jueves, 26 de septiembre de 2019

Por Una Presencia Hispana en los Estados Unidos Pensada y Bien Liderada

Como una noria, año tras año, nos llega septiembre, mes en el que  celebramos el decretado mes por el gobierno nacional de los Estados Unidos de la Herencia Hispana y, también como una noria y año tras año, nos regocijamos con dicha celebración como reconocimiento a la presencia de los hispanos y de lo hispano en esta Nación.

Y merecemos que se reconozca nuestra presencia en esta sociedad y las contribuciones que con nuestra vida y trabajo cotidiano y por décadas hemos hecho a la construcción de esta gran Nación. Y está muy bien que celebremos, que festejemos, que hagamos desfiles y comparsas, que mostremos nuestros trajes típicos y nuestra alegría, que exhibamos nuestras costumbres y tradiciones y nuestro alborozo. Pero esta ocasión anual tan importante no puede quedarse sólo en manifestaciones externas…. Son muchos los problemas que la humanidad afronta, muchos y muy graves los problemas en los que nuestras naciones de origen se debaten, y muchos y también muy graves los problemas que los hispanos enfrentamos en esta coyuntura histórica y política de esta Nación como para desperdiciar la oportunidad de este reconocimiento oficial y nacional a nuestra herencia en esta Nación prestándonos al juego vano de las exterioridades simplistas…

Los hispanos en esta Nación hemos de ser más serios y profundos, menos superficiales, más reflexivos y comprometidos con nuestro presente y nuestro futuro próximo en los Estados Unidos.

Asomo aquí, en estas líneas, algunos de los problemas que deberíamos tomar con seriedad, que deberíamos afrontar con unión y decisión, temas en los que deberíamos detenernos con reflexión y acción para lograr, aquí y ahora, en esta Nación, que nuestra presencia no sea sólo física y simbólica sino presencia fuerte y decisiva. Para que nuestra presencia y herencia en los Estados Unidos no se recuerde sólo un mes al año sino que sea presencia y herencia respetable y respetada, fuerte, unida, solidaria y contundente para la cosecha de nuestras mejores aspiraciones, para la comunidad actual, para los hispanos que vendrán y para las futuras generaciones de hispanos en los Estados Unidos.

El relato ancestral de nuestros orígenes hispanos cuenta que procedemos de la “raza cósmica” de Vasconcelos. Que los hispanos llevamos en la sangre la alquimia de las sangres de la humanidad entera. Que somos, todo al tiempo: negros y blancos, aborígenes e indo-europeos, asiáticos y moros… Somos ecuménicos y católicos en el sentido más literal de las palabras: somos universales. En nuestra mente y corazón caben todos los colores, las formas, las expresiones y las culturas…. Porque somos así, cósmicos, no caben en nuestra mente y corazón las posturas ideológicas, sociales y políticas racistas y discriminatorias. No caben en nuestro modo de ser y hacer el mundo ni los muros ni las divisiones, no caben ni las separaciones ni las segregaciones… No discriminamos a nadie pero tampoco podemos permitir ser discriminados, divididos, separados, rotulados…

Entonces, apelo a la conciencia de la comunidad hispana para que, repito, además de nuestras anuales manifestaciones carnestolendas nos enfoquemos en combatir con hechos y palabras, con votos y leyes, las posturas y prejuicios anti-inmigrantes que hoy padecemos y que sumen a millones de nuestros hermanos y familias hispanas en un sinfín de situaciones que producen enorme sufrimiento…

El comunismo, las guerrillas, las revoluciones internas no son, aquí y ahora,  nuestra amenaza. Nuestros problemas reales, nuestras reales amenazas proceden – entre otros temas y problemas que sería extenso mencionar y argumentar sobre ellos - de la enorme y sin medida corrupción administrativa y política que junto al narcotráfico corroe los cimientos de nuestras naciones de origen y que, como despiadada e inmediata consecuencia, origina mil formas de violencia y muerte, empobrece a millones de latinoamericanos y los obliga a emigrar hacia esta Nación, entre otros destinos, en búsqueda de mejores condiciones de vida.

La solución de todo lo anterior y los logros que urgentemente requerimos para nuestra herencia y presencia hispana en esta Nación exige, en consecuencia, un liderazgo hispano aquí y en nuestras patrias de origen, inteligente y honesto, un liderazgo serio y combativo, generoso y altruista, formado y comprometido con las mejores esperanzas de los latinoamericanos y de los hispanos residentes en esta Nación.

