domingo, 10 de mayo de 2020

EL PRIMER PASO… Más allá de la Pandemia





Tímidamente, los humanos empezamos a asomarnos a las calles. Al parecer, van quedando atrás los más terribles días de miedo, tribulación, angustia y luto que nos dejó la pandemia por el coronavirus llamado covid 19. Cuando escribo este artículo, las cifras “oficiales” globales dan cuenta de casi tres millones y medio de contagiados, padeciendo en la más absoluta soledad, un millón de recuperados y casi doscientos cincuenta mil muertes en solitario, difuntos anónimos, sin dolientes ni pompas funerarias.

La humanidad entera vivió una situación inusitada e inédita de encierro, de retiro obligatorio, de confinamiento planetario, de cuarentena y asilamiento social como el remedio más efectivo para impedir el contagio, en prevención y cuidado de los dones inestimables de la salud y de la vida.

Esta, sin lugar a dudas, es la mayor crisis sanitaria de nuestro tiempo, que trastocó toda nuestra cotidianidad y “normalidad”, invirtió todas nuestras seguridades, certidumbres y costumbres, produjo la sospecha de los unos por los otros, sacudió nuestras ideas de solidaridad y fraternidad consistentes en estar-juntos, próximos los unos a los otros y produjo una – todavía – incalculable desaceleración económica mundial, manifestada – en primerísimo lugar, en una suma aterradora de desempleos.

Nadie duda que esta pandemia es un hito en la historia de la humanidad y un punto de inflexión para nuestra manera de vivir, de ser y estar en la tierra. Por eso, por estos días todos nos preguntamos cómo volver a lo que se llama ya la “nueva normalidad”. Y aunque la humanidad ha conocido anteriormente pestes y pandemias, ésta es la que nos correspondió vivir y sobre ésta quiero compartir aquí unas breves reflexiones que, siendo realistas, positivas y esperanzadoras, ojalá medien entre el exagerado optimismo de unos según el cual – pasada la pandemia – el mundo será “nuevo”, “otro” y radicalmente “distinto” al conocido, como si por arte de magia el virus nos convirtiera en mejores seres humanos y el pesimismo fatalista de otros que pregonan desastre, caos, hecatombe y muerte.

En primer lugar, permítanme resumir – además de las ya mencionadas arriba – otra de las evidencias y lecciones que nos deja la pandemia. De repente, descubrimos la inutilidad de las mil cosas que teníamos por importantes y la utilidad de las que valen de veras: una vida con sentido, con dirección, con valores… Porque la pandemia nos enfrenta a la realidad más real según la cual nada vale ni nada cuenta si no hay salud ni hay vida.

Por lo mismo, la pandemia nos enseña que no existen ni la economía ni ninguna otra área de la vida en sociedad sin la salud y la vida, como valores fundamentales de la existencia humana. Por lo mismo, también, la pandemia nos reveló de golpe y crudamente quién es quién en la sociedad. Quién es socialmente útil y quién inútil: porque hoy es más importante ser camillero de un hospital o domiciliario de un restaurante que jugador de futbol, estrella de cine o charlatán politiquero de pacotilla, a los que tanto culto y pleitesía rendimos… De repente, el personal sanitario y los profesionales científicos – a los que tan poco o ningún reconocimiento social damos - quedaron en la primera línea de la sociedad, en la lucha contra la pandemia

Aprendimos también sobre la condición planetaria y ecuménica de los seres humanos: que somos profunda y universalmente solidarios en el bien y en el mal. Que – literalmente – cuando alguien estornuda en china hay fiebre en el otro extremo de la tierra… Y que, por lo mismo, nada que interese a un ser humano puede dejar indiferente y ser ajeno al resto de la humanidad. Que como por estos días lo ha repetido el Papa Francisco “nadie se salva solo” y que todos compartimos la misma “casa común”.

Aprendimos que aunque la bondad y el altruismo no han desaparecido y se manifiestan por estos días en mil iniciativas de solidaridad con los más desprotegidos de la sociedad coexisten con formas de inconciencia, de egoísmo, corrupción y maldad manifestados por estos días especialmente en la no cooperación y cuidado para no contagiar a otros y en el robo de ayudas gubernamentales para los más pobres.

Políticamente hablando, si algo desnudó esta crisis sanitaria fue la insuficiencia e incapacidad de la tan publicitada “globalización” y de las instituciones gubernamentales para enfrentarla. Que un problema global ha pretendido ser resuelto con medidas locales. Quedaron, además, al

descubierto grandes fisuras y fallas estructurales en el seno de las sociedades. Fallas según las cuales las mil formas de inequidad y de injusticia estructurales no pueden continuar…

Nos percatamos también de una ausencia total de liderazgo mundial. Estados Unidos perdió la oportunidad de ejercerlo y los que soñábamos con un nuevo orden mundial multilateral, de golpe nos despertamos literalmente “desnortados”, sin norte, sin rumbo, desorientados…

Todo esto, con el peligro de que – con el pretexto de la pandemia – los abusadores en ciertos regímenes y gobiernos de turno se aprovechen de los miedos colectivos para atropellar y conculcar los derechos humanos, las libertades civiles e individuales alcanzadas, con - por ejemplo - estados de excepción, toques de queda, estados de emergencia para legislar, mayor intervención policial y militar para contener a la población en las calles, etc... Peligro que conduciría desgraciadamente a nuevas formas de autocracias, de autoritarismos, populismos, totalitarismos, dictaduras, proteccionismos, aislacionismos, nacionalismos y xenofobia, que atentarían contra formas de vida social en democracia ya conquistadas.

