desde el prisma de Jesús. Desde su mirada, los dolores y las angustias de tantos y tantos seres humanos son consecuencia de un sistema que no tuvo como eje al hombre y su dimensión constitutivamente espiritual, sino que la avaricia y la ambición desmedida que se concreta en poder y dinero. La invitación a cambiar el estilo de vida del consumir por el del compartir que nos hace Francisco es concreto y real y quienes están llamados en primer lugar a acoger este llamado son aquellos que profesan que Dios se encarna en Jesús, el Cristo, presente, paradójicamente, en el sufriente. Para el Papa el testimonio cristiano vivido con coherencia y valentía ha de constituirse en el lugar teológico desde el cual se está llamado a darle al mundo otro rostro. Ello implica un profundo cuestionamiento de nuestra manera de comportarnos, especialmente de todos quienes reconocemos que Jesús es el Señor. Así, junto a la denuncia, necesaria por cierto, se abre un horizonte de construcción del entramado social más amplio, vinculado al amor entregado, a la ternura derrochada, a la alegría que contagia, al testimonio cristiano. No es esta una clave para interpretar las exhortaciones apostólicas “La alegría del Evangelio” y “La Alegría del amor”. ¿Acaso no es allí, en el Evangelio y en el amor, donde está la semilla de mostaza que generará la tan anhelada civilización del amor? Dicho con palabras de Juan Pablo II: "La civilización del amor debe ser el verdadero punto de llegada de la historia humana" (Juan Pablo II, 3.11.1991). Así, Francisco, con claridad nos está invitando a tomar una posición más clara respecto de nuestro propio estilo de vida, porque es en esa práctica concreta y real que seremos luz que ilumina a los demás. El Papa nos está pidiendo una y otra vez que nuestros actos hablen por sí mismos. Son los gestos el modo más preciado para mostrar no sólo que Dios es el fundamento de nuestra vida, sino que además el principio rector desde donde podemos recomponer el tejido social. Él claramente ha comenzado. Ahora nos corresponde actuar en consecuencia a cada uno de nosotros. Y con alegría, esperanza, fe y mucha caridad.