Necesitamos con urgencia líderes que se sintonicen con los hispanos y con lo hispano, formados, inteligentes y conocedores del funcionamiento de esta sociedad norteamericana y de nuestras raíces histórico sociales. Capaces de sintonizar con lo norteamericano y con las necesidades y el bien común al que aspiran los hispanos residentes en esta Nación. Necesitamos con urgencia líderes que sean capaces de conocer y sintonizarse con nuestras frustraciones y anhelos, con nuestras rabias y nuestros valores, con lo mejor de nuestra herencia y lo mejor de esta sociedad norteamericana. Líderes capaces de defender nuestra integración a esta sociedad por encima y en contra de cualquier forma de sumisión, entreguismo o asimilación. Líderes, en fin, combativos para lograr relaciones políticas y diplomáticas más justas, equitativas y respetuosas de esta Nación con nuestras naciones de origen y con nuestra presencia y herencia hispana en los estados Unidos de Norteamérica.

¡Tenemos mucho que pensar y repensar en estas fechas anuales de nuestra herencia hispana! ¡Es mucho lo que hemos hecho, construido y logrado pero mucho más lo que nos falta por construir y lograr!


sábado, 20 de abril de 2019

PASCUA: El PASO de Todos, todos los días…

Pascua de Resurrección es una fiesta esencialmente cristiana. La Pascua cristiana es un tiempo litúrgico de unas seis semanas que va desde el Domingo mayor del año litúrgico católico en el que celebramos la mayor confesión de fe de los cristianos proclamando a Cristo Resucitado y Viviente en la vida de los cristianos y en la comunidad eclesial hasta la solemnidad de Pentecostés.

Aunque se trata de la mayor fiesta litúrgica anual de los cristianos católicos, la celebración de la PASCUA contiene un mensaje universal, es decir, un mensaje válido para todo hombre y mujer de buena voluntad, de cualquier punto geográfico, raza, credo religioso, ideología política, nivel socio-educativo, posición social, etc.

PASCUA es palabra hebrea que significa “PASO”. La celebraban ya los hombres y mujeres del pueblo del Antiguo Testamento conmemorando el “paso” del mar rojo (Cfr. Ex 12-15) por el que quedaron libres de la opresión a la que fueron sometidos durante varios siglos por el pueblo egipcio.

La continuaron celebrando (Cfr. Mt 26,17ss) los hombres y mujeres del Antiguo Testamento convertidos, ahora, al cristianismo, pero con un nuevo contenido y significado: el triunfo y “paso” de la vida sobre la muerte, la victoria y “paso” del bien sobre el pecado en la persona de Jesucristo, a quien mataron colgándolo de un madero (Cfr. Hc 5,30).

Ahora los primeros cristianos lo experimentan, confiesan y predican como Viviente (Mt 28,6) en medio de ellos, por el “paso” que estos mismos primeros discípulos hacen de lo viejo a lo nuevo (2 Cor 5,17), del egoísmo al amor, de los que son capaces de reconocerse hermanos como hijos del mismo Dios y Padre, (Gal 4,6), de la tristeza a la alegría (Jn 20,1-18), de la incredulidad a la paz (Jn 20,27), de la cobardía a la valentía, de la vida en solitario a la existencia capaz de compartir el pan con los otros (Lc 24,13.35), de la opresión de la vida vivida según la ley a la vida vivida como servicio y entrega libre y generosa hacia los demás (Mt 16,25), especialmente a los más necesitados (Mt 25,31ss).

Así lo entendieron, lo vivieron y lo teologizaron,  en su momento, hombres como Pablo de Tarso o como Juan el Apóstol cuando escribieron que la pascua consiste en la renovación de la mente (Rm 12,2) o en el “paso” de la muerte a la vida, si nos amamos los unos a los otros (1 Jn 3,14ss).

Basta ver y escuchar las noticias que nos dan los medios de comunicación y las redes sociales para que nos resulten evidentes a todos los hondos problemas y las tan graves crisis y conflictos que hoy afronta la humanidad entera en todas las instituciones que conforman la sociedad y en todos sus estamentos.