Curiosa y dolorosamente también, esta pandemia fue vivida con la ausencia del acompañamiento espiritual de las instituciones religiosas. En sociedades ya abiertamente ateas en las relaciones y estructuras sociales, a cada ser humano le ha tocado resolver solo – en su personal e íntimo confinamiento – las preguntas más angustiantes y fundamentales sobre el sentido de la vida y la proximidad de la muerte y el más allá…

Pero este no es el fin de la vida humana en la tierra y no puede ser tampoco el fin de la confianza, la solidaridad y la esperanza. Esta crisis ha de procurarnos a todos una nueva y distinta actitud frente a la vida y a los demás. Esta crisis puede significar una oportunidad para que los gobiernos del mundo apliquen nuevos paradigmas en todos los campos de la vida social: la familia, la salud, la educación, el trabajo, la vivienda, los servicios públicos, etc… Esta inconmensurable crisis es una oportunidad sin igual para ajustar valores humanos y sociales, para enderezar la andadura… Ahora se trata no sólo de vencer el virus sino de vencer nuestras soberbias vanas y los fracasos humanos y globales puestos al descubierto por la pandemia.

Esta crisis nos urge a todos por nuevas formas de cooperación internacional y formas de solidaridad globalizada menos dañinas y más sanas para todos, para que seamos capaces de lidiar con presentes y futuras crisis tales como el hambre, las guerras, el cambio climático, etc… temas estos que involucran también a al entera familia humana.

De la pandemia aprendamos que es falsa la disyuntiva salud-economía. Que en adelante el bien público exige que la economía esté puesta al servicio de la salud de todos… De cómo resolvamos y gestionemos las lecciones que nos deja esta pandemia dependerá – en gran parte – el futuro próximo de la humanidad. El virus no acabara con la desigualdad económica, tampoco con la mala entraña de gobernantes y gobernados. El virus tampoco no obrará milagrosamente una mutación en el espíritu humano. Nos salvarán – en adelante – eso sí, la solidaridad fraterna, la igualdad de oportunidades, el trabajo honesto y la confianza – sin temores ni angustias - en nosotros mismos, en los demás y en nuestras instituciones.

¡Que llegue pronto la vacuna! ¡Que regrese la alegría de vivir! ¡Que la próxima pandemia sea la del amor solidario y fraterno! “Llevadera es la labor cuando entre todos compartimos la fatiga” decía Homero. Y “un viaje de mil millas comienza con el primer paso” dijo Lao-Tse. Pues… ¡Demos el primer paso…!

jueves, 7 de mayo de 2020

SOMOS INNOVATION: el futuro después de DSRIP






Justo ahora, cuando nuestra ciudad, nuestro estado, nuestro país y el mundo entero se enfrentan a la pandemia del coronavirus, quiero antes que nada expresarles mi gratitud y mi mayor admiración por el trabajo que han venido desarrollando en la línea frontal para atender a las víctimas del coronavirus y para proteger a los neoyorquinos en todos los frentes. Es mi mayor anhelo que ustedes y su personal se mantengan sanos y salvos, y sepan que cuentan con todo el apoyo de nuestra organización SOMOS.

Como saben, el programa de DSRIP concluyó oficialmente el 31 de marzo de 2020. Nos causó una gran decepción enterarnos de que las autoridades federales y estatales hayan optado por no renovar el período del programa a pesar de los muchos logros alcanzados mediante DSRIP. Sin embargo, SOMOS continuará su labor innovadora en beneficio de los pacientes más pobres de la ciudad, ahora a través de SOMOS INNOVATION. Puesta la vista en ese nuevo capítulo, les escribo estas notas.

Lo siguiente se basa en las recomendaciones y observaciones contenidas en un reporte que elaboró Helgerson Solutions Group (HSG), el cual completó a principios de este año una auditoría estratégica de SOMOS, precisamente para delinear nuestro futuro después de DSRIP. El fundador y director de HSG es Jason Helgerson, ex director del Medicaid del Departamento de Salud de Nueva York y arquitecto visionario de DSRIP. Tanto él como su equipo conocen a detalle el panorama del sistema de salud. Es un panorama que se está transformando radicalmente a causa del modelo del Pago Basado en el Valor Real (VBP), y SOMOS INNOVATION será el guía y el defensor de nuestros médicos.

Como tal, el reporte de HSG asegura que SOMOS INNOVATION es “más que un simple innovador del VBP. […] SOMOS cuenta con el potencial para revolucionar la atención sanitaria y social… y para ser una luz en el desierto al servicio de los médicos y los grupos médicos de todo el país”. Tal como lo mostró por primera vez DSRIP, el modelo del VBP se aparta de la fórmula tradicional del Medicaid de pago-por-servicio, lo cual les permite a las organizaciones de médicos independientes evitar a los sistemas hospitalarios para “contratar directamente con las aseguradoras (o con el gobierno) y tomar el control de todos los dólares disponibles en el sistema de salud y de la flexibilidad que esos modelos de pago ofrecen para revolucionar la atención médica”. Con SOMOS INNOVATION de su lado, nuestros médicos podrán seguir “de pie para hacerse cargo de su propio destino”.

SOMOS INNOVATION continuará transformando la atención médica en beneficio de los pacientes más vulnerables de la Ciudad de Nueva York al proseguir con “la institucionalización de la competencia cultural, el empoderamiento de los pacientes y la atención de las auténticas causas de origen de la mala salud y sus efectos sociales”. El hecho de que muchos de nuestros médicos compartan los mismos antecedentes culturales de la gente que atienden significa “un conocimiento excepcional de su base de pacientes, algo que es muy difícil de lograr y mucho más difícil de replicar por parte de otras organizaciones”.

Con el fin de fortalecer la influencia y el crecimiento de nuestra red de médicos, SOMOS INNOVATION buscará sumar a otras asociaciones de médicos independientes (IPAs). También tendrá como prioridad asociarse con distintas organizaciones comunitarias para incluir a los Determinantes Sociales de la Salud, un componente crucial en la prestación de servicios integrales y holísticos en materia de salud. Una atención de tal naturaleza tiene el poder de mejorar “la felicidad comunitaria” al “incorporar todas las necesidades sanitarias, sociales y económicas de la comunidad”. Es un modelo de atención diseñado en torno al médico primario de vecindario como un auténtico líder comunitario.

