sábado, 24 de septiembre de 2016

Gabriela Mistral Campus - 22 de septiembre, 2016




   Gloria Garafulich-Grabois, Presidenta de la Fundación Gabriela Mistral y Carmen Fariña,
   Canciller del Departamento de Educación de la ciudad de Nueva York. 
 




miércoles, 14 de septiembre de 2016

Una Celebración para la Reflexión





Como todos los años y por decreto del Congreso, del 15 de septiembre al 12 de octubre, celebramos en los Estados Unidos el MES DE LA HERENCIA HISPANA. Se trata de un tiempo para que la entera sociedad norteamericana reconozca la presencia Hispana en esta sociedad y los aportes de la Comunidad Hispana a la construcción de esta Nación. De nuestra parte, como hispanos, se trata de una oportunidad única para que cada año volvamos a las preguntas fundamentales sobre nuestro ser y quehacer como Comunidad Hispana presente en esta Nación; sobre cuál es nuestra HERENCIA al progreso de esta Nación.
Preguntas tales como:

  •  ¿Dónde están y quienes son los líderes de la Comunidad Hispana en los Estados Unidos? 
  •  ¿Qué formación tienen para el ejercicio de dicho liderazgo? 
  • ¿Hacia dónde va y avanza la Comunidad Hispana en los Estados Unidos presidida por qué tipo de líderes, si los hay?
  • Celebramos el MES DE LA HERENCIA HISPANA, pero ¿qué es lo que celebramos? 
  •  ¿Cuál es nuestra mejor herencia y valores como hispanos? 
  •  ¿Cuál es el futuro de nuestro pasado? 
  •  ¿Nuestra presencia hispana en esta Nación se está realizando como un fenómeno social de “integración” – sin olvidar nuestra identidad hispana y preservando lo mejor de nuestra cultura – o como un fenómeno social de “asimilación” por y en la cultura dominante, con pérdida de nuestra identidad y de lo mejor de nuestro pasado, nuestros orígenes, nuestros valores y nuestra historia?

Vivimos hoy a nivel mundial y como nunca en la historia de la humanidad, el drama mundial de desplazados, desterrados, migrantes, deportados, asilados, refugiados, etc. 

Aquí y ahora, donde y cuando todo se cuantifica y sistematiza tecnológicamente, estamos midiendo y metiendo en estadísticas todo tipo de quebrantos, enfermedades, dramas humanos y dolores; sin embargo, hay un dolor, un drama humano del que pocos hablan y nada se mide: el sufrimiento de los millones de hombres y de mujeres que – en el mundo entero – abandonan o se ven forzados a abandonar los suyos y lo suyo, sus primeros amores y querencias, para ir tras el sueño de mejores condiciones de vida.

Los gobernantes de los países desarrollados – destino de las más grandes oleadas migratorias – no terminan – sin embargo – de definir políticas de gobierno, a gran escala, que acierten en las soluciones de lo que este tema y problema humano significa.

En época de campaña electoral en esta Nación aparece siempre el tema migratorio y los hispanos en esta Nación hemos de estar alerta de las promesas electorales para no convertirnos en una Comunidad manipulable, títere y presa fácil de politiqueros de turno y – en este tema específico de reformas migratorias – continuar siendo una Comunidad postergada y burlada.

El ejercicio del voto por el que elegimos gobernantes es un ejercicio democrático definitivo para el presente y futuro de toda Nación y, por ello, de esta en la que habitamos. Pero no puede ser un ejercicio amarrado a colores o intereses de partidos políticos que hoy van fracasando y dejando una estela de desesperanza porque no corresponden con los intereses del bien común.

Esta época en la que nos correspondió vivir es más un cambio de época que una época de cambios. Asistimos a un cambio en el modo de ser y proceder el ser humano, hay un cambio en la mentalidad y en las tendencias humanas a lo ancho del Planeta que pide de la Comunidad Hispana presente en esta Nación: preparación, educación, formación y conciencia de la presencia tan importante, tan definitiva y tan definitoria que ya tenemos en el presente y en el futuro de esta Nación.

Nuestro pasado hispano contiene una enorme carga de valores ancestrales, arraigados e impresos en nuestro ethos cultural, tales como el valor de la familia, de los amigos, de lo Trascendente, del trabajo, de los ideales por realizar, del entretenimiento y el encuentro festivo. Pero esta manera de ser y proceder “hispana” ha de integrarse tanto en el cambiante ámbito socio-cultural de esta Nación como en en el más global: el de todos los seres humanos que peregrinamos con las esperanzas puestas en un mundo mejor que el presente.

