domingo, 29 de diciembre de 2019

Un Año Nuevo para Renovarnos y Renovar




“Año nuevo, vida nueva”, reza un conocido refrán. Porque el inicio de un nuevo año civil es una magnífica oportunidad para revisar, evaluar, enmendar, enderezar, sanar, pasar páginas, perdonarnos y perdonar, olvidarnos y deshacernos de lo viejo y de lo que estorba, reinventar, emprender y volver a empezar…. Una oportunidad para experimentar que podemos renovarnos y recomenzar con nuevas ánimos, ilusiones y energías el camino que nos conduzca a la realización de nuestros mejores anhelos e ideales… Una oportunidad nueva para construir esperanza. Un año nuevo, en definitiva, es una ocasión propicia para hacernos “nuevos” como el año que comienza…

Y nunca tan necesaria esta esperanza de lo “nuevo” como en nuestras actuales circunstancias sociales, nacionales y mundiales. Minuto a minutos, los medios de comunicación nos transmiten noticieros plagados de malas noticias, de noticias desalentadoras sobre la vida de los hombres y de los pueblos: sin sentido de la vida, suicidios, crímenes, conflictos y rompimientos familiares, corrupción en la vida de líderes políticos y religiosos, corrupción en la administración de la cosa pública, negligencia y mala calidad en la administración de los servicios públicos esenciales (salud, vivienda, educación, etc.) empobrecimiento de las mayorías versus el enriquecimiento escandaloso y desbordado de unas élites, conflictos internos nacionales y amenaza de conflictos y guerras entre naciones, carrera armamentista, desengaño electoral y político en muchas naciones por el pésimo desempeño de sus líderes, desesperanza, injustica, mil formas de violencia y de muerte…

¿Qué decir ante este angustioso panorama que, en la realidad cotidiana del mundo y en los noticieros, parece asfixiar los signos de bondad, de verdad, de justicia, de rectitud y de honestidad que también subsisten – quién lo niega – en muchos hombres y en todos los rincones de la tierra?

Que todos tenemos que replantearnos cada día y con mucha seriedad y honestidad: ¿Cuál es el proyecto individual de vida que queremos para cada uno de nosotros? ¿Cuál es el tipo de sociedad que queremos construir y en el que queremos vivir nosotros y los que vienen? ¿Cuál es el tipo de sistema político que anhelamos, que elegimos, que deseamos para nuestros pueblos? ¿Cuál el tipo de sistema económico en el que queremos vivir y con el que queremos disfrutar cada día el don de nuestra existencia humana? Y, muy importante ¿Cuál es el planeta en el que queremos habitar para poderlo entregar, con las mejores condiciones de vida humana posible, a las futuras generaciones?

El fracaso mayoritario y mundial de planes políticos y económicos es rotundo e innegable. También saltan a la vista los alzamientos, reivindicaciones y protestas sociales justas en tantos pueblos y naciones. La brecha entre los pocos que tienen mucho y los muchos que no tienen nada no ha logrado ser ni revertida ni superada. Las amenazas a la paz mundial siguen latentes. El desmesurado crecimiento macro económico de las grandes corporaciones y multinacionales frente a la miseria de muchos. El padecimiento de los millones de hombres y mujeres que, emigrando de sus terruños, buscan un futuro mejor nos cerca y nos acosa por todos lados. El hambre de millones contra el confort indiferente de unos pocos. El manejo mentiroso y corrupto de la propaganda, las elecciones y la agenda de la política y de los políticos. La inequidad, las injusticias y las violencias diseminadas por todo el orbe evidencian nuestros fracasos, egoísmos y frustraciones sociales y, al mismo tiempo, ponen de presente nuestros mayores retos y más grandes desafíos.

Y en el fondo de todo lo anteriormente enunciado subyace, en la praxis, en la cotidianidad y en las relaciones de nuestras vidas individuales, la ausencia de los valores más elementales y profundos del ser humano y una falta de autoridad, de transparencia y coherencia  entre lo que creemos y lo que practicamos, entre lo que vivimos y lo que aspiramos. Incoherencia hipócrita que se traduce en instituciones y estructuras sociales corrompidas por la búsqueda desenfrenada egoísta y hedonista de placer, la codicia y la ambición a toda costa por el tener y el ansia de poder para aplastar y reprimir los mejores ideales del ser humano.