Para prevenir la competencia, SOMOS INNOVATION planea establecer “asociaciones creativas” con hospitales que, de otra manera, podrían dificultar el acceso a una atención especializada. También buscará concretar contratos tipo VBP con organizaciones de atención médica administrada que aceptarán a SOMOS INNOVATION como un competidor hospitalario.

SOMOS INNOVATION ha estado funcionando por un tiempo y, actualmente, sigue implementando una rápida estrategia de desarrollo. El Consejo Directivo de SOMOS designó a un veterano del sistema de salud, con más de 20 años de experiencia, como presidente ejecutivo (CEO) de SOMOS INNOVATION: Dan McCarthy. Como experto en la atención médica basada en el valor real, Dan invirtió la mayor parte del año pasado construyendo la organización y poniendo en marcha a su equipo administrativo.

El momento es ahora, dice el reporte de HSG: “SOMOS está en el lado correcto de la historia del sistema de salud. Luego de varios años de retraso, el mundo sanitario está finalmente empezando a incorporar el valor real. El estado de Nueva York y el Medicare prosiguen presionando para que virtualmente todos los proveedores se incorporen al modelo del VBP”. El objetivo es posicionar a SOMOS INNOVATION en la vanguardia de la innovación de los servicios médicos financiados con recursos públicos, en todo el estado e, incluso, a nivel nacional.

El logro de este objetivo será crucial si SOMOS INNOVATION desea tener éxito en la tarea de habilitar a sus médicos para que sigan siendo competitivos en una época de cambios rápidos y de cara al desafío potencial que entraña el hecho de que los Cuatro Grandes —Apple, Google, Amazon y Microsoft— ingresen al campo de “la innovación tecnológica que revolucionará la prestación de muchos servicios médicos en la próxima década”, advierte HSG.
 
Bajo la forma de procesos robóticos y de Inteligencia Artificial, “la tecnología podría remplazar hasta un 80 por ciento de las funciones que actualmente desempeñan los médicos, y SOMOS deberá adelantarse a esa tendencia en beneficio de sus médicos”. Es necesario poner énfasis en el establecimiento de “asociaciones productivas entre médicos y máquinas”. El desarrollo de tecnologías cada vez más sofisticadas liberará a los médicos de sus “tareas rutinarias para que puedan volver a enfocar su tiempo y atención en el apoyo psicológico de sus pacientes y en ayudarles a comprender —y a actuar con respecto a— su condición médica”. Seguramente, esta estrecha atención brindada a los pacientes será esencial para proporcionar una óptima atención médica basada en el valor real.

Entre las herramientas tecnológicas del futuro estarán las aplicaciones de los teléfonos celulares, gracias a las cuales será posible monitorear a los pacientes las 24 horas de los 7 días de la semana. Es de esperarse un fuerte crecimiento en los tipos de “tecnología portátil, sensores biométricos y en otras aplicaciones”, todos trabajando en armonía para crear un “Internet del cuerpo”. “En el futuro, los médicos prescribirán aplicaciones”, lo cual les permitirá a los pacientes diagnosticarse por su cuenta. Sobre todo, la tecnología generará “un cambio en el largo plazo del manejo de las enfermedades a la prevención de las mismas”.

El reporte dice que, en el futuro, los médicos podrían “dar sus indicaciones mediante aplicaciones de conversación, mensajes instantáneos y videollamadas, en vez de estar sentados en un consultorio con una larga fila de pacientes que esperan verlos”. Se hace notar en el informe que los médicos de SOMOS “ya sobresalen en algunos aspectos interactivos de su trabajo gracias a la virtud de estar en, y ser parte de, la comunidad a la que atienden”, pero será necesario que adquieran “nuevas destrezas” […] “para forjar el pivote que los eleve a un papel más interpretativo y contextual por sí solo”.

HSG señala que la telemedicina —la atención a distancia del paciente— tendrá un valor de mercado de $130 mil millones de dólares en 2025; y “se proyecta que el mercado de la inteligencia artificial abocada a la atención médica alcance los $19 mil millones de dólares en 2026”. Toda esta innovación significa que “el futuro de la medicina será más preciso, personalizado, inclusivo y preventivo. Estos atributos se apegan perfectamente a los valores actuales de SOMOS”.

En efecto, apoyar y capacitar a nuestros médicos para que puedan “planear y prepararse para las disrupciones tecnológicas del futuro” será el distintivo de SOMOS INNOVATION. Parte del compromiso general de nuestra organización es capacitar a nuestros médicos para que estén en posibilidades de ofrecer el mejor servicio posible a los pacientes más vulnerables de la Ciudad de Nueva York y, de esta manera, para llevar a cabo una reforma duradera de la prestación de servicios médicos subvencionados con fondos públicos.

sábado, 11 de abril de 2020

La Pandemia y la Pascua

Vivimos nuestra existencia humana, en medio de experiencias de bien y de mal, a nivel personal, familiar, social, nacional e internacional. Hoy, la humanidad entera enfrenta una experiencia de mal: la pandemia por el contagio exponencial del coronavirus Covid-19 que llegó para trastocar y poner en tela de juicio todo: nuestra manera de ser, nuestros modos de relacionarnos a nivel familiar y social, nuestras instituciones y estructuras sociales. Esta experiencia de mal pone al descubierto todas nuestras debilidades y fragilidades, además de las deficiencias de nuestras organizaciones sociales, especialmente las del sector de la salud. Por ello, vivimos horas de desconcierto, ansiedad, angustia, sufrimiento, dolor y luto a nivel global. 

Para evitar y detener, en lo posible, el avance de esta pandemia, las comunidades humanas del mundo entero han acordado días y semanas de confinamiento, de aislamiento social, de cuarentena de todos en nuestras casas.

Los noticieros están saturados, minuto a minuto, con cifras de contagiados y muertos, con las nefastas consecuencias que en todas las áreas – especialmente la económica y laboral - de nuestra convivencia social va dejando la pandemia por donde pasa, con titulares sobre iniciativas que aparecen por aquí y por allá para mitigar el sufrimiento de tantos y con llamados a que – entre todos – salvemos lo construido hasta aquí. 

