viernes, 19 de septiembre de 2014

“La Biblia en la Reforma Liturgica del Concilio Vaticano II" - 24 de Septiembre

 

Por favor, confirme su asistencia a la 
Sra. Margaret SarciMSarci@americanbible.org


Por favor, confirme su asistencia a la 
Sra. Margaret SarciMSarci@americanbible.org

martes, 5 de agosto de 2014

Boda de oro sacerdotales del Cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino

El Cardenal Arzobispo de La Habana, Don Jaime Lucas Ortega y Alamino, ha celebrado sus boda de oro sacerdotales el día 2 de agosto.

Una delegación de Estados Unidos encabezada por el Cardenal Arzobispo de Boston, S.E. Sean O’Malley y el Cardenal Emérito de Washington, DC, S.E. Theodore McCarrick, se han unido a representantes de la Iglesia Católica en los Estados Unidos y Puerto Rico para solidarizarse con la Iglesia Arquidiocesana de La Habana y el pueblo Católico de la isla.

A continuación podrán apreciar algunas de las tomas de dicha celebración.

Mons. Bruno Musaro, Nuncio Apostolica en Cuba

Mons. Bruno Musaro (Nuncio Apostolico en Cuba, Cardenal Theodore McCarrick, (Arzobispo Emerito de Eashington, DC), Cardenal Jaime Ortego (Arzobispo de La Habana), Cardenal Sean O'Malley (Arzobispo de Boston), Mons. Emilio Berlie (Arzobispo de Yucatan. Mexico) y Mons. Većeslav Tumir, (Secretario de la Nunciatura en Cuba).
 

Cardenal Theodore McCarrick, (Arzobispo Emerito de Eashington, DC), Cardenal Sean O'Malley (Arzobispo de Boston), Mons. Emilio Berlie (Arzobispo de Yucatan. Mexico) y Mons. Bruno Musaro (Nuncio Apostolico en Cuba. 

Mons. Ramon Polcari (Canciller de la Arquidiocesis de La Habana), Mons Robert Gonzalez (Arzobispo de San Juan, Puerto Rico, Cardenal Jaime Ortega y el Arzobispo Bruno Musaro.



sábado, 26 de abril de 2014

Transmisión en vivo de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II - 27 de abril 2014

El 27 de abril, el segundo domingo de Pascua, el Papa Francisco presidirá la Santa Misa de Canonización del Beato Juan XXIII y Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro.

sábado, 19 de abril de 2014

Paso de la muerte a la vida

La permanencia del cristianismo por los últimos veinte siglos en la historia de la humanidad se debe a la confesión de fe en Jesús de Nazaret como el Resucitado, como el Viviente, presente en la vida de los cristianos.

Esta es, por tanto, la principal confesión de fe de los cristianos: “Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe y vana también nuestra predicación” (1 Co 15,14). Pero esta confesión de fe se sostiene en una evidencia, en un dato histórico: la vida de unos primeros hombres y mujeres, seguidores de Jesús de Nazaret, quienes - después de la muerte en cruz del nazareno - experimentan un hecho transformador de sus vidas, se experimentaron hombres y mujeres nuevos (Cfr. Ef 2,18) por lo que comienzan a confesar que el muerto les cambió la vida y, si les cambió la vida, es porque está vivo y ha resucitado!.

Dicha transformación consistió fundamentalmente en un cambio de mentalidad (Cfr. Ef 4,23), de criterios, de lógica: en una manera nueva de ver y afrontar la realidad según la lógica y la sabiduría de Dios y del evangelio de Jesucristo que no es la lógica del mundo.(Cfr. St 3,13 y 1 Co 1). Ahora, novedosamente, se descubren – como Jesús mismo había vivido y les había enseñado – hijos de Dios (Gál 4,6) y hermanos todos los unos de los otros (1 Jn 3,14). Descubren como obsoleto el viejo orden de cosas veterotestamentario: “Lo viejo ha pasado, ha llego lo nuevo” (2 Co 5,17) y empiezan a leer e interpretar sus propias vidas y la realidad toda “a la luz” de lo acontecido en la vida de Jesús de Nazaret: su pasión, su muerte y su resurrección.

Es decir, que lo que fundamenta la confesión de fe en Jesús como resucitado son – en concreto – la vida nueva de hombres y mujeres que dan testimonio de la obra transformadora del Crucificado en ellos (Cfr. Hc 2)

Han pasado ya dos mil años desde aquel hecho: la pasión-muerte-resurrección de Cristo y, cada domingo y cada año, en la pascua cristiana, los discípulos de Cristo de todos los tiempos y rincones de la tierra, de los más diversos orígenes y según los moldes de las más diversas culturas seguimos confesando a Cristo como Resucitado y presente en la historia de la humanidad.