Qué tenemos qué hacer? ¿Hacia donde tenemos que caminar juntos y aunando los mejores esfuerzos y esperanzas de todos? Ha llegado el momento de cambiar estereotipos y modelos sociales que ya no funcionan porque producen los frutos y las circunstancias adversas por inhumanas y catastróficas ya mencionadas. Ha llegado el momento de anteponer el bien común al bien individual. De anteponer los objetivos y fines comunes (ambientales, sociales y gubernamentales) a las solas ganancias de las grandes empresas y corporaciones financieras. Ha llegado el momento de darle un sí a la vida y a la vida abundante en contra de una cultura de la muerte. Es el tiempo de darle un sí a la solidaridad, a la libertad, a la verdad, a la honestidad, al diálogo, a la participación, a la paz, al respeto por las culturas diferentes y por la naturaleza en contra del individualismo egoísta, del consumismo, de la intolerancia, de la injusticia, de la discriminación, de la marginación, de la corrupción moral y administrativa y de todas las formas de inequidad y violencia.

Si queremos superar los abundantes y muy graves males que azotan y afligen a la comunidad humana actual, hemos de proponernos vivir todos un año nuevo en el que el respeto por la persona y por la vida humana esté por sobre cualquier otro valor o interés, para lograr la construcción de una nueva sociedad y un mundo mejor en el que la ética prime sobre la técnica, el servicio sobre el poder, el trabajador sobre el capital y lo trascendente sobre lo inmanente y pasajero….

Les deseo pues a todos un feliz año nuevo 2020, que será feliz en la medida en que, todos, así lo queramos y lo construyamos!



domingo, 22 de diciembre de 2019

Por Una Navidad Universal


En el mundo cristiano la Navidad constituye una importante celebración, pues se conmemora en ella el nacimiento de Jesús de Nazaret. Pero es, al mismo tiempo, una celebración y conmemoración con carácter universal por el valor y legado histórico que la vida, obra y mensaje de Jesús representa y contiene para toda la humanidad.

Jesús de Nazaret, al que los cristianos confesamos como el Mesías, el Salvador, el Hijo de Dios, el Señor de la Historia, luz del mundo, pan de Vida, buen Pastor, principio y fin de la historia, fue – qué duda cabe – un  hombre único, peculiar o, con palabras de su apóstol Pablo, un hombre “nuevo” y novedoso.

El paso de Jesús por la tierra produjo tal impacto que la historia oficial de la humanidad, la de occidente y la de la casi totalidad de los pueblos de la tierra se cuenta a partir de su nacimiento.

¿Y qué fue lo que hizo Jesús para causar tal impacto en la historia de la humanidad? ¿Qué tiene de grandioso y monumental el relato de su vida para seguir tan vigente a veinte siglos de su nacimiento? Lo impactante y monumental de su existencia consistió sencilla, simple y únicamente en vivir y amar, en vivir para amar, en entender la vida como un don de Dios para servirla – también como regalo - a todos, especialmente a los más débiles, a los empobrecidos, a los “descartados” de nuestra sociedad.

Su experiencia de amor, la donación de su propia vida a todos, brotó del reconocimiento de Dios como Padre de todos y, en consecuencia, del reconocimiento de todos los hombres como hermanos, hijos del mismo Dios, Creador y Padre compasivo y misericordioso.

Un ser humano como nosotros, profundamente humano, este varón israelita, de la tierra de Judá, colonia  - en su momento - del imperio romano – hijo, en condiciones de pesebrera y más tarde de taller de carpintería, de los campesinos José y María, emigrante, siendo niño en Egipto y luego en Nazaret se lanzó hacia sus treinta años de edad por los polvorientos caminos de su patria a predicar lo que – desde su propia experiencia – nos puede hacer felices: vivir el proyecto de hombre que Dios tiene para todo hombre que viene a este mundo, vivir como hijos de Dios y hermanos de todos, amándonos los unos a los otros.

Se juntó con unos amigos pescadores, los que después multiplicaron por el mundo entonces conocido la enseñanza de su maestro el nazareno y la gente lo seguía porque jamás nadie había hablado con su autoridad; es decir, con su coherencia entre lo que predicaba y lo que vivía, entre lo que exigía y lo que entregaba, entre lo que creía y lo que anunciaba…

Ama y amando cura toda clase de enfermedades físicas y espirituales. Los que se encuentran con Él, descubren y se encuentran con el amor de Dios y se sienten aliviados, sanados, liberados, felices, salvados…Pasa haciendo el bien. Vive y predica una vida buena y nueva que brote desde el interior, desde el corazón del hombre, porque entiende que si el hombre es bueno dará frutos buenos… Con sus hechos y palabras novedosas y, por ello, escandalosas, anuncia y denuncia y entra en conflicto con las autoridades de su pueblo y de su tiempo que lo matan en una cruz, del mismo modo que habían muerto los grandes profetas de su pueblo y tal como continúan matando a todos los comprometidos con el hombre y la verdad a lo largo de la historia y en todos los rincones del orbe.

Pero su proyecto de vida no quedó en la tumba y continúo a lo largo ya de veinte siglos de historia siendo reivindicado, seguido y, ojalá,  vivido por quienes se llaman sus discípulos: los cristianos, quienes lo confiesan vivo y resucitado en cuanto presente en la propia vida de cada creyente y en la vida de cada comunidad cristiana fiel a su “evangelio”.