Para la construcción de esa sociedad norteamericana mejor y del mundo mejor que anhelamos, los hispanos en los Estados Unidos de Norteamérica tenemos mucho que aportar, mucho que ofrecer siempre que no abandonemos lo mejor de “lo propiamente hispano” en aras de los espejismos que supone la cultura materialista, consumista y hedonista que nos circunda y que atenta con lo mejor de nuestro pasado y, por ello, con el futuro mejor que esperamos.

Que este mes de la HERENCIA HISPANA 2016 sea para todos nosotros una ocasión para la celebración,  pero - sobre todo - una importante oportunidad de seria reflexión.


domingo, 7 de agosto de 2016

Trump o Clinton, elegir el mal menor



Nos encontramos inmersos en el debate electoral que concluirá con la elección del próximo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. La elección se dará entre los dos candidatos representantes de los dos partidos mayoritarios y tradicionales del ámbito político de esta Nación: el candidato por el partido Republicano Donald Trump y la candidata por el partido Demócrata Hillary Clinton.

El partido Republicano o Conservador, tradicionalmente aliado de los poderosos quienes han sustentado el sistema capitalista y promovido el éxito material y económico de esta gran Nación enfrenta hoy, con el candidato Trump – entre otros – dos graves problemas: por un lado, promueve la discriminación y, con ello, la intolerancia pero, además, se trata de un candidato que no pertenece al estamento tradicional político del partido republicano.

El discurso de Trump recoge y explota los peores sentimientos de quienes, como él, olvidan su condición de inmigrantes para autoproclamarse aborígenes y dueños de una tierra que no les pertenece, de quienes olvidan que esta Nación fue siempre territorio de inmigrantes y que ha sido esta mezcla, precisamente, la que ha contribuido a convertir en poderosa esta Nación ante el resto del mundo con lo cual, dicho discurso, se convierte en populista, demagógico, dañino y peligroso para la estabilidad política y social de Estados Unidos y del Mundo.

El partido Demócrata, del otro lado, tradicionalmente aliado de las causas de los más desfavorecidos, de las clases obreras, de los que tienen menos posibilidades de acceso a los beneficios sociales que brinda esta Nación, ha abrazado – indiscriminada y últimamente – una serie de causas y leyes de corte postmodernista como el aborto o el matrimonio entre parejas del mismo sexo que menoscaban las tradiciones y valores humanos fundamentales y fundantes de esta Nación como el derecho a la vida y la familia. Temas que si bien son publicitariamente novedosos, protegen a unas minorías y satisfacen tendencias postmodernas según las cuales cada uno - buscando su placer y satisfacción personal - construye su propio vida a la carta, distorsionan y ocultan la verdad en medio de mil medias verdades y nos acercan peligrosamente al abismo de un relativismo moral donde ya no es posible discernir – para el bien del individuo y de la sociedad - lo fundamental de lo accesorio, lo esencial de lo accidental, lo permanente de lo transitorio y efímero.

Dadas estas circunstancias políticas, someramente descritas, hoy es muy difícil decidir por quién votar, a qué persona y conglomerado político elegir para que rija los destinos de esta Nación. Hoy, las grandes mayorías de votantes experimentan confusión, incertidumbre y desánimo a la hora de elegir entre la alternativa política anteriormente descrita. Alternativa política – la de los demócratas y republicanos – con postulados extremos, igualmente populista e igualmente peligrosa – como quedó dicho - para el futuro próximo de las familias, de la sociedad, de esta Nación y del Mundo.

De otra parte, y para empeorar el ambiente político electoral en el que nos encontramos inmersos, otras instancias e instituciones sociales que tendrían el rol y deber moral de orientar políticamente al pueblo norteamericano para la mejor elección política posible, se encuentran hoy – como nunca antes – desprestigiadas y, por ello, sin ninguna autoridad para guiarnos en esta coyuntura histórica, política, social, cultural y electoral.

Esta elección política entonces no será entre dos propuestas muy buenas para la Nación, o entre una propuesta buena y una mala, sino que nos encontramos condenados a elegir entre lo menos peor o como se dice en filosofía, a elegir entre dos males el mal menor.