Son conflictos que tocan y tienen que ver con el propio individuo, con la familia, con la sociedad, con las relaciones internacionales, etc…

Problemas, conflictos y crisis que se manifiestan en la pérdida de valor y sentido para vivir, en la soledad de muchos, en el uso de sustancias psico-adictivas, en el resquebrajamiento de los valores, de la permanencia y solidez de la estructura familiar (divorcios, uniones de hecho, infidelidades, falta de compromiso en la pareja, inestabilidad laboral.

Falta de seguridad social para la familia en muchos países, conflictos intergeneracionales entre padres e hijos, etc.); corrupción administrativa, carencia de servicios públicos, desempleo, pérdida del prestigio, liderazgo y credibilidad de las instituciones religiosas rectoras de valores morales y sociales. Falta de oportunidades sociales para llevar una vida personal y familiar digna, merma en la calidad de los niveles educativos, búsqueda de realización personal y social mediante el placer hedonista y pan-sexualista, mediante el tener, egoísta y materialista como valor supremo y mediante el poder abusivo y atropellador.

Escandalosas formas de inequidad social, injusticias, mil formas de violencia y de muerte, narcotráfico, carrera armamentista, explotación y daños irreversibles a los ecosistemas, conflictos bélicos internos y entre naciones, hambrunas, epidemias y pandemias, relativismo moral según el cual nada vale o todo vale por igual y una carencia total del sentido existencial de la trascendencia.

Este elenco de males personales, familiares, sociales, nacionales y mundiales son apenas las manifestaciones de un mal mayor: el mal que habita al interior del hombre, en el propio corazón del ser humano (Cfr. Mc 7,21ss).

La crisis de estructuras es primero y sobre todo crisis de hombres y mujeres. Los frutos podridos de nuestra convivencia humana y de nuestras sociedades son producto de árboles malos, con la savia enferma. Porque “el árbol se conoce por sus frutos…”(Mt 7,15ss).

Las primeras y más profundas causas de nuestro malestar personal y social hay que buscarlas en vacíos, carencias y pérdidas al interior del espíritu humano. Porque hemos crecido en ciencia, en técnica, en tecnología, en capacidad de telecomunicarnos, en la globalización de los mercados y en la acumulación de grandes capitales y de estilos de vida llenos de lujo y confort, pero hemos decrecido en los grandes principios y valores que definen el espíritu esencial, intrínseco, connatural del ser humano, es decir, todo aquello que nos hace verdaderamente “humanos”.

PASCUA tiene un mensaje y un llamamiento a todos para cambiar y renovar, desde dentro, todo lo que hay en nosotros por mejorar. PASCUA es un tiempo propicio para que – haciendo un alto en el camino – empecemos de nuevo. Para que pasemos, con terminología paulina, del hombre viejo al hombre nuevo (Cfr. Col 3,10).

Hoy, las mayores urgencias de nuestra sociedad y de la humanidad entera exigen, de cada ser humano, una experiencia “pascual”, es decir, una experiencia de “paso” de circunstancias y condiciones inhumanas, infrahumanas o menos humanas a más humanas y más dignas de la persona,
El anhelo de todos, en todo el planeta, de construir mejores sociedades y un mundo mejor, en el que alcancemos la felicidad que incesantemente buscamos, nos desafía a todos a una experiencia pascual cotidiana y permanente: la de ir siendo mejores seres humanos, mejores familias, mejores profesionales, mejores ciudadanos para ir construyendo la utopía apocalíptica de “un cielo nuevo en una tierra nueva” (Cfr. Ap 21,1-8).

Así, la celebración de la PASCUA cristiana no es meramente una celebración litúrgica católica sino un patrimonio de toda la humanidad, una convocatoria a todos y una tarea de todos los días mientras vivimos: ir siendo hombres y mujeres nuevos y renovados, capaces de transformarnos y de transformar en más justas, en más solidarias, en más humanas, nuestras vidas personales y, con ello, nuestras instituciones y nuestras estructuras sociales.

¡FELICES PASCUAS!

sábado, 16 de marzo de 2019

SEIS AÑOS DEL PAPA FRANCISCO



El 13 y 19 de marzo, el mundo católico celebrará seis años de la elección e inauguración del Pontificado de Francisco ocurridas en el año 2013.

Seis años son un buen trecho recorrido para mirar atrás y evaluar lo andado pero, sobre todo, para proyectar el futuro próximo que nos espera y desafía bajo la guía de este hombre, de este cristiano y de este pastor, reconocido como líder espiritual por y para toda la humanidad.