La grandeza, entonces, de la vida de Jesús de Nazaret consiste y coincide paradójicamente con su pequeñez, con la simplicidad de vivir aquello para lo cual fuimos creados: para y por el amor y en realizar extraordinariamente bien la cotidianidad de nuestras existencias haciendo el bien.

Jesús de Nazaret es un hombre libre frente a todo y frente a todos. Es un liberador frente a la ambición y a la codicia, frente al odio y al rencor, frente al qué dirán y a los poderosos, frente al egoísmo y a la mentira, frente a la soberbia y a la hipocresía, frente al servilismo y a la injusticia, frente a la violencia y a la muerte… Un hombre que, con  la confianza, esperanza y dependencia de la vida puesta en Dios vive valiente y sin miedos. Jesús, así y además, es un hombre para los demás…

Por todo lo anterior, la vida de Jesús se constituyó – no sólo para sus discípulos - en modelo de vida,  en “Camino, Verdad y Vida” para todo hombre y mujer de buena voluntad. Frente a la vida y mensaje de Jesús todos nuestros mejores anhelos, nuestras tendencias humanas más profundas, nuestras mejores ansias de bien quedan esclarecidos e iluminados.

Pero, al mismo tiempo, en medio de nuestras actuales y difíciles circunstancias a nivel nacional y mundial, cuánta falta nos hacen hoy hombres y mujeres con la autenticidad de Jesús de Nazaret. Cuánta necesidad tiene el mundo de hombres y mujeres con la autoridad y coherencia de vida del carpintero de Nazaret! Cuánta lejanía y carencia tiene el mundo de hoy de los criterios, principios y valores vividos y predicados por Jesús de Nazaret! Cuán lejos estamos de alcanzar la utopía cristiana de un mundo en el que podamos convivir todos como hermanos! Cuánta falta nos hace vivir en la verdad, en el amor, en la justicia, en el perdón, en la esperanza, en la vida abundante vivida y predicada por Jesús de Nazaret!

La vida de Jesús de Nazaret y su mensaje son, entonces, un referente obligado, una llamada, un camino, una tarea para todos los que anhelamos una existencia feliz y un mundo mejor, en paz, más justo, más vivible, más fraterno, solidario, compasivo y humano.

Por todo lo anterior, Navidad es una gran fiesta, una fiesta cristiana, y una celebración universal, porque el proyecto y mensaje de vida del niñito del pesebre de Belén siguen siendo vigentes, porque hoy los hechos y palabras del nazareno son más necesarios que nunca, en un mundo que clama por justicia, verdad, paz y formas abundantes de vida y humanidad y porque el evangelio del carpintero de Nazaret está por estrenarse. 

¡Feliz Navidad!


 



miércoles, 27 de noviembre de 2019

DAR GRACIAS: Una Actitud y una Conquista permanentes.

En el mes de noviembre de cada año la tradición, cultura y sociedad norteamericana contempla la celebración del día de ACCION DE GRACIAS: “Thanksgiving Day”. En esta fecha, la más querida y la más esperada, la más importante y la más festejada por el pueblo norteamericano hacemos memoria de un hecho histórico fundacional de los Estados Unidos como Nación: la primera cosecha y comida compartida por nativos y peregrinos, en el año 1621.  La evocación de este hecho histórico sirve de pretexto a todos los que habitamos este País para viajar y congregarnos en familia y con nuestros seres más queridos, para regalarnos, para alegrarnos, para compartir el pan, pero, sobre todo, para DAR GRACIAS por todo cuanto somos y tenemos. 

Y en la oportunidad para DAR GRACIAS, en esta parada, reunión y fiesta anual que, como Nación, hacemos para AGRADECER reside la importancia y validez de esta celebración. Es una celebración que nos convoca a una ACCION DE GRACIAS para ser felices. 

Porque la vocación primera y la búsqueda primordial e incesante del ser humano es la de ser feliz y sólo quien es capaz de agradecer, de vivir encontrando motivos en la cotidianidad para agradecer logra ser feliz. Por eso, el día de ACCION DE GRACIAS es un día para la felicidad, es un día en el que nos sentimos y somos felices, porque es un día para evocar, colectar y poner de manifiesto todos los motivos que tenemos para agradecer, todos los motivos por los que somos felices.

Pero la gratitud no puede circunscribirse o limitarse a un día, a una fecha cada año, porque la vida diaria es ella misma un don, un regalo… por lo que la GRATITUD más que una celebración anual tiene que ser una actitud permanente en el ser y quehacer de cada uno de nosotros en particular y de todos como familia y Nación.

