lunes, 16 de septiembre de 2013

Constuyendo Hispanidad


Coincidiendo con los festejos por la Independencia de México y terminando con la celebración de “el encuentro de los dos mundos,” entre septiembre y octubre de cada año, celebramos en los Estados Unidos el llamado MES DE LA HERENCIA HISPANA decretado así por el Congreso de esta Nación y por proclama oficial de la Casa Blanca. 

Hablar de la presencia hispana en este País es, en nuestros días, una obviedad. Las cifras así lo confirman y el último Censo Poblacional Nacional nos aproxima a cincuenta y tres millones (cifra oficial del censo julio del 2012) de hispanos residentes en esta Nación, a los que habría que sumar los tres millones de residentes en la Isla de Puerto Rico. 

Y la presencia hispana en la vida de esta Nación no es reciente, es desde siempre. El mundo hispánico estuvo aquí incluso antes de la llegada de los peregrinos, cuando desde 1550 hombre como Pedro Menéndez de Aviles, junto con otros, recorrieron y explotaron a lo largo y ancho el territorio que hoy constituye la Unión Americana y se establecieron en lo que hoy es “La Florida”, antes de que los británicos lo hicieran en Jamestown. Indudablemente, hemos hecho historia en esta Nación, hemos estado presentes en sus grandes gestas y hemos contribuido enormemente al desarrollo de los Estados Unidos.

Por esta presencia tan creciente, tan evidente y de cifras tan abrumadoras, temas tales como el de la inmigración o el de la legalización de inmigrantes indocumentados están hoy en los primeros titulares de los medios de comunicación y entre las principales preocupaciones de las instituciones que dirigen el rumbo de esta Nación. De la misma manera, la existencia de tres senadores de origen hispano en los Estados Unidos, además de treinta representantes también hispanos en el Congreso de los Estados Unidos nos habla de lo innegable de la presencia hispana en la sociedad norteamericana actual. 

Nuestra presencia aquí ya es insoslayable, pero la sola presencia numérica no nos da la autoridad. La autoridad proviene del hecho de ser autores, vale decir protagonistas, y no es simples espectadores, de nuestro propio devenir en el devenir histórico y social de esta Nación. Solo entonces merecemos respeto y reconocimiento. 

No basta con que seamos muchos, no basta con la cantidad, es necesario y urgente la calidad. ES decir, hemos de cualificar nuestra presencia hispana y como hispanos en esta Nación. Además de la cantidad numérica se requiere la calidad de la Comunidad Hispana para la debida inserción (no asimilación) social, religiosa, política, económica, cultural y académica en la vida de este País.

Circunstancias como la celebración del MES DE LA HERENCIA HISPANA, nos brindan la ocasión para internarnos en el conocimiento de nuestro presente, de nuestros retos actuales y para avizorar, de la manera más adecuada nuestro futuro como comunidad Hispana en la Unió Americana. 

Necesitamos cuestionarnos y cuestionar situaciones, entre otras tantas, tales como:
  • La falta de un debate adecuadamente liderado, organizado, razonado, razonable, respetuoso, equitativo, solidario y justo sobre el tema migratorio.
  • Que sentido y significación tiene nuestra presencia en la situación de guerra que vive el País y en la que cientos de jóvenes hispanos han ofrendado sus vidas.
  • Que relación tienen nuestro enorme poder de compra (novecientos billones de dólares al ano) con nuestros niveles de presencia competente y competitiva, además del reconocimiento en el mundo económico y comercial de los Estados Unidos.
  • A sabiendas de que en la niñez y en la Juventus esta el porvenir, es muy preocupante el alto índice de deserción escolar entre los niños y jóvenes hispanos en los Estados Unidos, al tiempo que un alto numero de ellos se sumergen en el mundo de las bandas delincuenciales, el uso de las drogas y el alcoholismo, además de otras formas de evasión y vicio.
  • Pero que y a pesar de medianos o altos niveles de preparación académica en terrenos teóricos o empíricos de un buen numero de hispanos, los estándares de vida – en términos generales – de la Comunidad Hispana en esta Nación, permanecen bajos y preocupantes.
  • Por que y a pesar del crecimiento en números de los hispanos que ingresan a los diferentes niveles de gobierno en esta Nación, la comunidad Hispana permanece carente de reconocimiento y de presencia en los niveles definitorios de los destinos de los Estados Unidos.
  • además, la masiva inmigración de jóvenes provenientes de nuestros países sin ninguna o muy poca preparación académica para el ingreso en el mundo laboral de esta Nación, que ha abrazado el consumismo y el tecnicismo como sus mayores banderas, los convierte en presa fácil del materialismo y de una vida vivida sin valores altruistas o trascendentes, llena de ideales truncados. Por lo que nuestra niñez y juventud vienen a ser caldo de cultivo y nicho apetecido por quienes trafican con las miserias humanas.
  • En nuestra presencia aquí y ahora como Comunidad Hispana, donde están nuestros mejores y mas originarios valores históricos, religiosos y culturales aprendidos de nuestras raíces históricas y culturales latinoamericanas tales como el humanismo cristiano, y concretamente católico, que nos exige descubrir en cada ser humano a un hijo de Dios, a un hermano nuestro y a un señor de la naturaleza y de la historia?