Así las cosas, es muy difícil entonces el panorama electoral que se nos propone y en el que necesariamente tenemos que elegir. Panorama electoral que, muestra el decaimiento moral y espiritual de nuestra sociedad según lo cual nuestro progreso material y económico como sociedad norteamericana no coindice con el progreso humano, moral y espiritual, devela la falta de líderes políticos moralmente bien formados que luchen por el bien común y, por último, panorama electoral que – por todo lo anteriormente dicho – nos urge a todos a continuar bregando en la búsqueda por establecer y continuar consolidando esta sociedad y Nación en los grandes valores de la humanidad, tales como la verdad para la libertad, la justicia para la paz y la solidaridad para la convivencia. Entonces, ¡que gane el menos peor!

viernes, 29 de julio de 2016

Todos Somos Responsables



Aún están frescos los titulares de prensa y las imágenes que dieron cuenta de la recientemente ocurrida masacre en la ciudad de Orlando, Florida, aquí en los Estados Unidos.

Fue, sin lugar a dudas, un crimen de odio y un acto terrorista. Y entre las mil voces, opiniones, especulaciones y evaluaciones que se han hecho sobre el macabro acontecimiento, me quedé pensando en una sentencia de Oscar Arnulfo Romero, que – me parece – aplica bien para nuestra actual situación: “En nuestra sociedad todos vivimos como si nadie es culpable pero la verdad es que todos somos responsables”.

No es la primera vez que nuestra sociedad norteamericana es estremecida por un acto como la masacre en Orlando, porque no es la primera vez que en esta sociedad un ser humano con graves perturbaciones mentales puede acceder fácilmente a armas de alto impacto y ocasionar tanto miedo, tanto dolor, tantos lamentos.

Tampoco es la primera vez que se alzan voces en esta nuestra sociedad a favor y en contra del control de armas. Pero la efervescencia de estas manifestaciones baja como la espuma cuando se van apagando los titulares de prensa respecto de cada última masacre acontecida, en espera de la próxima… Y así, nos vamos acostumbrando, nuestros corazones y memoria se van endureciendo, encalleciendo  y como la letra de aquella canción “al final, la vida sigue igual”

La ocurrencia de estos casos de terrorismo y masacres entre nosotros es un caso muy serio. Son casos en los que el Estado y el establecimiento gubernamental de esta Nación tienen que preguntarse por su responsabilidad moral en que actos atroces como el ocurrido en Orlando sigan pasando, con la ya facilidad señalada para que cualquiera pueda – con el corriente, legal, normal y cotidiano acceso a la compra de armas – producir acontecimientos tan nefastos para la vida en sociedad.

La masacre en Orlando nos recuerda, desgraciadamente por enésima vez, que acontecimientos como éstos exigen voluntad política en la legislación específica del uso de armas y, de otra parte, lograr nivelar y equilibrar en nuestra sociedad el crecimiento humano, moral y espiritual con los progresos, avances y crecimiento en el aspecto material y económico.

Trabajamos, nos esforzamos todos por el progreso y poderío económico y material de esta Nación. Nos enorgullece a todos poder decir que vivimos en el País más desarrollado materialmente del Planeta. Pero este desarrollo y progreso ha de corresponder, simultáneamente y en cada situación a un desarrollo y progreso en el aspecto humano y espiritual de tal manera que – con orgullo – podamos proclamar ante el mundo que vivimos, además, en la Nación más civilizada de la tierra.

La masacre de Orlando deja mucho que desear y mucho que reflexionar y cuestionar al respecto. Pareciera que no hemos superado las balaceras de la conquista del Oeste de esta Nación. Pareciera que el sistema democrático del que alardeamos y desde el cual vamos por el mundo sentando cátedra tiene graves fisuras cuando de tolerancia y convivencia ciudadana se trata.

La masacre de Orlando duele en sus víctimas directas, duele por el dolor de los familiares de quienes allí cayeron, pero duele, también y sobre todo, porque nos confronta con nuestras verdades verdaderas y cuestiones fundamentales como sociedad norteamericana: ¿Qué tanto progreso en la convivencia hemos logrado?. ¿Qué tan fácilmente logramos tolerar en la diaria convivencia a quienes no tienen nuestro mismo color de piel, nuestro mismo credo religioso, nuestra misma ideología política, nuestros mismos orígenes histórico-culturales, nuestra misa condición o estilo de vida sexual, nuestra misma condición económica, etc.? ¿Con cuánto odio vivimos ante las diferencias de los otros?

Resolver positivamente estas preguntas será lo que nos permita convivir juntos en la construcción permanente de una sociedad grande, próspera y más democrática, más equitativa, más humana y humanizante, más solidaria, más justa, más vivible, más amable, con más esperanza en el futuro para las generaciones venideras.

No resolver estas cuestiones fundamentales nos dejará vulnerables a enfrentar cada cierto tiempo los mismos titulares de prensa dolorosos, las mismas lágrimas, los mismos lamentos y – peor aún - a continuar en una obligada convivencia llena de angustias, de temores, de prejuicios, de miedos….