Nos facilita la posibilidad de agradecer, de ser felices, una existencia histórica vista, concebida y vivida con sentido de trascendencia: con la posibilidad de descubrir la vida y todo en la vida como un regalo y presencia del amor de Dios: la posibilidad, en definitiva, de vivir la vida como un espacio-tiempo de bendiciones…. Pero atenta contra la gratitud y por tanto contra nuestra posibilidad de ser felices una vida vivida en la inmediatez que da el dinero, en lo efímero de la compra-venta, en el utilitarismo tangible de la oferta y la demanda, en la materialidad consumista y en el mercantilismo agotador, inmanente y pasajero.

Todos los que aquí vivimos tenemos muchos motivos para agradecer y ser felices. Porque todo lo bueno que somos, tenemos y nos acontece es para agradecerlo y lo menos bueno para aprender de ello y seguir adelante. Nuestras vidas, nuestras familias, nuestros seres queridos, nuestra salud, nuestras oportunidades educativas y laborales, nuestros sueños y metas, nuestros esfuerzos cotidianos y nuestros logros personales y comunitarios reflejados en la grandeza de esta Nación y en la calidad de vida que podemos disfrutar… todos estos son motivos cotidianos para agradecer, para vivir en una actitud permanente de agradecimiento.

Pero no ignoramos y todos sabemos que aquí y en la humanidad entera hay mucho por mejorar, mucho por humanizar, muchos motivos para el dolor, la angustia y el sufrimiento, muchas experiencias de injusticia de violencia y de muerte, muchos sueños frustrados y muchas esperanzas fallidas, muchas y muy variadas manifestaciones de mal por el egoísmo humano.

Entonces el día de ACCION DE GRACIAS y todos los días se nos presentan y plantean como una oportunidad para agradecer pero, también y especialmente, como un desafío para ser felices construyendo motivos para agradecer. Así, la gratitud es una actitud y una conquista diarias: una actitud que se conquista.

La gratitud entonces, es una actitud, un desafío y una construcción permanente. El DIA DE ACCION DE GRACIAS nos alegra y nos desafía, nos congrega pero nos envía a construir motivos cotidianos para seguir agradeciendo, para seguir siendo felices… Tenemos muchos motivos para celebrar pero tenemos muchos más razones para continuar viviendo y construyendo a diario y entre todos unas existencias, unas familias, unas relaciones, unas comunidades y unos espacios de vida abundante a nuestro alrededor que nos permitan seguir agradeciendo…

Sin esta búsqueda permanente por la felicidad, por encontrar, construir, dar y ofrecer a otros motivos para DAR GRACIAS el día de acción de gracias no pasa de ser una fecha más del calendario que al día siguiente pasa y se olvida… Porque no puede haber verdadera y autentica ACCION DE GRACIAS cuando todavía hay en el mundo hermanos que sufren y que padecen la carencia de condiciones mínimas para vivir, creer, amar, esperar, agradecer y ser felices…

THANKSGIVING DAY es una fecha patria anual, un día en el calendario para DAR GRACIAS, pero especialmente una celebración para recordarnos que esta ha de ser nuestra actitud permanente: la de ser agradecidos para ser felices y para relanzarnos no a la búsqueda desenfrenada y egoísta de otra fiestecita pasajera más sino a la construcción de un mundo mejor, más justo y más humano; un mundo en el que todos los habitantes de la tierra – no sólo de esta Nación – vivamos y tengamos la oportunidad de celebrar y agradecer…

Feliz día de Acción de Gracias! Happy Thanksgiving Day! Que siempre encuentren y construyan muchos motivos y razones para agradecer y ser felices!

jueves, 26 de septiembre de 2019

Por Una Presencia Hispana en los Estados Unidos Pensada y Bien Liderada

Como una noria, año tras año, nos llega septiembre, mes en el que  celebramos el decretado mes por el gobierno nacional de los Estados Unidos de la Herencia Hispana y, también como una noria y año tras año, nos regocijamos con dicha celebración como reconocimiento a la presencia de los hispanos y de lo hispano en esta Nación.

Y merecemos que se reconozca nuestra presencia en esta sociedad y las contribuciones que con nuestra vida y trabajo cotidiano y por décadas hemos hecho a la construcción de esta gran Nación. Y está muy bien que celebremos, que festejemos, que hagamos desfiles y comparsas, que mostremos nuestros trajes típicos y nuestra alegría, que exhibamos nuestras costumbres y tradiciones y nuestro alborozo. Pero esta ocasión anual tan importante no puede quedarse sólo en manifestaciones externas…. Son muchos los problemas que la humanidad afronta, muchos y muy graves los problemas en los que nuestras naciones de origen se debaten, y muchos y también muy graves los problemas que los hispanos enfrentamos en esta coyuntura histórica y política de esta Nación como para desperdiciar la oportunidad de este reconocimiento oficial y nacional a nuestra herencia en esta Nación prestándonos al juego vano de las exterioridades simplistas…

Los hispanos en esta Nación hemos de ser más serios y profundos, menos superficiales, más reflexivos y comprometidos con nuestro presente y nuestro futuro próximo en los Estados Unidos.