Para los que nos correspondió vivir aquí y ahora, en este momento de la historia de la humanidad, esta es una situación inédita. Tan novedosa como en el mundo de la medicina en el que no era conocido este virus. Todos – cada uno en su estilo de vida y ambiente - vamos aprendiendo, con el paso de las horas, cómo enfrentar al enemigo común y cómo sobrevivir…. 

Pero, en estas horas difíciles para todos, ni todo es malo, ni todo es negativo, ni todo está perdido. Hay, en esta experiencia de mal global,  lecciones que podemos prender. 

En primer lugar, esta insólita experiencia de mal, que toca lo más íntimo y profundo de nuestro ser, porque toca nuestra salud y, con ello, nuestra posibilidad de continuar viviendo o de morir, es una oportunidad para reconocer, por una parte, nuestra total fragilidad, nuestra no autosuficiencia y, en términos religiosos, nuestra “creaturalidad” y total dependencia de un ser superior al que llamamos Creador y Dios. Pero además, una oportunidad para reconocer nuestra interdependencia respecto de todos los demás seres humanos y lo profunda, esencial y estrechamente solidarios que somos en el bien pero también en el mal. En una palabra, somos seres “dependientes” de Dios y de los demás. 

En segundo lugar, el aislamiento social, decretado ya en la mayoría de los países, es una valiosa oportunidad para entrar en nosotros mismos, para reencontrarnos con nosotros mismos, para viajar hasta el fondo de nuestro propio yo interior y descubrir allí la verdad sobre la cual cimentamos nuestra historia personal y los valores o anti-valores que sostienen la trama de nuestras vidas. El confinamiento en nuestras casas es una oportunidad única - en contra de la exterioridad, la apariencia, la ostentación y el bullicio cotidiano – para volver al silencio, a la reflexión a la meditación, a la oración. La obligada cuarentena que vivimos todos es, también, una oportunidad sin igual para volver a encontrarnos y reencontrarnos con nuestros seres más queridos, con nuestros íntimos, con nuestra familia. 

La enorme facilidad y rapidez con la que el virus se transmite y contagia nos enseña, además, la corresponsabilidad solidaria que todos tenemos en la construcción o en la destrucción de nuestra vida en la tierra. Y si el bien común, el consenso general, el acuerdo más conveniente para todos es el de querer sobrevivir a esta pandemia, entonces todos tendremos que desterrar de cada uno de nosotros el egoísmo y todo lo negativo que él conlleva y aportar lo mejor de nosotros mismos, lo mejor de nuestros valores humanos, para reconstruir el mundo y nuestra convivencia humana con maneras, espacios, formas sociales e instituciones más justas, más solidarias, más equitativas, más fraternas, más compasivas y misericordiosas. Es decir, que esta experiencia de mal que a todos nos toca tan profundamente y a todos nos afecta, es una oportunidad para la esperanza en que, a partir de ahora todos seremos distintos y construiremos un mundo distinto y mejor. 

Por estos días los cristianos celebraremos la Pascua, la mayor celebración religiosa de nuestro año litúrgico. “Pascua” que tanto en el sistema teológico judío como en el cristiano rememora y conmemora el “paso” del pueblo del Antiguo Testamento de la esclavitud a la libertad al cruzar el mar rojo o el “paso” de la muerte a la vida por el triunfo del proyecto de vida de Jesús de Nazaret confesado – después de su muerte en la cruz - como Viviente y Resucitado en la comunidad por los primeros cristianos y por todos sus discípulos hasta hoy. 

Todo lo que nos acontece puede ser vivido como una maldición o como una bendición. Los invito a vivir esta experiencia de mal, esta pandemia, este aislamiento social, este sufrimiento por seres queridos enfermos o fallecidos como un momento de bendición, como una “pascua”, como una experiencia de “paso” de la muerte a la vida en la búsqueda común de un mundo más humano, más solidario, más fraterno.

¡Felices Pascuas!

domingo, 8 de marzo de 2020

El Papa Francisco y la Postmodernidad

El 13 de marzo celebraremos siete años de Pontificado del Papa Francisco; siete años de servicio a la Iglesia y al mundo desde la Sede de Pedro en Roma. Recordaremos que en el 2013, en la quinta votación de un cónclave que duró dos días, el Cardenal Argentino Jorge Mario Bergoglio fue elegido como el primer Papa argentino y latinoamericano, quien para su Pontificado eligió el nombre de Francisco, como emblema y en honor del santo pobre de Asís.

Desde el mismo instante de su elección como nuevo Papa, Francisco dejó ver al mundo un nuevo estilo, su propio estilo de hombre, su genuino estilo de cristiano, de jesuita, de latinoamericano y de nuevo guía de la Barca de Pedro. Un estilo que quedó bien expuesto y resumido en las primeras alocuciones que hizo Francisco, el Papa, en las primeras alocuciones que realizó durante actos que tuvieron lugar durante la primera semana, desde su elección hasta la Misa Inaugural de su Pontificado, celebrada el 19 de marzo de 2013, en la fiesta de San José.

Así, el 14 de marzo, un día después de su elección, en su primera celebración eucarística en la Capilla Sixtina,  hizo un llamamiento a “proclamar el mensaje de Jesucristo, para evitar ser considerados simplemente como una «ONG compasiva». Además, destacó la necesidad de que la Iglesia se aleje de lo mundano edificándose sobre el Evangelio y la piedra angular de Cristo”. Luego, el 15 de marzo, en audiencia con todos los Cardenales del mundo, los invitó a “tratar de responder con fe para llevar a Jesucristo a la humanidad y para traer a la humanidad a regresar a Cristo, a la Iglesia».