Algo de su Perfil…
Su pontificado ha causado admiración y a nadie ha dejado indiferente, bien por el novedoso perfil de su genuina personalidad como ser humano y como Papa o bien por los temas, acentos y énfasis de su ministerio Petrino.

Porque Francisco es, primeramente, un hombre latinoamericano, un cristiano, un sacerdote jesuita que abrazó y abraza la vida y enseñanzas de Jesús de Nazaret para hacerlas su propia vida y sus propias enseñanzas. Y esta manera de querer vivir auténticamente el evangelio de Jesucristo, de manera sencilla, transparente y sin poses, no es ajena ni escapa al asombro y admiración de todos, dentro y fuera de la Iglesia Católica.

Su propio temperamento y su vida como cristiano lo convierten, además, en un hombre y pastor cercano, sencillo, humilde, en uno como nosotros. Jorge Mario Bergoglio es, como hombre y como Papa, un ser cotidiano, sencillo y auténtico en sus palabras y gestos, en los temas que trata, en sus actitudes y en su modo de comunicarse y acercarse a todos…

Su manera de ser y estar en la Iglesia y en el mundo lo muestran como un hombre conservador en su doctrina pero progresista en sus actitudes y enfoques; como un buen pastor, acogedor, compasivo e incluyente y no excluyente (por ejemplo en su acercamiento al puesto de las mujeres y de los homosexuales en la vida de la Iglesia) y como un Papa que tiene, quiere y propone una nueva manera de entender las formas de gobierno al interior de la Iglesia hasta aparecer y presentarse él mismo como “anticlerical”.

Sus Retos y Respuestas…
Devolver la confianza y la credibilidad del mundo y de los fieles católicos en la Iglesia Católica, en sus jerarquías, en sus instituciones, y en su mensaje es, sin duda, el gran reto que afronta la Iglesia en tiempos del gobierno del Papa Francisco. Y esto, porque el Pontificado de Francisco está siendo desafiado por importantes temas y problemas – al interior y exterior de la Iglesia - que hay que afrontar y resolver para la vida y el ser y quehacer de la Iglesia en el mundo.  
A dichos problemas y retos Francisco ha respondido poniendo la cara, sin aspavientos ni mucho ruido, pero sí, con toda la determinación y seriedad que dichos desafíos demandan del Jefe y Guía de la Iglesia Universal.

A continuación, enumero brevemente los que a mi parecer son esos grandes desafíos que tiene el Pontificado de Francisco y las respuestas que el Papa ha venido dando en cada caso durante sus seis años de Pontificado.

En primer lugar, urge que la Iglesia Católica, sus autoridades, especialmente en la persona de su jefe y guía universal, se posicione y lidere posturas en los grandes temas que interesan a la misma Iglesia y a la entera humanidad. Urge que la luz “no se quede debajo de las camas sino que alumbre a todos los que están en casa”. Urge que la luz “brille en medio de las tinieblas”. Urge que la predicación de la Iglesia salga de las sacristías para iluminar el camino de todos los hombres y mujeres de buena voluntad en los grandes temas, de toda índole, de la existencia humana y de la vida en sociedad.

Respondiendo a este desafío, Francisco, como hombre latinoamericano, conocedor de primera mano de los distintos clamores, angustias y rostros que tienen los gravísimos problemas sociales que el hombre de hoy padece y desde las primeras horas de su Pontificado, ha pedido a la Iglesia “salir hacia las periferias”. Lo que significa e implica, no sólo salir hacia las periferias geográficas sino también y sobre todo hacia los temas centrales del mundo y de toda la humanidad que la Iglesia, quizá, convirtió en periféricos.… Pero además, Francisco, en todos sus mensajes, se muestra interesado por los problemas cotidianos y de toda índole en medio de los cuales viven los seres humanos con la certeza y convicción de que el evangelio de Jesús puede iluminar y esclarecer la existencia de todo el hombre y de todos los hombres, con su misterio, sus problemáticas, sus luces y sombras (Cfr. GS 22). La apertura de Francisco a todo tema que interese a todos ha quedado demostrada, además, en sus múltiples viajes, mensajes y encuentros con líderes políticos y religiosos del mundo entero.