Asomo aquí, en estas líneas, algunos de los problemas que deberíamos tomar con seriedad, que deberíamos afrontar con unión y decisión, temas en los que deberíamos detenernos con reflexión y acción para lograr, aquí y ahora, en esta Nación, que nuestra presencia no sea sólo física y simbólica sino presencia fuerte y decisiva. Para que nuestra presencia y herencia en los Estados Unidos no se recuerde sólo un mes al año sino que sea presencia y herencia respetable y respetada, fuerte, unida, solidaria y contundente para la cosecha de nuestras mejores aspiraciones, para la comunidad actual, para los hispanos que vendrán y para las futuras generaciones de hispanos en los Estados Unidos.

El relato ancestral de nuestros orígenes hispanos cuenta que procedemos de la “raza cósmica” de Vasconcelos. Que los hispanos llevamos en la sangre la alquimia de las sangres de la humanidad entera. Que somos, todo al tiempo: negros y blancos, aborígenes e indo-europeos, asiáticos y moros… Somos ecuménicos y católicos en el sentido más literal de las palabras: somos universales. En nuestra mente y corazón caben todos los colores, las formas, las expresiones y las culturas…. Porque somos así, cósmicos, no caben en nuestra mente y corazón las posturas ideológicas, sociales y políticas racistas y discriminatorias. No caben en nuestro modo de ser y hacer el mundo ni los muros ni las divisiones, no caben ni las separaciones ni las segregaciones… No discriminamos a nadie pero tampoco podemos permitir ser discriminados, divididos, separados, rotulados…

Entonces, apelo a la conciencia de la comunidad hispana para que, repito, además de nuestras anuales manifestaciones carnestolendas nos enfoquemos en combatir con hechos y palabras, con votos y leyes, las posturas y prejuicios anti-inmigrantes que hoy padecemos y que sumen a millones de nuestros hermanos y familias hispanas en un sinfín de situaciones que producen enorme sufrimiento…

El comunismo, las guerrillas, las revoluciones internas no son, aquí y ahora,  nuestra amenaza. Nuestros problemas reales, nuestras reales amenazas proceden – entre otros temas y problemas que sería extenso mencionar y argumentar sobre ellos - de la enorme y sin medida corrupción administrativa y política que junto al narcotráfico corroe los cimientos de nuestras naciones de origen y que, como despiadada e inmediata consecuencia, origina mil formas de violencia y muerte, empobrece a millones de latinoamericanos y los obliga a emigrar hacia esta Nación, entre otros destinos, en búsqueda de mejores condiciones de vida.

La solución de todo lo anterior y los logros que urgentemente requerimos para nuestra herencia y presencia hispana en esta Nación exige, en consecuencia, un liderazgo hispano aquí y en nuestras patrias de origen, inteligente y honesto, un liderazgo serio y combativo, generoso y altruista, formado y comprometido con las mejores esperanzas de los latinoamericanos y de los hispanos residentes en esta Nación.

Necesitamos con urgencia líderes que se sintonicen con los hispanos y con lo hispano, formados, inteligentes y conocedores del funcionamiento de esta sociedad norteamericana y de nuestras raíces histórico sociales. Capaces de sintonizar con lo norteamericano y con las necesidades y el bien común al que aspiran los hispanos residentes en esta Nación. Necesitamos con urgencia líderes que sean capaces de conocer y sintonizarse con nuestras frustraciones y anhelos, con nuestras rabias y nuestros valores, con lo mejor de nuestra herencia y lo mejor de esta sociedad norteamericana. Líderes capaces de defender nuestra integración a esta sociedad por encima y en contra de cualquier forma de sumisión, entreguismo o asimilación. Líderes, en fin, combativos para lograr relaciones políticas y diplomáticas más justas, equitativas y respetuosas de esta Nación con nuestras naciones de origen y con nuestra presencia y herencia hispana en los estados Unidos de Norteamérica.

¡Tenemos mucho que pensar y repensar en estas fechas anuales de nuestra herencia hispana! ¡Es mucho lo que hemos hecho, construido y logrado pero mucho más lo que nos falta por construir y lograr!


sábado, 20 de abril de 2019

PASCUA: El PASO de Todos, todos los días…

Pascua de Resurrección es una fiesta esencialmente cristiana. La Pascua cristiana es un tiempo litúrgico de unas seis semanas que va desde el Domingo mayor del año litúrgico católico en el que celebramos la mayor confesión de fe de los cristianos proclamando a Cristo Resucitado y Viviente en la vida de los cristianos y en la comunidad eclesial hasta la solemnidad de Pentecostés.