El Sábado 16, en el Aula Pablo VI y en audiencia con los periodistas de todo el mundo que cubrieron el Cónclave en el que resultó elegido Papa, les dijo: “Muchos de ustedes no pertenecen a la Iglesia Católica y otros no son creyentes, pero respetando la consciencia de cada uno, os doy mi bendición sabiendo que cada uno de vosotros es hijo de Dios. ¡Qué Dios los bendiga!». El domingo 17 de marzo presidió el rezo del Ángelus, momento en el que habló de la misericordia de Dios que nunca castiga" Ese mismo día escribió su primer tuit:  «Queridos amigos, os doy las gracias de corazón y os ruego que sigáis rezando por mí». Petición que ya había hecho desde el primer instante de su elección cuando se asomó al balcón del Palacio Apostólico para su primer saludo y primera bendición al mundo. Y el 19 de marzo, en la homilía inaugural de su Pontificado, hablando del poder que Cristo otorgó a Pedro, Francisco recordó: «Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio», considerando la figura del Papa como alguien que «debe poner sus ojos en el servicio humilde» y «abrir los brazos para custodiar a todo el pueblo de Dios y acoger con ternura y afecto a toda la humanidad, especialmente a los más pobres, los más débiles, los más pequeños» (1)

Evangelio, humanidad, respeto, misericordia, servicio, acogida, pobres, etc., son todos estos y otros los temas recurrentes por cotidianos en el ministerio petrino de Francisco. Temas y énfasis que lo muestran, de cuerpo entero, como un hombre, un cristiano y un Papa consciente y conocedor que estamos no sólo en una época de cambios sino en un cambio de época (Doc. Aparecida 44) que involucra y afecta todas las áreas y dimensiones del ser humano y, por tanto, de la entera humanidad.  Un Papa, también conocedor y consciente como pocos y al mismo tiempo, de los desafíos que dichos cambios en este cambio de época lanzan a la tarea evangelizadora de la Iglesia Católica en el mundo.

A este cambio de época en el que nos correspondió vivir en este espacio-tiempo de la historia de la humanidad y en el que peregrinamos con nuestra fe cristiana en el mundo, se le ha llamado “transición de la modernidad a la postmodernidad”, “cultura light” o “modernidad líquida” (Z. Bauman). Términos con los que se intenta designar un conjunto de cambios y características que están sucediendo y definiendo al ser humano en su nuevo modo de ser, de pensar, de hacer y de comportarse en el mundo, y con él, todos las comunidades humanas en esta coyuntura histórica.

Grosso modo, dichos cambios suponen una pérdida del sentido de la vida, un relato “líquido” y pobre (no sólido) de la historia sin futuro, sin esperanza (después de guerras mundiales y de ideales insatisfechos de nuestros antepasados modernos) y, con ello, una pérdida del trabajo y del esfuerzo y una búsqueda desenfrenada y hedonista del goce del propio yo, que se olvida de la importancia de todo lo colectivo, de lo institucional, de lo jerárquico y del bien común. Con la búsqueda del placer inmediato ocurre una pérdida del sentido trascendente de la vida y adquieren valor todo lo fácil y rápido, lo efímero, lo desechable y pasajero, todo lo descomprometido y sin esfuerzo. El “valor moral” supremo del hombre light o posmoderno es el placer y, para lograrlo, “no importan los medios…”. En medio de la abundancia de información y de valoración egocéntrica de la persona la verdad queda diluida en un subjetivismo y relativismo moral en el que nada vale o todo vale por igual y cada quien maneja “a la carta” las verdades con las que intenta lograr el placer de vivir en medio de este inmenso “cementerio de esperanzas”. Para el placer hay que tener y consumir, así que el materialismo, el lujo, el dinero, el consumismo y el confort se imponen como medio muy importante en la búsqueda de la felicidad. Aquí, la estética sustituye a la ética, el sentimiento a la razón y, en el gran mercado para el consumo que es toda sociedad, la religión es un artículo más - ecléctico y a la carta - en el juego de la oferta y la demanda.

Esta nueva axiología, esta nueva criteriología “moral”, este nuevo modo de ser, pensar y actuar el ser humano actual, reta el ser y la identidad misma de la vida y tarea de la Iglesia en el mundo porque desafía la esencia misma del evangelio de Jesús de Nazaret. Los valores “líquidos” y gaseosos de la postmodernidad desafían la solidez de los hechos, palabras, criterios y actitudes vividas y enseñadas por Jesús a sus discípulos de todos los tiempos, si es verdad que, con ellos y sólo con ellos podemos construir nuestras vidas como quien construye sobre roca (Mt 7,21ss). 

Es decir, y con ejemplos más concretos: ¿Qué tiene que decir la esperanza cristiana a la desesperanza postmoderna? ¿Qué lugar tiene la cruz del evangelio frente al hedonismo actual? ¿Qué valor tiene la búsqueda del amor y la fraternidad evangélica en un mundo egocéntrico y egoísta? ¿Cómo alcanzar una visión trascendente de la vida en medio del inmanentismo materialista y consumista del hombre “light”?, etc.

El Papa Francisco conoce, siente y padece a diario y a fondo estos desafíos y sabe de las urgencias en las que tiene que ponerse el quehacer evangelizador de los discípulos en Iglesia si queremos ser “luz y sal de la tierra” (Mt 5,13ss). Por ello invita permanente a los católicos a construir nuestra vida cristiana como una “Iglesia en salida: Iglesia que “sale de los conventos, de las burocracias eclesiásticas y de las estructuras clericales al encuentro del pueblo, de las personas, especialmente, de los sufrientes, de los pobres, de los abandonados como chatarra o desperdicios en una sociedad que se acostumbra al descarte, a la obsolescencia tecnológica” (Morandé Court, Pedro: Modernidad “líquida” y anuncio de Cristo).