En segundo lugar, Francisco ha empeñado gran parte de estos seis años de su Pontificado en una gran reforma al interior de la Iglesia que parta desde el seno mismo de la organización del Estado Vaticano y, en concreto, de la Curia Romana, de sus dicasterios, de su organigrama, de las cuentas, etc. Con la convicción de que el testimonio empieza por casa, Francisco nombró desde el inicio de su Pontificado una comisión de Cardenales encargados de dicha reforma como sus consultores y consejeros inmediatos. Reforma que no ha sido fácil para el Papa por las resistencias que, en el seno mismo de la vida Vaticana, han surgido y se han evidenciado.

Un tercer desafío, el más mediático de todos, tiene que ver con los escándalos que, en materia sexual, vienen minando la credibilidad de la Iglesia, especialmente por abusos sexuales cometidos contra menores (pederastia) por parte de ministros ordenados y de hombres y mujeres consagrados (obispos, presbíteros, religiosos y religiosas). Crímenes sexuales cometidos, una inmensa mayoría de ellos décadas atrás y otros muchos en tiempos recientes, que hoy salen a la luz pública gracias a las denuncias, al pago de demandas y, sobre todo, a la inmediatez de los acontecimientos en que hoy vivimos debido a la comunicación por los medios y las redes sociales. 

En ésta, como en las materias más importantes de la vida de la Iglesia, Francisco ha tomado las riendas, ha puesto la cara y las cartas sobre la mesa para que se discuta y ventile el tema sin tapujos ni miedos. El gobierno del Papa Francisco ha tomado decisiones drásticas, ha legislado, se ha encontrado personalmente con las víctimas, ha pedido perdón, ha castigado, ha reducido a muchos clérigos a la vida laical, ha decretado tolerancia cero, pero – sobre todo – ha denunciado la hipocresía de nuestra actual vida en sociedad en la que priman el hedonismo y la pansexualidad. Sociedad pansexualista y libertina en materia sexual en la que nacen, se forman y de la que provienen también los sacerdotes y religiosos y que después se rompe las vestiduras por los crímenes sexuales – de toda índole – que ocurren a diario por centenares en el mundo entero y que son cometidos no sólo por clérigos sino por hombres y mujeres de todas las condiciones y estados de vida.

Por último: todo lo anterior, configura un desafío más y no menos importante para la Iglesia Católica: la actual y creciente desbandada y/o caída en el número de fieles católicos que se registra en todas las latitudes, debido - en la mayoría de los casos - a las problemáticas antes enunciadas. Francisco es consciente de ello y con su personalidad, sus acentos, su vida y su Pontificado propende, sobre todo, por una vida cristiana y eclesial según la cual la autenticidad y calidad del catolicismo y del discipulado de Cristo por parte de los creyentes prime sobre la cantidad; y que la cantidad sea una resultante del testimonio y del seguimiento auténtico de Cristo por parte de los cristianos.

Que Dios bendiga a Francisco para que, con la autoridad y autenticidad humana y cristiana mostrada en estos seis años de Pontificado, continúe guiando la vida de la Iglesia e iluminando el camino de toda la humanidad por muchos años.


sábado, 29 de diciembre de 2018

Año Nuevo…Vida Nueva y Un Mundo Mejor

Fin de año y comienzo del nuevo es época de despedidas y bienvenidas. Es época de buenos deseos y de hacer votos por la prosperidad de los seres queridos y de la entera humanidad. Pero, sobre todo, es tiempo de balances, de buenos propósitos e intenciones….

Cuando termina el año, evaluamos lo cosechado y lo no logrado respecto de los objetivos y metas que nos trazamos para el año que termina… Metas que van desde el plano meramente individual y muy personal hasta las que trascienden fronteras familiares, sociales, raciales, ideológicas y culturales, para abrirse a las mejores intenciones y propósitos por el bien de todos los que habitamos la tierra.