Aunque se trata de la mayor fiesta litúrgica anual de los cristianos católicos, la celebración de la PASCUA contiene un mensaje universal, es decir, un mensaje válido para todo hombre y mujer de buena voluntad, de cualquier punto geográfico, raza, credo religioso, ideología política, nivel socio-educativo, posición social, etc.

PASCUA es palabra hebrea que significa “PASO”. La celebraban ya los hombres y mujeres del pueblo del Antiguo Testamento conmemorando el “paso” del mar rojo (Cfr. Ex 12-15) por el que quedaron libres de la opresión a la que fueron sometidos durante varios siglos por el pueblo egipcio.

La continuaron celebrando (Cfr. Mt 26,17ss) los hombres y mujeres del Antiguo Testamento convertidos, ahora, al cristianismo, pero con un nuevo contenido y significado: el triunfo y “paso” de la vida sobre la muerte, la victoria y “paso” del bien sobre el pecado en la persona de Jesucristo, a quien mataron colgándolo de un madero (Cfr. Hc 5,30).

Ahora los primeros cristianos lo experimentan, confiesan y predican como Viviente (Mt 28,6) en medio de ellos, por el “paso” que estos mismos primeros discípulos hacen de lo viejo a lo nuevo (2 Cor 5,17), del egoísmo al amor, de los que son capaces de reconocerse hermanos como hijos del mismo Dios y Padre, (Gal 4,6), de la tristeza a la alegría (Jn 20,1-18), de la incredulidad a la paz (Jn 20,27), de la cobardía a la valentía, de la vida en solitario a la existencia capaz de compartir el pan con los otros (Lc 24,13.35), de la opresión de la vida vivida según la ley a la vida vivida como servicio y entrega libre y generosa hacia los demás (Mt 16,25), especialmente a los más necesitados (Mt 25,31ss).

Así lo entendieron, lo vivieron y lo teologizaron,  en su momento, hombres como Pablo de Tarso o como Juan el Apóstol cuando escribieron que la pascua consiste en la renovación de la mente (Rm 12,2) o en el “paso” de la muerte a la vida, si nos amamos los unos a los otros (1 Jn 3,14ss).

Basta ver y escuchar las noticias que nos dan los medios de comunicación y las redes sociales para que nos resulten evidentes a todos los hondos problemas y las tan graves crisis y conflictos que hoy afronta la humanidad entera en todas las instituciones que conforman la sociedad y en todos sus estamentos.

Son conflictos que tocan y tienen que ver con el propio individuo, con la familia, con la sociedad, con las relaciones internacionales, etc…

Problemas, conflictos y crisis que se manifiestan en la pérdida de valor y sentido para vivir, en la soledad de muchos, en el uso de sustancias psico-adictivas, en el resquebrajamiento de los valores, de la permanencia y solidez de la estructura familiar (divorcios, uniones de hecho, infidelidades, falta de compromiso en la pareja, inestabilidad laboral.

Falta de seguridad social para la familia en muchos países, conflictos intergeneracionales entre padres e hijos, etc.); corrupción administrativa, carencia de servicios públicos, desempleo, pérdida del prestigio, liderazgo y credibilidad de las instituciones religiosas rectoras de valores morales y sociales. Falta de oportunidades sociales para llevar una vida personal y familiar digna, merma en la calidad de los niveles educativos, búsqueda de realización personal y social mediante el placer hedonista y pan-sexualista, mediante el tener, egoísta y materialista como valor supremo y mediante el poder abusivo y atropellador.

Escandalosas formas de inequidad social, injusticias, mil formas de violencia y de muerte, narcotráfico, carrera armamentista, explotación y daños irreversibles a los ecosistemas, conflictos bélicos internos y entre naciones, hambrunas, epidemias y pandemias, relativismo moral según el cual nada vale o todo vale por igual y una carencia total del sentido existencial de la trascendencia.

Este elenco de males personales, familiares, sociales, nacionales y mundiales son apenas las manifestaciones de un mal mayor: el mal que habita al interior del hombre, en el propio corazón del ser humano (Cfr. Mc 7,21ss).

La crisis de estructuras es primero y sobre todo crisis de hombres y mujeres. Los frutos podridos de nuestra convivencia humana y de nuestras sociedades son producto de árboles malos, con la savia enferma. Porque “el árbol se conoce por sus frutos…”(Mt 7,15ss).

Las primeras y más profundas causas de nuestro malestar personal y social hay que buscarlas en vacíos, carencias y pérdidas al interior del espíritu humano. Porque hemos crecido en ciencia, en técnica, en tecnología, en capacidad de telecomunicarnos, en la globalización de los mercados y en la acumulación de grandes capitales y de estilos de vida llenos de lujo y confort, pero hemos decrecido en los grandes principios y valores que definen el espíritu esencial, intrínseco, connatural del ser humano, es decir, todo aquello que nos hace verdaderamente “humanos”.