Dicha confesión de fe es vacía si no parte de la experiencia de hombres y mujeres que – hoy como ayer – continúan experimentando una transformación en sus vidas que los empuja a vivir el mandato del amor, en el reconocimiento de que somos hermanos, hijos del mismo Padre: “En este sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, en que nos amamos los unos a los otros”(1 Jn 3,14)

Pero son muchas las realidades que hoy desdicen de la confesión de fe en la Resurrección de Cristo. Porque confesar a Cristo como Viviente es, ante todo, confesar el triunfo de los designios del Padre en el Hijo (Filip 2,10) sobre los que quisieron su muerte, es confesar el triunfo de la vida abundante de Dios (Jn 10,10)sobre las mil formas de muerte (1 Co 15,55) que – sin Dios, sin amor – nos inventamos. Confesar a Cristo como Resucitado es confesar que la luz venció las tinieblas (1 Tes 5,5) y que – en adelante – es posible la construcción de vidas humanas y de sociedades más según la voluntad de Dios y menos según el capricho de los déspotas.

Por ello, la celebración pascual de los cristianos es memoria de lo acontecido en la vida de Jesús y de los primeros cristianos y es, ante todo: un compromiso. El compromiso que todo discípulo de Cristo tiene de mostrar con su vida, con sus hechos y palabras, con sus comportamientos y actitudes la vida abundante que Dios nos ofrece en Jesucristo: “He venido pata que tengan vida y que la tengan en abundancia” (Jn 10,10).

Mientras millones de hermanos en el mundo vivan en situaciones de extrema pobreza, indigencia y miseria. Mientras las condiciones de vida precaria y miseria que arropa a las grandes mayorías de la humanidad los conduzca a la muerte y no a la vida, mientras un solo hombre pase hambre en la tierra (Cfr Hc 2,42 y Hc 4,32), la celebración pascual reclama en cada creyente en Cristo mayor autenticidad, mayor compromiso, mayor eficacia, mayor verdad y mayor sentido en todo lo que creemos, profesamos y esperamos.

En Cristo, la última palabra de Dios sobre el destino del hombre no es muerte en la cruz o en las mil cruces que existen sino vida. La resurreción de Cristo y nuestra resurrección en El llena de sentido nuestras existencias pero nos empuja a la construcción de mejores vidas, para una mejor sociedad y un mejor mundo en el que podamos ver, vivir y edificar no según la lógica del mundo sino según la lógica de Dios.

Celebremos pues  nuestra Pascua cristiana: el paso de la muerte a la vida, de la esclavitud de la ley a la plenitud del amor pero, por Cristo, con El y en El, pasemos también nosotros de la comodidad, tibieza y rutina de nuestras vidas cristianas al combate activo de hombres y mujeres que – desde el evangelio de Cristo – luchamos por hacer posible un mundo en el que real y verdaderamente Cristo esté Vivo en la vida de todos y en todos los ambientes sociales: en la política y en la cultura, en la academia y en el deporte, en las artes y en la religión, en la ciencia y en el trabajo….

Que, hoy como ayer, la confesión de fe del Crucificado como Resucitado esté acompañada y avalada por la vida de hombres y mujeres nuevos que construyen, en el día a día, un mundo más humano, es decir, más fraterno, más equitativo, más solidario, más justo. FELICES PASCUAS!




viernes, 18 de abril de 2014

Papa Francisco da la bienvenida a representantes de Museum of the Bible y la American Bible Society

El dia 31 de marzo, Su Santidad, el Papa Francisco, recibió en audiencia a los ejecutivos del Museum of the Bible y American Bible Society. El encuentro tuvo lugar en el Palacio Apostólico en el Vaticano.  

En esta ocasión se inauguró la exposición bíblica, Verbum Domini II, que estará abierta al público hasta el día 22 de junio.  Se puede visitar esta extraordinaria exposición bíblica en el edificio ubicado en la Plaza de San Pedro, llamado Braccio di Carlo Magno.











sábado, 12 de abril de 2014

Cumbre Bíblica Católica de Nueva York 2014


Haga clic aquí para más información.


Haga clic aquí para más información.

jueves, 13 de marzo de 2014

Un año con Francisco


Por estos días se cumple el primer aniversario del Pontificado de Francisco. El contexto en el que fue elegido Papa estaba marcado por una crisis enorme de credibilidad del mundo en la Iglesia Católica debido, sobre todo, a los escándalos sexuales de miembros del clero que se hicieron públicos, la renuncia  - forzada, además de su propia edad y condiciones físicas - por múltiple circunstancias al interior de la Iglesia de Benedicto XVI y la justa posibilidad histórica y numérica de que las mayorías católicas constituidas en y de los pueblos latinoamericanos pudiesen tener su primer Papa.