La tarea hacia el futuro es ardua y exige la participación consciente responsable, cualificada y generosa de todos los hispanos. Hemos de desarrollar el liderazgo que se requiere para relanzarnos como Comunidad protagonista e la construcción del presente y el futuro de esta Nación. Todo lo cual implica mayor educación, mayor preparación y formación, mayor organización y respeto junto a mayores cuotas de comunicación con la cultura dominante en el compromiso de hacer de esta sociedad una sociedad más viable y más humana. Porque aun perviven – aquí y ahora- muchas situaciones de esclavitud o de libertinaje en la Nación que proclama la libertad, aun permanecen muchas situaciones injustas y de injusticias, de atropello a los mas elementales derechos de hombre en la Nación que dice fundamentarse el imperio de el derecho y de la ley, aun constatamos muchas situaciones infrahumanas o inhumanas en una sociedad que predica el respeto por el ser humano.

Los hispanos, necesitamos liderar y protagonizar el surgimiento de una nueva sociedad norteamericana verdaderamente tolerante y fraterna. Sociedad que descubra, por fin, el valor unitario, integral y armónico de todo el Continente Americano; el valor de la unidad americana o “Panamericanidad” por la riqueza que da la diversidad de las diversas naciones, con diversas etnias, historias, lenguas y culturas pero unidas en la misma territorialidad, en la misma tarea de ser felices en el objetivo común de ser pueblos prósperos, mas humanos y humanizados, con menos fronteras y mas solidaridad.

Para que la Comunidad Hispana alcance su mayoría de edad en esta sociedad, necesita hacer una muy profunda reflección sobre su devenir histórico., por lo que, ojala, ocasiones como la celebración de EL MES DE LA HERENCIA HISPANA no se queden y pasen en la exterioridad de unas fiestas sino en el compromiso serio y de todos por construir verdadera, grande y noble “hispanidad” en la vida y desarrollo de esta Nación. Asi, no estemos mas a la deriva y a merced de quienes no nos aceptan, nos explotan o, en el peor de los casos, no quieren sin identidad hispana y totalmente asimilados a la cultura en esta Nación, sin ningún respeto por nuestra herencia. 

Que bueno que exista el MES DE LA HERENCIA HISPANA porque es mucho lo que hemos hecho pero muchos mas lo que nos falta por hacer.



viernes, 2 de agosto de 2013

La Popularidad del Papa en América Latina


Antes de que los Papas Venerable Pablo VI y Beato Juan Pablo II comenzaran a viajar – iniciativa que con el Papa Wojtyła se ha hecho rutina su pontificado – podía uno discutir o interrogarse sobre la popularidad del papa, o el interés que despertaba en los pueblos latinoamericanos. Lejano, situado en otro continente, objeto de una catequesis muy insuficiente, que deja lugar para mitos y prejuicios religiosos, aunque nunca hubo en Iberoamérica  hostilidad o desconfianza en el pueblo con respecto al Papa, uno podía preguntarse, por otra parte, si el sucesor de Pedro no era igualmente objeto de indiferencia.

La reciente visita del Papa Francisco a Rio de Janeiro para celebra la Jornada Mundial del Juventud, donde fue aclamado por más de tres millones de participantes, nos hace reflexionar sobre la figura del papa en el catolicismo latinoamericano.

El viaje de Pablo VI a Colombia (1968), aunque muy breve, ya fue una primera indicación para responder a esa pregunta. El pueblo se vistió de gala, se echo a la calle, y el país se detuvo durante cuatro días.

 El primer viaje de Juan Pablo II fue a México (país en el cual incidentalmente, la Iglesia de Roma no tenía existencia jurídica). Pero el país también tuvo que parar, y la TV estatal tuvo que cubrir íntegramente cada paso de la visita del Santo Padre. Posiblemente la mitad del pueblo Mexicano vio directamente y escucho al papa. Ello implicaba siempre arduos desplazamientos a pie,  y a veces noches de espera. El viaje Papal de México a Puebla demoro el triple de tiempo, pues la carretera, desde el día anterior, quedo aprisionada entre dos murallas humanas. Solo en Monterrey, en el desértico norte, que no es una megapolis, el Papa reunió dos millones de personas (cifra gubernamental).