PASCUA tiene un mensaje y un llamamiento a todos para cambiar y renovar, desde dentro, todo lo que hay en nosotros por mejorar. PASCUA es un tiempo propicio para que – haciendo un alto en el camino – empecemos de nuevo. Para que pasemos, con terminología paulina, del hombre viejo al hombre nuevo (Cfr. Col 3,10).

Hoy, las mayores urgencias de nuestra sociedad y de la humanidad entera exigen, de cada ser humano, una experiencia “pascual”, es decir, una experiencia de “paso” de circunstancias y condiciones inhumanas, infrahumanas o menos humanas a más humanas y más dignas de la persona,
El anhelo de todos, en todo el planeta, de construir mejores sociedades y un mundo mejor, en el que alcancemos la felicidad que incesantemente buscamos, nos desafía a todos a una experiencia pascual cotidiana y permanente: la de ir siendo mejores seres humanos, mejores familias, mejores profesionales, mejores ciudadanos para ir construyendo la utopía apocalíptica de “un cielo nuevo en una tierra nueva” (Cfr. Ap 21,1-8).

Así, la celebración de la PASCUA cristiana no es meramente una celebración litúrgica católica sino un patrimonio de toda la humanidad, una convocatoria a todos y una tarea de todos los días mientras vivimos: ir siendo hombres y mujeres nuevos y renovados, capaces de transformarnos y de transformar en más justas, en más solidarias, en más humanas, nuestras vidas personales y, con ello, nuestras instituciones y nuestras estructuras sociales.

¡FELICES PASCUAS!

sábado, 16 de marzo de 2019

SEIS AÑOS DEL PAPA FRANCISCO



El 13 y 19 de marzo, el mundo católico celebrará seis años de la elección e inauguración del Pontificado de Francisco ocurridas en el año 2013.

Seis años son un buen trecho recorrido para mirar atrás y evaluar lo andado pero, sobre todo, para proyectar el futuro próximo que nos espera y desafía bajo la guía de este hombre, de este cristiano y de este pastor, reconocido como líder espiritual por y para toda la humanidad.

Algo de su Perfil…
Su pontificado ha causado admiración y a nadie ha dejado indiferente, bien por el novedoso perfil de su genuina personalidad como ser humano y como Papa o bien por los temas, acentos y énfasis de su ministerio Petrino.

Porque Francisco es, primeramente, un hombre latinoamericano, un cristiano, un sacerdote jesuita que abrazó y abraza la vida y enseñanzas de Jesús de Nazaret para hacerlas su propia vida y sus propias enseñanzas. Y esta manera de querer vivir auténticamente el evangelio de Jesucristo, de manera sencilla, transparente y sin poses, no es ajena ni escapa al asombro y admiración de todos, dentro y fuera de la Iglesia Católica.

Su propio temperamento y su vida como cristiano lo convierten, además, en un hombre y pastor cercano, sencillo, humilde, en uno como nosotros. Jorge Mario Bergoglio es, como hombre y como Papa, un ser cotidiano, sencillo y auténtico en sus palabras y gestos, en los temas que trata, en sus actitudes y en su modo de comunicarse y acercarse a todos…

Su manera de ser y estar en la Iglesia y en el mundo lo muestran como un hombre conservador en su doctrina pero progresista en sus actitudes y enfoques; como un buen pastor, acogedor, compasivo e incluyente y no excluyente (por ejemplo en su acercamiento al puesto de las mujeres y de los homosexuales en la vida de la Iglesia) y como un Papa que tiene, quiere y propone una nueva manera de entender las formas de gobierno al interior de la Iglesia hasta aparecer y presentarse él mismo como “anticlerical”.

Sus Retos y Respuestas…
Devolver la confianza y la credibilidad del mundo y de los fieles católicos en la Iglesia Católica, en sus jerarquías, en sus instituciones, y en su mensaje es, sin duda, el gran reto que afronta la Iglesia en tiempos del gobierno del Papa Francisco. Y esto, porque el Pontificado de Francisco está siendo desafiado por importantes temas y problemas – al interior y exterior de la Iglesia - que hay que afrontar y resolver para la vida y el ser y quehacer de la Iglesia en el mundo.  
A dichos problemas y retos Francisco ha respondido poniendo la cara, sin aspavientos ni mucho ruido, pero sí, con toda la determinación y seriedad que dichos desafíos demandan del Jefe y Guía de la Iglesia Universal.

A continuación, enumero brevemente los que a mi parecer son esos grandes desafíos que tiene el Pontificado de Francisco y las respuestas que el Papa ha venido dando en cada caso durante sus seis años de Pontificado.