Vivimos, quién lo ignora y quién lo duda, tiempos de profundos cambios y de crisis que a todos nos afectan, nos angustian y nos llenan de incertidumbre respecto del futuro próximo de la vida de cada uno, de nuestros más próximos, de nuestros connacionales y del mundo…

Cambios y crisis que tocan todos los estamentos de la vida del hombre en sociedad y en todo el planeta. Crisis y cambios que tienen que ver con la esfera de lo político, lo económico, lo religioso, lo cultural, lo social, etc… Crisis de estructuras, crisis en las instituciones y en las organizaciones sociales. Hay crisis y cambios en lo tradicionalmente conocido y establecido… Si algo caracteriza nuestro tiempo es la incertidumbre sobre lo que está por venir…

Nadie, ninguno de nosotros, es ni puede ser un espectador pasivo o o ajeno ante lo que pasa en el escenario de la vida del hombre sobre la tierra. Todos somos corresponsables de la historia que vamos construyendo o destruyendo. Somos profundamente solidarios en el bien y en el mal. Ninguna de nuestras palabras y hechos, de nuestras acciones u omisiones deja de tener repercusiones en la cotidiana tarea humana de construir mejores vidas personales, mejores familias, mejor sociedad y mejor mundo….
Un somero análisis de nuestra presente realidad a nivel micro o macro, a nivel personal, familiar, social, nacional o mundial, nos permite reconocer grandes avances y, al tiempo, enormes y muy graves problemas. 

Los avances tienen que ver, en su mayoría,  con el crecimiento en lo material y financiero, con el mundo del mercado, de la ciencia, de la técnica, de la tecnología y de las telecomunicaciones. Pero, lamentablemente, pareciera que a medida que crecemos en lo material decrecemos en los aspectos morales y espirituales. La evidencia de los acontecimientos cotidianos y noticiosos nos alertan sobre el decrecimiento en el mundo de los valores e ideales profundamente humanos que sustenten y promuevan la construcción de un mundo mejor, más justo, más equitativo, más solidario, más compasivo, más fraterno: un mundo como una gran mesa en el que todos tengan derecho al asiento y al compartir en paz y prosperidad.

Deseo, al comienzo de este año nuevo 2019 que todos hagamos conciencia de la importancia que tienen cada una de nuestras muy personales e individuales intenciones, decisiones acciones u omisiones para la construcción de las estructuras e instituciones sociales. Que entendamos, de una vez por todas, que nuestro ser y quehacer cotidiano no es indiferente al destino de toda la humanidad. Que nuestro aporte y granito de arena cuenta y mucho en las cordilleras de bien y de bienestar que hay que construir en la búsqueda de un mejor presente y mejor mañana para todos. Que, a diario, no somos espectadores sino protagonistas de nuestra propia historia de y de la de nuestros próximos.

Porque si nuestros mayores y más graves problemas y crisis tienen que ver con las estructuras sociales carcomidas por la corrupción, ello se debe a la crisis de los hombres que las crean, conforman y sostienen y, más que eso, a la crisis profunda de valores situada en el interior de cada uno de nosotros mismos: crisis en el espíritu del hombre, de los hombres; crisis en el espíritu humano.

Invito, por tanto, a todos a una evaluación honesta sobre los principios, valores, metas e ideales que rigen nuestras actitudes y acciones. Invito a todos en esta época de un año que termina y otro que viene y que esperamos todos con ilusión, para llenarnos de los mejores anhelos, hacer los mejores votos y obrar en consecuencia para para hacer del 2019 un año de mejores logos en la consecución del bien común y de la paz para todos los hombres y todos los pueblos de la tierra.

Es mucho lo que hemos hecho pero mucho más lo que nos falta por hacer. Nuestra historia y destino está en las manos de cada uno. Y nuestro quehacer y accionar cotidiano dependen de lo que moral y genuinamente somos cada uno de nosotros como personas, de nuestros valores e intereses. Y porque nuestras obras reflejan nuestros valores, deseo que todos los días del 2019 nos revelen a cada uno de nosotros como mejores seres humanos y mejores ciudadanos del mundo. Bien lo dice la canción: “Año nuevo, vida nueva, más alegres lo días serán… “FELIZ y PROSPERO AÑO NUEVO!



sábado, 22 de diciembre de 2018

NAVIDAD: UNA LLAMADA…

CHRIST,MANGER,SHEPARDS



Hay hombres y mujeres cuya vida no podemos ignorar. Simón Bolívar, Juana de Arco, Martin Luther King, Marie Curie, Ghandi, Teresa de Calcuta, Marx, Rosa Parks, Edith Stein...  ¿Qué fue lo que hicieron estos hombres y mujeres para causar el impacto que causaron en la historia de la humanidad? Lo que hicieron fue simplemente vivir e hicieron de su vida una llamada…. Entre ellos hay un hombre que produjo el mayor impacto en la historia de la humanidad: JESUS DE NAZARET. Nos encontramos contando 2018 de historia a partir de su nacimiento en la pequeña aldea de Belén. Este acontecimiento es el que marca las fiestas decembrinas en el mundo. Si hay mensajes, luces, regalos, viajes, vacaciones, estrenos, encuentros familiares, música y fiesta es porque celebramos un aniversario más de su nacimiento.