El caso mexicano (considerada la proporción de habitantes) se ha repetido con características casis exactas, en cada país Latinoamericano que el papa ha visitado. El Papa Benedicto XVI en su dos visitas a América latina, Brasil y Cuba fue ampliamente recibido por el pueblo Católico.

Ningún visitante extranjero en la historia, ningún político local desde la independencia, ninguna concentración deportiva o política o de festejo nacional, de cualquier tipo, a logrado (ni lograra probablemente) un tal poder de convocación. Los sociólogos se preguntan porque, e igualmente los expertos en publicidad, y sobre todo, los desconcertados políticos y gobernantes. Aun algunos teólogos han quedado perplejos. Se han dado casos (en México, sin ir más lejos) donde politólogos y sociólogos han pedido reunirse con sacerdotes, para tratar de entender.

Atribuir la popularidad de Papa en el pueblo Latinoamericana (tan creyente como insuficientemente evangelizado) al “carisma de multitudes” del Papa Polaco es una afirmación que nadie sostiene seriamente. Con Paulo VI paso lo mismo. Tan poco tienen fundamento sostener que el pueblo adhiere a un Papa más que otro, y que este circunstancialmente, le gusta más. La experiencia dice que el pueblo Latinoamericano – los cristianos corrientes – no tiene ni referencias ni formación eclesiástica, ni interés alguno en evaluar a sus papas. Eso queda para las elites en Latinoamérica, que en América latina también salen a la calle para acoger el papa de turno. Se trata de la popularidad del papa como tal.

¿Qué responder a esos perplejos sociólogos y politólogos?

La respuesta es compleja. Envuelve factores psicosociales, ciertamente, pero el factor clave es el religioso. El olvido de la fuerza convocatoria del dinamismo religioso es la causa principal del desconcierto de los expertos. Por de pronto, el pueblo latinoamericano es más o menos Cristiano, y a todo cristiano le interesa compartir con el papa, y acoge la ocasión de hacerlo como algo extraordinario, una vez en la vida, que no puede perderse. Agreguemos a esto los rasgos propios del catolicismo “popular” latinoamericano. Un catolicismo expresivo, gustoso de actos comunitarios y multitudinarios. Un catolicismo de lo tangible y de lo simbólico. Y el papa (aparte de su contenido eclesiológico y doctrinal, que el pueblo a menudo no conoce) es un símbolo religioso viviente de primera magnitud. Un teólogo diría que es el sacramento de la unidad de la iglesia y de la sucesión apostólica; el pueblo lo ve en otros términos. En su intuición religiosa, el papa para él es el “hombre de Dios” por antonomasia, es la concentración de la religión y de lo sagrado.  “Ir a ver al papa” para él, es un sacramento; ello es coherente además con la tendencia itinerante de su práctica religiosa.

Al factor religioso, fundamental, hay que agregar otros factores, no siempre separables de él, dada a la unidad en la religiosidad Iberoamérica entre fe y cultura.

Ciertamente que no hay que menospreciar el elemento de novedad y contagio en el entusiasmo colectivo que siempre se produce en las visitas del sucesor de Pedro. Pero hay también otros factores más profundos en el pueblo latinoamericano y del tercer mundo en general. El papa es un líder religioso que habla al pueblo no solo de Dios, si no de sus vidas y problemas humanos, sociales y aun políticos.  En la escena contemporánea (mas en el tercer mundo) donde el discurso público y político a perdido crédito, donde la demagogia y la manipulación popular son rutina, y donde la corrupción en el mundo del poder es notoria, la presencia y la palabra del papa viene a ser (además de la consideraciones de fe) una corriente de aire fresco que trae verdad, autenticidad, y esperanza. Se verifica de alguna manera aquello del evangelio que “La ovejas reconocen a su pastor, y reconocen su palabra”… y los distingue de los falsos profetas y a aprovechadores del rebano.

De cierta manera, desde el ángulo sociopolítico, las multitudes que acuden al Papa (muchísimos de ellos pobres, marginados y oprimidos) están indirectamente protestando contras su líderes políticos, financieros y otros, y están expresándose en una experiencia de libertad y dignidad a las cuales aspiran.