Que sean muchos más los años de Pontificado de Francisco para que su evangélico servicio petrino continúe siendo faro que nos guie a todos, en medio de las diarias, graves, amenazantes y múltiples tempestades actuales, a puerto seguro.
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      (1)     ( las citas están tomadas de:





jueves, 23 de enero de 2020

Para dar razon de nuestra fe

El fundamento del Credo y de la vida cristiana es la Sagrada Escritura. Ella es la fuente primera y primordial de donde mana la fe y la experiencia cristiana, porque en ella encontramos la revelación de Dios y su plan salvífico para el hombre y para todos los hombres de buena voluntad, mediante la historia del pueblo del antiguo testamento, especialmente en la misión de los profetas, y última y perfectamente (Cfr. Hb 1,1) mediante Jesús de Nazaret, sus hechos y sus palabras.

Toda la historia del pueblo del antiguo testamento, especialmente la vida y anuncio de los profetas, la vida de los primeros cristianos y de sus comunidades, pero especialmente la vida misma de Jesús de Nazaret, se convirtieron, por su autenticidad y coherencia, por su autoridad, es decir, por la manifestación de lo divino en lo profundamente humano, (Cfr. DV 2) en espacio revelatorio de Dios y de su voluntad para toda la humanidad.

Durante siglos la importancia, fundamento y centralidad que ha de tener la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia en general y en la de cada cristiano en particular se descuidaron y olvidaron. Y en el correr de veinte siglos pasaron a ser, quizá más importantes que la Palabra de Dios escrita, otras voces, otras palabras, otros documentos, otros anuncios, otras exhortaciones, otras nociones de vida a veces en sintonía con el Evangelio de Jesús de Nazaret pero otras muchas veces, han sido cuerpos y/o conceptos doctrinales totalmente contradictorios con la manifestación y comunicación de Dios en la Biblia.

Por eso – hace ya seis décadas - que la reunión de todos los obispos católicos del mundo en el Concilio Ecuménico Vaticano II invitó a todos los creyentes en Cristo  a volver - por encima de la maraña doctrinal tejida durante veinte siglos - a las fuentes de nuestro Credo cristiano, es decir, a la revelación de Dios contenida en la Sagrada Escritura, especialmente a lo que del Dios del Antiguo Testamento y nuestro Creador y Padre nos revela, con su vida, Jesús de Nazaret, nuestro Señor Jesucristo.

Por eso, también, los últimos Papas y documentos doctrinales más importantes de la Iglesia se han empeñado en dar el sitio central que le corresponde a la Sagrada Escritura en la vida del cristianismo, buscando con ello, hacer conciencia de la identidad, del ser y del quehacer de cada discípulo de Cristo, en cada comunidad de fe.

Así, en Carta Apostólica en forma de “Motu proprio”, titulada APERUIT ILLIS y dada en Roma el 30 de septiembre de 2019, el actual Papa Francisco instituye el TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO de la Liturgia Católica – que este año será el próximo 26 de enero - como EL DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS.

Este nuevo empeño, esta renovada importancia que la Iglesia quiere darle a la centralidad de la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia y de cada creyente la reconoce el mismo Francisco en la mencionada Carta cuando dice: “Ahora se ha convertido en una práctica común vivir momentos en los que la comunidad cristiana se centra en el gran valor que la Palabra de Dios ocupa en su existencia cotidiana. En las diferentes Iglesias locales hay una gran cantidad de iniciativas que hacen cada vez más accesible la Sagrada Escritura a los creyentes, para que se sientan agradecidos por un don tan grande, con el compromiso de vivirlo cada día y la responsabilidad de testimoniarlo con coherencia.” (2)

Quiere el Papa que esta celebración para “la reflexión y divulgación” de la Palabra de Dios tenga – al mismo tiempo - un carácter ecuménico: “Este Domingo de la Palabra de Dios se colocará en un momento oportuno … en el que estamos invitados a fortalecer los lazos con los judíos y a rezar por la unidad de los cristianos.” (3). Sea este el momento para subrayar y reconocer la importancia que, en las otras iglesias cristianas hermanas tiene, en el culto, la Palabra de Dios.

Nos congratulamos y aplaudimos esta iniciativa del Papa Francisco que, en consonancia con disposiciones similares de sus antecesores, va animando nuestra fe y nos va acercando a la fuente primaria de donde manan nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor: la Sagrada Biblia.

«La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo» (San Jerónimo - In Is., Prólogo: PL 24,17 – Citado por Francisco en la Carta ya mencionada). Aplaudimos, repito, este nuevo empeño porque en la Iglesia Católica recuperemos la centralidad de la Palabra de Dios en nuestra vida cristiana, pero ello pide formación de parte de todos: de los agentes de la evangelización y de los destinatarios de ésta. Urge formación religiosa que empiece y brote del conocimiento de la Sagrada Escritura. Urge formación teológica (exegética y hermenéutica) para que aprendamos a leer los orígenes de nuestra fe en los textos bíblicos con la misma intencionalidad teológica – aunque en otros moldes culturales – con que fueron escritos. Urge que sintonicemos las confesiones de nuestra fe con las confesiones de fe de los primeros cristianos. Urge que conformemos nuestra vida a la vida de Cristo. Urge, en fin, que hagamos vida la Palabra de Dios en nuestro día a día.

Aprovechemos pues este nuevo ardor católico por la Palabra de Dios, participemos de los espacios de estudio de la Sagrada Escritura que se nos ofrecen, para que nuestra fe sea cada día más inteligente, más razonada, más razonable y, por ello, más creíble. Como nos exhorta y anima el apóstol Pedro: “Estemos siempre dispuestos a dar respuestas a todo aquel que nos pida razón de nuestra Esperanza”. (1 Pe,315).



domingo, 29 de diciembre de 2019

Un Año Nuevo para Renovarnos y Renovar




“Año nuevo, vida nueva”, reza un conocido refrán. Porque el inicio de un nuevo año civil es una magnífica oportunidad para revisar, evaluar, enmendar, enderezar, sanar, pasar páginas, perdonarnos y perdonar, olvidarnos y deshacernos de lo viejo y de lo que estorba, reinventar, emprender y volver a empezar…. Una oportunidad para experimentar que podemos renovarnos y recomenzar con nuevas ánimos, ilusiones y energías el camino que nos conduzca a la realización de nuestros mejores anhelos e ideales… Una oportunidad nueva para construir esperanza. Un año nuevo, en definitiva, es una ocasión propicia para hacernos “nuevos” como el año que comienza…