Diciembre, entonces, le recuerda al mundo el nacimiento de Jesús de Nazaret, pero con la celebración de su nacimiento recordamos, sobre todo, sus grandes aportes a la historia de la humanidad y lo que su vida toda, sus hechos y sus palabras contienen y significan no sólo para sus discípulos, los cristianos de todos los tiempos, sino para todo hombre y mujer de buena voluntad.

Así, en primer lugar, toda la vida y obra de Jesús de Nazaret contiene una propuesta, una invitación para todos los seres humanos para la construcción de un mundo mejor mediante el reconocimiento de que somos hermanos, hijos del mismo Dios, a quien enseñados por Ël podemos llamar Padre bueno, compasivo y misericordioso. Reconocimiento, según el cual, podemos alcanzar la felicidad que todos anhelamos amándonos los unos a los otros, sirviéndonos, perdonándonos, compartiendo, solidarizándonos, tolerándonos, entendiéndonos los unos a los otros. Esta propuesta de AMOR choca contra toda forma de egoísmo, de injusticia, de discriminación, de violencia y de muerte. 

La propuesta de Jesús de Nazaret con todo su mensaje y el testimonio de su misma vida son, permanente, una llamada, una invitación y un desafío al mundo entero por hacer de la existencia en la tierra un espacio-tiempo mejor y más amable para todo hombre y mujer que viene a este mundo.

La celebración de la Navidad, del nacimiento de Jesús de Nazaret, por otra parte, nos recuerda y nos marca a todos un derrotero, un camino, una filosofía de vida, una lógica, unos principios, unos valores, un sentido para la vida que normalmente no es ni nuestro camino ni nuestra lógica. Así, mientras vamos construyendo una vida y una sociedad en la que lo importante es tener, aparentar, disfrutar a costa de lo que sea, cuidarnos y protegernos egoístamente, acaparar, acumular, atropellar y aplastar para escalar, para subir, para trepar... Jesús de Nazaret nos recordará siempre otra lógica, otra dirección para la vida de los hombres en la tierra si queremos ser felices: la lógica del pesebre de Belén, de la humildad, del abajamiento, del desprendimiento, de la donación total de la vida, la lógica del servicio al otro, especialmente al más necesitado, hasta las últimas consecuencias, lógica del perdón, la lógica del amor hasta la cruz…

Finalmente, la celebración de la NAVIDAD también nos recuerda a todos – no sólo a los cristianos – la importancia de lo humano, de lo verdaderamente humano. El significado profundo y cristiano de la Navidad contiene y revela a todos esta verdad: a Dios le importan la humanidad y todo lo profundamente humano. En el niño envuelto en pañales y recostado en el pesebre, en el hombre que predicó en Galilea y que lavó los pies de sus discípulos, en el que curó amando y se dio a todos sin medida, en el que entró en conflicto con las estructuras legales y cultuales de su tiempo porque puso por encima de todo el AMOR hasta morir colgado en un madero,  los cristianos confesamos al Hijo de Dios, en todo semejante al Padre, y reconocemos en Él la suma y perfecta revelación de la divinidad de Dios en su humanidad y el proyecto de hombre que Dios tiene para todo hombre. Entonces desde la primera Navidad, hasta hoy, nada que sea humano nos puede dejar indiferentes. Porque es en lo profundamente humano como Jesús en lo que se revela lo absolutamente divino como Jesús mismo.

Podremos intentar soslayar con mil manifestaciones y términos el significado de la Navidad. En nombre del pluralismo ideológico y del respeto por las mil creencias podremos intentar eludir el significado de la navidad o confundirlo con una fiesta más, con unas vacaciones más durante el año pero no podremos evitar reconocer que la propuesta de la vida y obra de Jesús de Nazaret siguen siendo una llamada, una invitación para la construcción de “un cielo nuevo en una tierra nueva”, para la construcción de una vida personal y social según otra lógica, otra criteriología… según la cual podamos amarnos los unos a los otros en respeto absoluto por la dignidad y los derechos fundamentales de cada ser humano: con amor y respeto absoluto por todo el hombre y por todos los hombres.