En uno u otro caso, con nuestras vidas, con nuestros hechos y palabras, con nuestras actitudes y comportamientos cotidianos, con nuestras obras anónimas, pequeñas y elementales o vistosas y trascendentales, todos somos responsables de nuestra historia personal, familiar y de nuestro presente y futuro como sociedad y Nación.

miércoles, 27 de julio de 2016

EL SIDA - Nos reta y nos convoca a todos



Desde los primeros años de la década de los ochentas cuando aparecieron en el mundo los primeros casos de infección por el Virus de Inmuno Deficiencia Humana (VIH) hasta nuestros días la humanidad entera ha sido “contagiada” por la importancia de este tema, por todo lo que esta enfermedad implica, y significa para el individuo que la padece, para la comunidad médica y para la entera sociedad humana.

Porque el SIDA (enfermedad por el Virus de la Inmuno Deficiencia Humana - VIH) son muchos y muy importantes los temas humanos (personales y sociales) que quedan implicados: la cultura, la sexualidad humana, la moral privada y la ética de lo público, la educación, la libertad, la experiencia religiosa, el respeto, la responsabilidad personal y social, la compasión, la vida, la muerte, las posibilidades de la ciencia, etc…

Son grandes los avances científicos y enorme el progreso que se ha alcanzado en el manejo social y en las terapias médicas para prevenir nuevas infecciones y para tratar a las personas infectadas con dicho virus. Como la medicina, la investigación en la materia específica de este virus ha avanzado mucho y hoy contamos con grandes logros estadísticos que muestran cómo descienden las cifras de nuevos infectados y, al tiempo, como aumentan las esperanzas de vida – gracias a nuevos medicamentos - para las personas portadoras del virus.

Ya son casi cuarenta años de lucha social y médica contra esta enfermedad y la medicina no da tregua en la elaboración de nuevos medicamentos que – cada vez de manera más precisa y con efectos secundarios menos dañinos – alivien y procuren mejor calidad de vida a la de los pacientes portadores del virus. Hoy no hay cura médica en el tratamiento de esta enfermedad y, si bien es mucho lo que en la investigación médica se ha hecho es mucho más lo que falta por hacer.

También, hay que decirlo, se ha avanzado en la comprensión, tolerancia y servicios sociales hacia las personas infectadas y hacia el entorno familiar y social de cada uno de los pacientes.

Pero es preciso repetirlo una y otra vez: “además de combatir científica, clínica y humanamente la enfermedad, es preciso aceptar, como un hecho, que en la gran mayoría de casos existe una interdependencia entre infección por el virus del SIDA y determinados comportamientos o estilos de vida”. (1)

Hoy aplaudimos los avances médicos ya señalados en la prevención y tratamiento del SIDA y sin embargo afirmamos, al mismo tiempo, que el solo asunto médico-científico y farmacológico no basta. Que se precisa, antes, una cultura y una educación que ayuden en el manejo y prevención de situaciones humanas como las que la pandemia del SIDA plantean. Que la familia, los medios de comunicación, las iglesias y la sociedad entera han de estar implicadas en niveles educacionales que posibiliten abundancia de vida para los ciudadanos. Que el SIDA hace que nos preguntemos por los valores y estilos de vida que esta coyuntura histórica, social y cultural de transición de la modernidad a la posmodernidad exalta, motiva, propone.
Con todo, “ante los enfermos de SIDA el papel de la sociedad, de sus instituciones y de cada una de las personas concretas que la integramos, sólo puede ser el que se adopta con un enfermo: de solidaridad, acogida y ayuda. Los enfermos de SIDA tienen los mismos derechos humanos que los sanos. Y, uno más: el de -precisamente por ser enfermos- ser acogidos y ser beneficiarios de la solidaridad de los demás, lo que conlleva el esfuerzo correspondiente de todas las instituciones sociales y los poderes públicos. Rechazar a los enfermos de SIDA, por ser tales, en la escuela, en el mundo laboral, en la función pública o en las instituciones sociales, es inhumano e injusto. La sociedad está obligada positivamente, como respecto de cualesquiera otros de sus miembros dolientes o enfermos, a arbitrar los medios a su alcance para hacerles la vida lo más llevadera posible. En contrapartida, la sociedad tiene derecho a exigir de los enfermos de SIDA que eviten los riesgos de transmisión de esta enfermedad. La solidaridad debe poner también los medios económicos para la investigación que permita obtener tratamientos, para crear centros de acogida u hospitales cuando la enfermedad llega a su fase terminal, etc”. (2)
De donde, todos hemos de sentirnos implicados en la prevención de esta grave pandemia y especialmente los grupos y personas considerados de mayor riesgo de poder ser infectados y todos hemos de sentirnos convocados a luchar por una cultura de la vida en medio de tantas formas de muerte y destrucción humana.