¿Entiende el pueblo lo que el papa le dice? Seguramente no todo. Pero el pueblo es intuitivo y conoce con el corazón. Probablemente al ir al Santo Padre busca no tanto doctrina como inspiración religiosa y de liberación humana, y sobre todo una experiencia fuerte de Dios, de aquellas que se conservan para toda la vida, y que justifican, por sí mismas los arduos sacrificios de un viaje papal.



Interesante entrevista en exclusiva al Papa Francisco

¿Cómo se siente? ¿Por qué vive en Santa Marta? ¿Por qué ha renunciado al papa móvil blindado? Curia romana…y muchas más preguntas y respuestas.

 

jueves, 16 de mayo de 2013

Francisco, primer Papa latino, está despertando a los católicos latinos

Representantes de los católicos de origen latino en los Estados Unidos han podido vivir momentos de encuentro, oración y convivencia con el Papa Francisco, pues se han alojado en la Casa de Santa Marta, la actual residencia del pontífice.

Se trataba de algunos de los responsables y delegados de la Asociación Católica de Líderes Latinos (Catholic Association of Latino Leaders, CALL, http://www.hispanicleaders.net), fundados por el arzobispo de Los Angeles, monseñor José Gómez.

Estos católicos de origen hispano, residentes en Estados Unidos, han podido participar en la misa, o en otros momentos de convivencia junto al Papa Francisco,  que como como ha explicado en esta entrevista a Aleteia Mario Paredes, presidente emérito de la CALL, es el primer pontífice latino de la historia.

Mario Paredes, quien, además, es enlace de la Sociedad Bíblica Americana con la Iglesia católica y presidente de la Cámara de Comercio Norteamericana Chilena, recuerda que “hoy la Iglesia católica ha tomado nota de que la mitad del catolicismo radica” en el continente americano, amenazado hoy por la secularización.

Para Paredes, la elección del Papa Jorge Bergoglio implica, ante todo, la catolicidad de la Iglesia: “Tener un Papa latino en la sede de Pedro ya habla de por sí de la riqueza significa ser católico”.

En segundo lugar, el origen argentino de este Papa y el que sea hijo de inmigrantes, “confirma la realidad evangélica de lo que significa evangélicamente ser inmigrante, abrazar una nueva cultura, una nueva realidad”.

Por último, el espíritu profundamente religioso, sincero y espontáneo de este Papa, según Paredes, ayudará mucho a “cimentar la fe de los católicos”, en particular los hispanos.

“Muchos católicos que estaban de alguna manera apartados de la Iglesia, se replantearán su relación con la Iglesia, con su fe, y volverán a la Iglesia gracias a los gestos tan sencillos, tan humildes, pero a la vez tan evangélicos que muestra este Papa”, concluye Paredes.

Los siguientes son enlaces a entrevistas en video sobre este evento:

Haga clic aquí para ver algunas de las fotos de esta visita memorable.

jueves, 17 de enero de 2013

¡Año nuevo, vida nueva!


Llega el 2013. Un año más en el conteo de la historia de la humanidad. Un año más de nuestras historias personales, familiares y sociales. Otro año más de vida y con él una nueva oportunidad para evaluar, replantear, proyectar, empezar de nuevo.

Son muchos los desafíos que nos interpelan y que reclaman lo mejor de cada ser humano y de la humanidad entera para encontrar soluciones, para hacer de este espacio tiempo “un cielo nuevo y una tierra nueva”.

Los conflictos bélicos, las guerras entre naciones y las guerrillas internas, la inequidad económica y las grandes brechas entre los pueblos y hombres que lo tienen todo y de sobra y las inmensas mayorías que no tienen nada, la injusticia social con mil causas y manifestaciones, la desigual oportunidad de acceso a los beneficios sociales, la discriminación en tantos aspectos de la vida social, las fronteras, los movimientos migratorios, la crisis económica global, la corrupción administrativa en los gobiernos y en las empresas públicas y privadas, tantas evasiones en la juventud (drogas, sexo, fama, etc.) el derroche y despilfarro de unos pocos como afrenta a la miseria de tantos, el consumismo y el materialismo que ahogan e impiden una visión trascendente de la vida, el sin-sentido de la sociedad hedonista y pansexualista, la pérdida de valor de la vida humana, la primacía del tener sobre el ser y de lo material sobre las personas, la primacía de la ética y de la técnica sobre la ética y la moral, la búsqueda del poder a toda costa para oprimir y aplastar antes que para servir, el privilegio de la producción y acumulación de riquezas y de capital antes que la búsqueda de una economía mundial solidaria, humana, justa, equitativa y fraterna, el permanente daño a la naturaleza y al planeta, etc… son problemas globales que nos retan, nos interpelan y piden de cada ser humano y de los que nos llamamos “cristianos” respuestas prontas, adecuadas y razonables.