Y nunca tan necesaria esta esperanza de lo “nuevo” como en nuestras actuales circunstancias sociales, nacionales y mundiales. Minuto a minutos, los medios de comunicación nos transmiten noticieros plagados de malas noticias, de noticias desalentadoras sobre la vida de los hombres y de los pueblos: sin sentido de la vida, suicidios, crímenes, conflictos y rompimientos familiares, corrupción en la vida de líderes políticos y religiosos, corrupción en la administración de la cosa pública, negligencia y mala calidad en la administración de los servicios públicos esenciales (salud, vivienda, educación, etc.) empobrecimiento de las mayorías versus el enriquecimiento escandaloso y desbordado de unas élites, conflictos internos nacionales y amenaza de conflictos y guerras entre naciones, carrera armamentista, desengaño electoral y político en muchas naciones por el pésimo desempeño de sus líderes, desesperanza, injustica, mil formas de violencia y de muerte…

¿Qué decir ante este angustioso panorama que, en la realidad cotidiana del mundo y en los noticieros, parece asfixiar los signos de bondad, de verdad, de justicia, de rectitud y de honestidad que también subsisten – quién lo niega – en muchos hombres y en todos los rincones de la tierra?

Que todos tenemos que replantearnos cada día y con mucha seriedad y honestidad: ¿Cuál es el proyecto individual de vida que queremos para cada uno de nosotros? ¿Cuál es el tipo de sociedad que queremos construir y en el que queremos vivir nosotros y los que vienen? ¿Cuál es el tipo de sistema político que anhelamos, que elegimos, que deseamos para nuestros pueblos? ¿Cuál el tipo de sistema económico en el que queremos vivir y con el que queremos disfrutar cada día el don de nuestra existencia humana? Y, muy importante ¿Cuál es el planeta en el que queremos habitar para poderlo entregar, con las mejores condiciones de vida humana posible, a las futuras generaciones?

El fracaso mayoritario y mundial de planes políticos y económicos es rotundo e innegable. También saltan a la vista los alzamientos, reivindicaciones y protestas sociales justas en tantos pueblos y naciones. La brecha entre los pocos que tienen mucho y los muchos que no tienen nada no ha logrado ser ni revertida ni superada. Las amenazas a la paz mundial siguen latentes. El desmesurado crecimiento macro económico de las grandes corporaciones y multinacionales frente a la miseria de muchos. El padecimiento de los millones de hombres y mujeres que, emigrando de sus terruños, buscan un futuro mejor nos cerca y nos acosa por todos lados. El hambre de millones contra el confort indiferente de unos pocos. El manejo mentiroso y corrupto de la propaganda, las elecciones y la agenda de la política y de los políticos. La inequidad, las injusticias y las violencias diseminadas por todo el orbe evidencian nuestros fracasos, egoísmos y frustraciones sociales y, al mismo tiempo, ponen de presente nuestros mayores retos y más grandes desafíos.

Y en el fondo de todo lo anteriormente enunciado subyace, en la praxis, en la cotidianidad y en las relaciones de nuestras vidas individuales, la ausencia de los valores más elementales y profundos del ser humano y una falta de autoridad, de transparencia y coherencia  entre lo que creemos y lo que practicamos, entre lo que vivimos y lo que aspiramos. Incoherencia hipócrita que se traduce en instituciones y estructuras sociales corrompidas por la búsqueda desenfrenada egoísta y hedonista de placer, la codicia y la ambición a toda costa por el tener y el ansia de poder para aplastar y reprimir los mejores ideales del ser humano.

Qué tenemos qué hacer? ¿Hacia donde tenemos que caminar juntos y aunando los mejores esfuerzos y esperanzas de todos? Ha llegado el momento de cambiar estereotipos y modelos sociales que ya no funcionan porque producen los frutos y las circunstancias adversas por inhumanas y catastróficas ya mencionadas. Ha llegado el momento de anteponer el bien común al bien individual. De anteponer los objetivos y fines comunes (ambientales, sociales y gubernamentales) a las solas ganancias de las grandes empresas y corporaciones financieras. Ha llegado el momento de darle un sí a la vida y a la vida abundante en contra de una cultura de la muerte. Es el tiempo de darle un sí a la solidaridad, a la libertad, a la verdad, a la honestidad, al diálogo, a la participación, a la paz, al respeto por las culturas diferentes y por la naturaleza en contra del individualismo egoísta, del consumismo, de la intolerancia, de la injusticia, de la discriminación, de la marginación, de la corrupción moral y administrativa y de todas las formas de inequidad y violencia.

Si queremos superar los abundantes y muy graves males que azotan y afligen a la comunidad humana actual, hemos de proponernos vivir todos un año nuevo en el que el respeto por la persona y por la vida humana esté por sobre cualquier otro valor o interés, para lograr la construcción de una nueva sociedad y un mundo mejor en el que la ética prime sobre la técnica, el servicio sobre el poder, el trabajador sobre el capital y lo trascendente sobre lo inmanente y pasajero….

Les deseo pues a todos un feliz año nuevo 2020, que será feliz en la medida en que, todos, así lo queramos y lo construyamos!



domingo, 22 de diciembre de 2019

Por Una Navidad Universal


En el mundo cristiano la Navidad constituye una importante celebración, pues se conmemora en ella el nacimiento de Jesús de Nazaret. Pero es, al mismo tiempo, una celebración y conmemoración con carácter universal por el valor y legado histórico que la vida, obra y mensaje de Jesús representa y contiene para toda la humanidad.

