viernes, 21 de enero de 2022

LA PALABRA DE DIOS y nuestras palabras

Es vasto el magisterio de la Iglesia Católica sobre el valor de la Palabra de Dios, contenida en la Sagrada Escritura, en la vida cristiana y, concretamente,  muy rico y extenso el magisterio que en sus – ya casi - nueve años de pontificado ha regalado a la vida actual de la Iglesia y del mundo el Papa Francisco sobre este mismo tema, de lo cual me permito subrayar los siguientes tres documentos:

  • La Carta Apostólica “Misericordia et misera”, al concluir el jubileo extraordinario de la misericordia del 20 de noviembre del 2016, e la que el Papa expresaba el deseo de que “cada comunidad, en un domingo del Año litúrgico, renovase su compromiso en favor de la difusión, el conocimiento y la profundización de la Sagrada Escritura: un domingo dedicado enteramente a la Palabra de Dios para comprender la inagotable riqueza que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo”. (7)

  • La Carta Apostólica, en forma Motu Proprio “Aperuit Illis” del 30 de septiembre de 2019, en la Memoria litúrgica de San Jerónimo en el inicio del 1600 aniversario de la muerte, con la que el Papa Francisco instituye aquel anhelo: el DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS: “Establezco que el III Domingo del Tiempo Ordinario – que este año se celebra el próximo 23 de enero del 2022 - esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios. Este Domingo de la Palabra de Dios se colocará en un momento oportuno de ese periodo del año, en el que estamos invitados a fortalecer los lazos con los judíos y a rezar por la unidad de los cristianos. No se trata de una mera coincidencia temporal: celebrar el Domingo de la Palabra de Dios expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad”. (3)

  • La Carta Apostólica  “Scripturae sacrae affectus”, en el XVI centenario de la muerte de San Jerónimo, del 30 de septiembre del 2020, con la que nos invitó a todos a “amar lo que San Jerónimo amó”: la Palabra de Dios. Carta con la que – como en su oportunidad escribí – “además de rendir tributo a la vida y obra de este gran ser humano y cristiano, el Papa reafirma la doctrina de la Iglesia Católica sobre la Sagrada Escritura, fuente primordial para la fe y la religión de todos los creyentes en Cristo, de los Católicos y, además, para la experiencia y quehacer humano de todo hombre y mujer de buena voluntad”. Porque en todo su magisterio y, especialmente, con el DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS, “ el Papa Francisco – en sintonía con las grandes reformas hechas, en la Iglesia y para su misión en el Mundo, por el Concilio Ecuménico Vaticano II, nos invita – una vez más – a volver a las fuentes, a beber y alimentar nuestra fe de la fuente primordial de la Revelación de Dios que es Jesús mismo – Verbo del Padre - y sus evangelios y poner en la centralidad de nuestra personal experiencia cristiana y en la vida de toda la Iglesia, de su ser y quehacer, las Sagradas Escrituras”.

En un mundo en el que cada vez intentamos conectarnos más, aunque quizá, paradójicamente, nos comuniquemos menos, con toneladas de palabras, mediante los mensajes que hoy permiten los avances tecnológicos, es posible que la palabra se esté devaluando, que esté perdiendo su humano y original valor y poder, lo cual podría explicar, por ejemplo, el fenómeno de tantos hombres y mujeres que – en medio de tanta telecomunicación – experimentan, al mismo tiempo,  tanta soledad y tanto sufrimiento por el aislamiento. Porque la palabra tiene el poder de comunicar, de aproximarnos, de acercarnos, de darnos a conocer. Por medio de la palabra creamos, construimos, formamos vidas, hacemos conocimiento, instruimos, iluminamos y transformamos nuestras vidas y las vidas de otros. Pero mal usada, manoseada, manipulada y abusada, la palabra también tiene el poder de destruir vidas, de hacer daño, de matar.

El cristiano, el hombre y la mujer que sigue a Cristo ha de conocer y reconocer el inmenso valor de la Palabra que crea y construye como en el relato bíblico de la creación, cuando – por medio de la Palabra – Dios va creando. “Y dijo Dios, hágase…” (Cfr. Gn 1,1ss; Jn 1,1ss) y de la Palabra que revela, que da a conocer: lo que confesamos de Jesús de Nazaret, como Hijo de Dios y Verbo del Padre, porque con todos sus hechos y palabras, ´muestra el rostro compasivo y misericordioso de Dios-Padre: “Quien lo ha visto a Él ha visto al Padre” (Jn 14,9).

Que este DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS sea un espacio y un tiempo para que reflexionemos sobre el valor y papel de la palabra en nuestras vidas y en nuestras relaciones interpersonales cotidianas. Que nos preguntemos si nuestras palabras construyen o destruyen. Que nos preguntemos – en definitiva – si, en nuestra vida diaria, somos conscientes del poder y valor que tiene la palabra. Pero como cristianos, especialmente, hemos de preguntarnos qué palabra o palabras seguimos y si seguimos a LA PALABRA DE DIOS que es CRISTO mismo: Palabra que nos alimenta y sostiene, Palabra que nos fortalece e ilumina nuestras vidas con su vida. Que nos preguntemos si – como discípulos de Cristo, con nuestros hechos y palabras damos a conocer el amor del Padre, si manifestamos con nuestras vidas la bondad de Dios, si cada uno de nosotros somos revelación de Dios, a imagen y semejanza del Hijo. En conclusión, en este DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS y siempre, como creyentes, hemos de preguntarnos por el puesto y valor que damos a la PALABRA DE DIOS en el ser y quehacer de la Iglesia.