Los cristianos tenemos razones de sobra para celebrar el comienzo de otro año como una oportunidad única para hacer del mundo y de nuestra coyuntura histórica el espacio-tiempo en el que acontezca el reinado de Dios.

Reinado de Dios que sucede cuando deponemos nuestros caprichos e intereses para anteponer la voluntad de Dios que – vivida y enseñada por Jesús – consiste en que nos “amemos los unos a los otros”. Reinado de Dios que es posible cuando nos reconocemos hermanos, hijos del mismo Padre.

El refranero popular dice que “año nuevo: vida nueva”. Esta debería ser nuestra divisa, nuestro propósito, el de todos: el de ir edificando vidas “nuevas”, relaciones interpersonales y  entre pueblos y naciones “nuevas”, para la construcción de “nuevas” instituciones en sociedades “nuevas”.

Que la felicitación con los mejores deseos que por estos días nos ofrecemos nos comprometa a la construcción de un año verdadera, profunda y radicalmente nuevo a nivel personal, familiar y social. FELIZ Y BENDECIDO AÑO NUEVO 2013!

jueves, 20 de diciembre de 2012

¡Feliz Navidad!


"si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón «ilustrada». Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad de Dios. Hemos de seguir el camino interior de san Francisco: el camino hacia esa extrema sencillez exterior e interior que hace al corazón capaz de ver." 
 -- Pope Benedict XVI, December 24, 2011
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 Le deseo una muy feliz Navidad y muchas bendiciones para el Nuevo Año.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Una gran alegría!



Navidad es el tiempo litúrgico con el que los cristianos celebramos, cada año, el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. El nacimiento del humilde hijo de carpintero (Mt 13,55) que partió la historia de la humanidad en dos: años y siglos antes y después de Cristo.

El relato del nacimiento en el evangelio de Lucas, como todo relato humano y – por tanto – como todo relato bíblico, está entretejido con datos históricos y confesiones de fe.

Respecto de los datos históricos, destaca en Lucas el interés por darle un marco espacio-temporal lo más exacto posible al nacimiento del “Salvador”. Así, nos cuenta Lucas, que:

  •  Salió un decreto del Emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero…primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria…”.(Lc 2,1-2)

Más datos históricos del simple pero contundente relato lucano sobre el nacimiento y la infancia de Jesús son sus referencias a:

·        “La ciudad de Nazaret, en Galilea” (Lc 2,4).
·        “Su esposa María, que estaba encinta”(Lc 2,5).
·        “En aquella región había pastores…”(Lc 2,8).

Pero toda la fuerza y la intencionalidad del relato están puestas en las confesiones de fe que la primitiva comunidad cristiana, seno del relato lucano, hace - “a la luz de la pascua” - sobre el niño al que ya confiesan Resucitado, sobre el infante al que ahora confiesan como Señor.

Sobresalen, en el relato lucano, las siguientes confesiones de fe:

·        “De la casa y familia de David” (Lc 2,4)
·        “La ciudad de David que se llama Belén, en Judea”(Lc 2,4)
·   “Un ángel del Señor se les presentó, la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: no temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor” (Lc 2, 9-11)
·     “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”(Lc 2.14)

Después de veinte siglos, aunque las circunstancias sociales, históricas y culturales han cambiado podemos afirmar que nuestro credo es una fe y una religión histórica, con fundamento en hechos acaecidos de manera irrebatible y comprobable en el espacio-tiempo de la historia humana (D.V. 2).

Pero, especialmente, podemos decir que - después de veinte siglos, en el tiempo litúrgico de la navidad, los cristianos nos unimos a las mismísimas confesiones de fe hechas por los primeros cristianos en sus comunidades. También nosotros hoy, como cada día y en cada navidad, confesamos que en el niño “envuelto en pañales y recostado en una pesebrera” nos nació el Salvador, el Mesías, el Señor, “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6), el que llena de sentido la historia de nuestras vidas personal, familiar y socialmente.

Navidad entonces es un tiempo litúrgico con fundamento histórico pero – especialmente – un tiempo de celebración gozosa por la buena noticia y la gran alegría que el nacimiento del Hijo de Dios significó para los primeros cristianos que así lo confiesan en el hermoso relato lucano y para nosotros que así mismo lo confesamos en el aquí y ahora de nuestra historia.

Esta buena noticia, esta gran alegría justifica con creces todas las celebraciones alrededor de la navidad. Por ello: Feliz Navidad!