En primer lugar, urge que la Iglesia Católica, sus autoridades, especialmente en la persona de su jefe y guía universal, se posicione y lidere posturas en los grandes temas que interesan a la misma Iglesia y a la entera humanidad. Urge que la luz “no se quede debajo de las camas sino que alumbre a todos los que están en casa”. Urge que la luz “brille en medio de las tinieblas”. Urge que la predicación de la Iglesia salga de las sacristías para iluminar el camino de todos los hombres y mujeres de buena voluntad en los grandes temas, de toda índole, de la existencia humana y de la vida en sociedad.

Respondiendo a este desafío, Francisco, como hombre latinoamericano, conocedor de primera mano de los distintos clamores, angustias y rostros que tienen los gravísimos problemas sociales que el hombre de hoy padece y desde las primeras horas de su Pontificado, ha pedido a la Iglesia “salir hacia las periferias”. Lo que significa e implica, no sólo salir hacia las periferias geográficas sino también y sobre todo hacia los temas centrales del mundo y de toda la humanidad que la Iglesia, quizá, convirtió en periféricos.… Pero además, Francisco, en todos sus mensajes, se muestra interesado por los problemas cotidianos y de toda índole en medio de los cuales viven los seres humanos con la certeza y convicción de que el evangelio de Jesús puede iluminar y esclarecer la existencia de todo el hombre y de todos los hombres, con su misterio, sus problemáticas, sus luces y sombras (Cfr. GS 22). La apertura de Francisco a todo tema que interese a todos ha quedado demostrada, además, en sus múltiples viajes, mensajes y encuentros con líderes políticos y religiosos del mundo entero.

En segundo lugar, Francisco ha empeñado gran parte de estos seis años de su Pontificado en una gran reforma al interior de la Iglesia que parta desde el seno mismo de la organización del Estado Vaticano y, en concreto, de la Curia Romana, de sus dicasterios, de su organigrama, de las cuentas, etc. Con la convicción de que el testimonio empieza por casa, Francisco nombró desde el inicio de su Pontificado una comisión de Cardenales encargados de dicha reforma como sus consultores y consejeros inmediatos. Reforma que no ha sido fácil para el Papa por las resistencias que, en el seno mismo de la vida Vaticana, han surgido y se han evidenciado.

Un tercer desafío, el más mediático de todos, tiene que ver con los escándalos que, en materia sexual, vienen minando la credibilidad de la Iglesia, especialmente por abusos sexuales cometidos contra menores (pederastia) por parte de ministros ordenados y de hombres y mujeres consagrados (obispos, presbíteros, religiosos y religiosas). Crímenes sexuales cometidos, una inmensa mayoría de ellos décadas atrás y otros muchos en tiempos recientes, que hoy salen a la luz pública gracias a las denuncias, al pago de demandas y, sobre todo, a la inmediatez de los acontecimientos en que hoy vivimos debido a la comunicación por los medios y las redes sociales. 

En ésta, como en las materias más importantes de la vida de la Iglesia, Francisco ha tomado las riendas, ha puesto la cara y las cartas sobre la mesa para que se discuta y ventile el tema sin tapujos ni miedos. El gobierno del Papa Francisco ha tomado decisiones drásticas, ha legislado, se ha encontrado personalmente con las víctimas, ha pedido perdón, ha castigado, ha reducido a muchos clérigos a la vida laical, ha decretado tolerancia cero, pero – sobre todo – ha denunciado la hipocresía de nuestra actual vida en sociedad en la que priman el hedonismo y la pansexualidad. Sociedad pansexualista y libertina en materia sexual en la que nacen, se forman y de la que provienen también los sacerdotes y religiosos y que después se rompe las vestiduras por los crímenes sexuales – de toda índole – que ocurren a diario por centenares en el mundo entero y que son cometidos no sólo por clérigos sino por hombres y mujeres de todas las condiciones y estados de vida.

Por último: todo lo anterior, configura un desafío más y no menos importante para la Iglesia Católica: la actual y creciente desbandada y/o caída en el número de fieles católicos que se registra en todas las latitudes, debido - en la mayoría de los casos - a las problemáticas antes enunciadas. Francisco es consciente de ello y con su personalidad, sus acentos, su vida y su Pontificado propende, sobre todo, por una vida cristiana y eclesial según la cual la autenticidad y calidad del catolicismo y del discipulado de Cristo por parte de los creyentes prime sobre la cantidad; y que la cantidad sea una resultante del testimonio y del seguimiento auténtico de Cristo por parte de los cristianos.

Que Dios bendiga a Francisco para que, con la autoridad y autenticidad humana y cristiana mostrada en estos seis años de Pontificado, continúe guiando la vida de la Iglesia e iluminando el camino de toda la humanidad por muchos años.