Desde el inicio, todo fue novedoso y refrescante en la elección de Jorge Mario Bergoglio como Papa: el lugar geográfico y la orden religiosa de la que procedía, el origen humilde, el nombre escogido para su pontificado, pero, sobre todo, su estilo, su impronta personal en cada palabra, en cada gesto, en cada modo de ser y proceder. Nuevo y refrescante estilo que, de inmediato, silenciosa, casi imperceptiblemente pero contundentemente empezó a manifestarse en las opciones que fue ejecutando con sus respectivas renuncias: una habitación en vez de los aposentos y oficinas palaciegos, un Renault en vez de vehículos de lujo, zapatos viejos en vez de zapatos de marca, pedir la bendición al pueblo en vez de bendecir, etc. Opciones, proceder, gestos, estilo novedoso, sobre todo, en medio de una sociedad en la que se privilegia el poder, el tener, el derroche, el lujo, el confort, la ostentación y la apariencia.

La palabra cercana y sencilla, el gesto cálido y acogedor, el rostro sonriente, la aproximación humana y compasiva a los más débiles y necesitados son otros elementos que – como el de Nazarethn y el de Asis  - caracterizan el ministerio de Francisco. Y es un Papa con humor. Humor que, junto con la oración suya y la de todos por su ministerio petrino es el mejor parachoque en medio de la dura tarea de llevar el timón de la barca de Pedro, unas veces entre tibios amaneceres otras, entre amenazantes borrascas y tempestades, pero siempre con la confianza puesta en el Señor de la Iglesia y de la historia.

Podemos decir que, Francisco, en tan corto tiempo, ha hecho honor al nombre escogido para su pontificado, el del pobrecito de Asis, pero – sobre todo – honor al Evangelio de Jesucristo al que ha dedicado toda su vida. Su ministerio ha sido un profetismo auténtico mediante la pedagogía simbólica del testimonio de su propia vida.

Sin lugar a dudas francisco se ha convertido en un signo para el mundo de hoy, para nuestra coyuntura histórica y para toda la humanidad. Un signo de humanidad para creyentes y no creyentes, para católicos y no católicos, para pueblos y naciones de los más diversos rincones de la tierra y de las más diversas culturas. Francisco a todos convoca, a todos impacta, a todos llama la atención su modo de ser y de hacer Iglesia en el mundo de hoy.

Su estilo puede resumirse en un llamamiento – desde su mismo estilo – a vivir un humanismo cristiano ya estrenado, ya probado y testimoniado en otras épocas. Un humanismo cristiano que - por olvidado en nuestra sociedad actual - hoy parece novedoso: el humanismo de Jesús de Nazareth, elemental y básico, el humanismo cristiano de los primeros cristianos y, más tarde, del pobrecito de Asis: el hermano Francisco y de tantos y tantas hombres y mujeres que han vivido y encarnado en sus vidas el evangelio del humilde carpintero y pescador de Nazareth. Todo es nuevo pero todo es viejo en Francisco porque nos recuerda la necesidad de volver  a la fuente primordial y norma normada de nuestra vida cristiana: el modo de ser y de hacer Jesús de Nazareth.

Abundante, desde todos los ángulos, el pontificado ejercido por Francisco en tan solo un año: revisión de la Curia Romana, revisión del Banco Vaticano, Comisión Asesora de ocho cardenales para la revisión de los grandes temas de la vida de la Iglesia, convocatoria al Sínodo de la Familia, creación de una comisión defensora de los derechos de los niños y, en la tarea evangelizadora y profética, ha empezado a poner los énfasis en los temas en los que – a la luz del propio evangelio – hay que ponerlos: en la compasión y en la misericordia, en la humildad y en la transparencia en lugar de la obsesión por temas como los legales o los sexuales que tanto aburren, alejan y angustian a los creyentes.

Ad multos annos! Que sean muchos años los que Francisco esté bendiciéndonos. Nos unimos en oración de acción de gracias por este viento fresco que entró a borbotones en todos los rincones de la Iglesia y del mundo y quiera Dios que entre gestos y símbolos, entre exhortaciones y documentos, Francisco pueda, además de tomar nuevas posiciones, ejecutar nuevas decisiones que impacten de fondo temas fundamentales que el mundo entero espera ver tratados y reconsiderados en el seno de la Iglesia Católica.


Después de Francisco y su personal sello el ministerio de Pedro en la Iglesia ya no volverá a ser el mismo. Que Dios y María lo sigan acompañando y bendiciendo y, por él, seamos bendecidos todos.