Navidad entonces es memoria bimilenaria de lo acontecido en Belén, es un regalo de Dios para el mundo en el niño del pesebre, pero es también y sobre todo una propuesta, una invitación, una llamada, un reto, una tarea, un compromiso… ¡FELIZ NAVIDAD!



jueves, 22 de noviembre de 2018

Agradecer…Para Ser Felices

DAR GRACIAS es una acción que surge de la capacidad que tiene el ser humano de reconocer bondad y belleza en su vida, en su entorno, en los otros, en todo lo que es, en todo lo que tiene y le acontece.

Celebraciones de acción de gracias se han realizado desde siempre en las más diversas comunidades, épocas y culturas de la historia de la humanidad. Aquí, en los Estados Unidos de Norteamérica, todos hemos crecido conociendo y celebrando la gesta histórica según la cual, en los orígenes de esta gran Nación, concretamente en el año 1623 en Plymouth (en el actual Estado de Massachusetts) tuvo lugar un encuentro y una comida de acción de gracias por la buena cosecha. Dado que al principio la colonia de Plymouth no tenía suficiente comida para alimentar a la mitad de los 102 colonos, los nativos de la tribu Wampanoag ayudaron a los peregrinos dándoles semillas y enseñándoles a pescar. La práctica de llevar a cabo un festival de la cosecha como éste no se volvió una tradición regular en Nueva Inglaterra sino hasta finales de la década de 1660.
Esta Nación cuenta entonces, en sus cimientos históricos, con una celebración de ACCIÓN DE GRACIAS que se ha venido conmemorando de generación en generación y que se constituye en la fiesta anual más importante de todas las familias estadounidenses.

Es una celebración, entonces, para hacer memoria de las gestas históricas que dieron origen a la Nación que habitamos, en la que hoy vivimos, amamos, trabajamos, soñamos y esperamos… Pero es, sobre todo, una celebración – como su nombre lo indica – para agradecer, para dar gracias, para aprender a dar gracias, para volver a dar gracias…

La situación actual del hombre en sociedad la define y condiciona una cultura según la cual hay que tener dinero para poder ser parte del mundo del mercado, del mundo de la oferta y la demanda, del materialismo y del consumismo; mundo en el que tienes lo que compras, tienes lo que puedes, lo que mereces, lo que – con tu esfuerzo laboral y económico – logras y obtienes.

En esta visión economicista del ser humano y de la sociedad, se va perdiendo la capacidad de percibir en la existencia humana cotidiana el don de la gratuidad de la vida; se va perdiendo el valor de lo que no se puede ni comprar ni vender, se va perdiendo el valor de los valores inmateriales (el amor, la familia, el encuentro, la solidaridad, la amistad, la bondad, etc.) que son reemplazados por el valor de las cosas y objetos, de  lo tangible, de lo material e inmediato, de lo efímero, de lo desechable y pasajero.

Por ello, el DIA DE ACCION DE GRACIAS vuelve a recordarnos la importancia de la gratitud en la vida del ser humano, la urgencia de ser capaces de nuevo y cada día de reconocer los motivos que tenemos para agradecer y ser felices. Porque el hombre que es capaz de agradecer es un hombre feliz y es feliz aquel que tiene la capacidad de encontrar y reconocer en la vida motivos para ser agradecido.

Pero el DIA DE ACCION DE GRACIAS no es sólo un día para agradecer. También ha de ser un día que nos empuje a construir motivos para continuar agradecidos y agradeciendo. Ha de ser una fiesta nacional en la que todos nos comprometamos a ir construyendo una sociedad en la que todos tengamos motivos para DAR GRACIAS. Dicho de otra manera, ha de ser un día en el que no haya un solo hombre o mujer en los Estados Unidos que no encuentre y no tenga motivos válidos para agradecer, para DAR GRACIAS. Y esto sólo es posible si todos vamos construyendo mejores relaciones interpersonales, mejores relaciones familiares, unas más justas relaciones económicas, más solidarias relaciones políticas, más humanas relaciones culturales, etc.

Deseo que en este día de ACCION DE GRACIAS 2018 todos tengan motivos para agradecer y entre todos vayamos construyendo una Nación en la que ésta, su principal efemérides, la puedan celebrar todos los que aquí habitamos con motivos válidos y condiciones humanas, verdaderas y justas para DAR GRACIAS. ¡Felíz día¡