1.- II La sociedad ante el Sida en https://www.aciprensa.com/sida/libro4.htm
2.- Ibid.

sábado, 14 de mayo de 2016

martes, 22 de marzo de 2016

PASCUA CRISTIANA: Transformación y Vida Abundante



Con el miércoles de ceniza los hombres y mujeres del mundo católico iniciamos un tiempo de preparación a la celebración de la mayor confesión de fe y fiesta cristiana: la PASCUA de la RESURRECCIÓN de JESUCRISTO.

La RESURRECCIÓN tiene, desde el origen de esta confesión de fe sobre Jesucristo, por parte de los cristianos, dos significados fundamentales: VIDA NUEVA Y VIDA ABUNDANTE.

Después de muerto Jesús, los primeros discípulos experimentaron una transformación de sus vidas por la que eran los mismos pero eran otros. Son muchos los textos de los evangelios y de todo el Nuevo testamento que muestran cómo TRANSFORMACION/VIDA NUEVA fue la experiencia que permitió y llevó a los primeros cristianos a confesar al Crucificado como EL VIVIENTE de todos los tiempos. Así, por ejemplo, ya no tenían miedos sino que salieron a predicar por el mundo valientemente el evangelio; ahora ya no se experimentaban siervos sino hijos; experimentaron una renovación de su mente, de su criteriología, de su manera de ver a Dios (como Padre) y a los otros (como hermanos); ya no se sentían hombres viejos (apegados a todas las categorías legales/cultuales del Antiguo Testamento) sino hombres NUEVOS, etc.

Dicha TRANSFORMACION y vida nueva, lleva implícita una vida plena, una vida feliz, una vida eterna. Y así lo ponen en labios del mismo Jesús como síntesis de la misión de su proyecto de vida: “He venido para que tengan VIDA y que la tengan en ABUNDANCIA” (Jn 10,10)

Estos dos aspectos fundamentales, en la principal confesión de fe del Credo Cristiano, como quedó dicho, contienen un enorme y esperanzador programa de vida para todo hombre y mujer de buena voluntad y para la sociedad y el mundo que estamos empeñados en construir.

Así, todos hemos de hacer la tarea diaria de ser cada día mejores seres humanos (“metanoia” – “conversión”, lo llama la teología cristiana), la tarea de transformarnos en mejores ciudadanos, cumpliendo cada uno de la mejor manera con el rol profesional y estilo de vida en el que se desempeña. Necesitamos con urgencia padres y madres de familia que hagan de la mejor manera su tarea, lo mismo que estudiantes, deportistas, artistas, médicos, profesionales de todas las áreas del saber, políticos, legisladores, empresarios, militares, líderes de todas las vertientes sociales, etc. Porque mejores seres humanos darán y construirán - como resultado - estructuras sociales más cónsonas con nuestros mejores sueños y anhelos…

Cualquier diagnóstico que hoy se haga – por somero que sea - a nuestras estructuras sociales, culturales, económicas, políticas, etc, dará como resultado la necesidad de un cambio interior en el corazón de cada ser humano, de sus principios, de sus valores, de sus prioridades, de sus perspectivas y de la manera de ver a los otros y al mundo. Del mismo modo, es una constante en los estudios sociales la necesidad de construir sociedad más equitativas, más justas, más solidarias, más pacíficas, más fraternas, es decir, con menores y mínimos niveles de hambre, de inequidad, de miseria, de violencia y de mil formas de muerte.

Es aquí, donde adquiere todo su valor el mensaje central que nos transmite a todos los hombres y mujeres de buena voluntad y a todos los pueblos de la tierra la celebración de la Pascua cristiana por la confesión de fe en el Crucificado-Resucitado. Así, la Pascua cristiana, entonces, es la celebración y “paso” (eso significa la palabra hebrea pascua) de vidas menos plenas a vidas más felices, de la rutina de vidas ancladas en el pasado a vidas y estructuras sociales transformadas, renovadas, llenas, propiciadoras y promotoras de vida abundante.

Que la celebración de la Pascua Cristiana sea la celebración de nuestra cotidiana TRANSFORMACION en mejores hombres y mujeres para lograr espacios sociales llenos de VIDA.