Jesús de Nazaret, al que los cristianos confesamos como el Mesías, el Salvador, el Hijo de Dios, el Señor de la Historia, luz del mundo, pan de Vida, buen Pastor, principio y fin de la historia, fue – qué duda cabe – un  hombre único, peculiar o, con palabras de su apóstol Pablo, un hombre “nuevo” y novedoso.

El paso de Jesús por la tierra produjo tal impacto que la historia oficial de la humanidad, la de occidente y la de la casi totalidad de los pueblos de la tierra se cuenta a partir de su nacimiento.

¿Y qué fue lo que hizo Jesús para causar tal impacto en la historia de la humanidad? ¿Qué tiene de grandioso y monumental el relato de su vida para seguir tan vigente a veinte siglos de su nacimiento? Lo impactante y monumental de su existencia consistió sencilla, simple y únicamente en vivir y amar, en vivir para amar, en entender la vida como un don de Dios para servirla – también como regalo - a todos, especialmente a los más débiles, a los empobrecidos, a los “descartados” de nuestra sociedad.

Su experiencia de amor, la donación de su propia vida a todos, brotó del reconocimiento de Dios como Padre de todos y, en consecuencia, del reconocimiento de todos los hombres como hermanos, hijos del mismo Dios, Creador y Padre compasivo y misericordioso.

Un ser humano como nosotros, profundamente humano, este varón israelita, de la tierra de Judá, colonia  - en su momento - del imperio romano – hijo, en condiciones de pesebrera y más tarde de taller de carpintería, de los campesinos José y María, emigrante, siendo niño en Egipto y luego en Nazaret se lanzó hacia sus treinta años de edad por los polvorientos caminos de su patria a predicar lo que – desde su propia experiencia – nos puede hacer felices: vivir el proyecto de hombre que Dios tiene para todo hombre que viene a este mundo, vivir como hijos de Dios y hermanos de todos, amándonos los unos a los otros.

Se juntó con unos amigos pescadores, los que después multiplicaron por el mundo entonces conocido la enseñanza de su maestro el nazareno y la gente lo seguía porque jamás nadie había hablado con su autoridad; es decir, con su coherencia entre lo que predicaba y lo que vivía, entre lo que exigía y lo que entregaba, entre lo que creía y lo que anunciaba…

Ama y amando cura toda clase de enfermedades físicas y espirituales. Los que se encuentran con Él, descubren y se encuentran con el amor de Dios y se sienten aliviados, sanados, liberados, felices, salvados…Pasa haciendo el bien. Vive y predica una vida buena y nueva que brote desde el interior, desde el corazón del hombre, porque entiende que si el hombre es bueno dará frutos buenos… Con sus hechos y palabras novedosas y, por ello, escandalosas, anuncia y denuncia y entra en conflicto con las autoridades de su pueblo y de su tiempo que lo matan en una cruz, del mismo modo que habían muerto los grandes profetas de su pueblo y tal como continúan matando a todos los comprometidos con el hombre y la verdad a lo largo de la historia y en todos los rincones del orbe.

Pero su proyecto de vida no quedó en la tumba y continúo a lo largo ya de veinte siglos de historia siendo reivindicado, seguido y, ojalá,  vivido por quienes se llaman sus discípulos: los cristianos, quienes lo confiesan vivo y resucitado en cuanto presente en la propia vida de cada creyente y en la vida de cada comunidad cristiana fiel a su “evangelio”.

La grandeza, entonces, de la vida de Jesús de Nazaret consiste y coincide paradójicamente con su pequeñez, con la simplicidad de vivir aquello para lo cual fuimos creados: para y por el amor y en realizar extraordinariamente bien la cotidianidad de nuestras existencias haciendo el bien.

Jesús de Nazaret es un hombre libre frente a todo y frente a todos. Es un liberador frente a la ambición y a la codicia, frente al odio y al rencor, frente al qué dirán y a los poderosos, frente al egoísmo y a la mentira, frente a la soberbia y a la hipocresía, frente al servilismo y a la injusticia, frente a la violencia y a la muerte… Un hombre que, con  la confianza, esperanza y dependencia de la vida puesta en Dios vive valiente y sin miedos. Jesús, así y además, es un hombre para los demás…

Por todo lo anterior, la vida de Jesús se constituyó – no sólo para sus discípulos - en modelo de vida,  en “Camino, Verdad y Vida” para todo hombre y mujer de buena voluntad. Frente a la vida y mensaje de Jesús todos nuestros mejores anhelos, nuestras tendencias humanas más profundas, nuestras mejores ansias de bien quedan esclarecidos e iluminados.

Pero, al mismo tiempo, en medio de nuestras actuales y difíciles circunstancias a nivel nacional y mundial, cuánta falta nos hacen hoy hombres y mujeres con la autenticidad de Jesús de Nazaret. Cuánta necesidad tiene el mundo de hombres y mujeres con la autoridad y coherencia de vida del carpintero de Nazaret! Cuánta lejanía y carencia tiene el mundo de hoy de los criterios, principios y valores vividos y predicados por Jesús de Nazaret! Cuán lejos estamos de alcanzar la utopía cristiana de un mundo en el que podamos convivir todos como hermanos! Cuánta falta nos hace vivir en la verdad, en el amor, en la justicia, en el perdón, en la esperanza, en la vida abundante vivida y predicada por Jesús de Nazaret!

La vida de Jesús de Nazaret y su mensaje son, entonces, un referente obligado, una llamada, un camino, una tarea para todos los que anhelamos una existencia feliz y un mundo mejor, en paz, más justo, más vivible, más fraterno, solidario, compasivo y humano.

Por todo lo anterior, Navidad es una gran fiesta, una fiesta cristiana, y una celebración universal, porque el proyecto y mensaje de vida del niñito del pesebre de Belén siguen siendo vigentes, porque hoy los hechos y palabras del nazareno son más necesarios que nunca, en un mundo que clama por justicia, verdad, paz y formas abundantes de vida y humanidad y porque el evangelio del carpintero de Nazaret está por estrenarse. 

¡Feliz Navidad!