martes, 31 de octubre de 2017

La salud de los latinos en la ciudad de Nueva York obtiene notas mixtas

El Departamento de Salud e Higiene Mental de la ciudad de Nueva York acaba de emitir su primer informe sobre el estado de salud física y mental de la población latina de la ciudad. Unos 2.4 millones de fuertes latinos –representando a más de 20 países– representan casi un tercio de la población de la ciudad. Los puertorriqueños representan un 30 por ciento de la población latina, seguidos por los dominicanos y mexicanos.  

El informe apunta que un desproporcionado número de latinos en Nueva York vive en condiciones de pobreza, más de la mitad, en comparación con un tercio de neoyorquinos no latinos. Cada vez son menos los que obtienen un diploma de escuela secundaria o van a la universidad. Más del 50 por ciento de los latinos en Nueva York gastan más del 30 por ciento de su ingreso mensual en el pago del alquiler, lo cual deja poco dinero disponible para la compra de alimentos, especialmente de alimentos saludables como frutas y verduras, ropa y cuidado de salud.

Como resultado, miles de latinos viven en condiciones y se enfrentan a circunstancias que constituyen un impedimento para la buena salud y el acceso a servicios de salud de calidad.

Una de las revelaciones más sorprendentes de este informe es que los latinos, como comunidad, tienen un nivel más bajo de mortalidad prematura que los no latinos. Especialmente si se trata de las causas principales de muerte –enfermedades cardíacas, cáncer y gripe– los latinos muestran niveles más bajos de mortalidad que las personas de origen no latino. El estudio también revela que los latinos son menos propensos a fumar que otros grupos y sí se vacunan contra la gripe y se hacen mamografías con mayor regularidad que los no latinos. Hasta aquí las buenas noticias.

Es triste decirlo, pero un 22 por ciento de los latinos no tiene seguro médico, comparado con un 9 por ciento de los no latinos y en contraste con el 13 por ciento de toda la población de la ciudad de Nueva York. Comparados con el resto de los neoyorquinos, los latinos son más propensos a sufrir de enfermedades crónicas como la obesidad y la diabetes.

Casi un tercio de los latinos están obesos, en comparación con un 20 por ciento del resto de la población citadina, y un 17 por ciento de latinos padece de diabetes –muchos de ellos fallecen debido a la enfermedad– en comparación con solo el 10 por ciento de los no latinos. Según los reportes de la población latina sobre la presencia de roedores y cucarachas en sus hogares, reconocidos como “detonantes del asma”, más del 50 por ciento de los latinos corren riesgo de padecer asma en comparación con un 31 por ciento de los no latinos.

Como muestra de las diferencias culturales entre los mismos miembros de la comunidad latina, el estudio revela que los puertorriqueños son los más propensos a tener los resultados de salud más negativos. Los puertorriqueños destacan en la estadística de fumadores –un 25 por ciento frente a un 12 por ciento de los latinos en general y un 15 por ciento de los no latinos– y tienden a consumir una o más bebidas azucaradas al día, lo cual es clave entre los factores que contribuyen a la obesidad. La prevalencia de asma entre los puertorriqueños es casi el triple en comparación con los residentes no latinos de la ciudad de Nueva York.

El estudio también revela que los inmigrantes latinos que han vivido 10 años o más en los Estados Unidos son más propensos a sufrir de “resultados adversos” en términos de salud en comparación con aquellos que han inmigrado más recientemente. Aún más, los latinos nacidos en los Estados Unidos son más propensos a consumir una o más bebidas azucaradas que los latinos nacidos fuera de los Estados Unidos. Este dato merece más investigación para descubrir las causas de esta curiosa y sorprendente discrepancia.

De acuerdo con los resultados de este estudio, se hace necesario que los proveedores de servicios de cuidados de salud a la comunidad latina en la ciudad de Nueva York, tengan en cuenta una gama de factores que van desde lo ambiental, cultural y social, así como factores emocionales y mentales en conjunto con las consideraciones médicas. Un gran número de latinos son elegibles para el Medicaid y reciben servicios médicos de ese programa; pero está claro que el programa de Medicaid, tal y como funciona hasta ahora, no obtiene los resultados esperados.

Un experimento único en el estado de Nueva York está generando esperanza sobre mejoras al sistema y al cuidado de la salud para beneficiarios del Medicaid. Iniciado en 2015 con un período obligatorio establecido de cinco años, el programa de Reforma al sistema de incentivos de pago por desempeño (DSRIP) está transformando el protocolo de pago de Medicaid de pago por servicio médico a un sistema de Pago por Valor Real (VBP). El objetivo de DSRIP es ahorrarles a los contribuyentes del estado de Nueva York miles de millones de dólares al año por concepto de hospitalizaciones innecesarias.

Esa meta se puede alcanzar manteniendo a los pacientes en buen estado de salud por largo tiempo, y no nos engañemos, los pacientes se pueden mantener en buen estado de salud si existe una relación estrecha, en particular, con el médico primario, una relación que es fomentada y estimulada por el sistema de pago por valor real. Este sistema incentiva a los médicos –con la ayuda de su personal y Trabajadores Comunitarios de la Salud, a que conozcan mejor a sus pacientes, a que se preocupen por su vida familiar, sus condiciones de vida, cómo le va en su trabajo, su situación económica, en definitiva, le incentiva a familiarizarse con la vida del paciente de manera integral.

El nuevo estudio indica que menos latinos (un 76 por ciento) reporta acceso a un médico primario en comparación con los no latinos (un 87 por ciento), mientras que solo un 57 por ciento de descendientes de latinos y mexicanos reportan esa facilidad de acceso.

La competencia cultural es un requisito clave de los 25 miembros del Sistema de Desempeño de Proveedores (PPS) en el estado de Nueva York que operan bajo el mandato de DSRIP. Entre estas, Advocate Community Providers (ACP), que opera en la ciudad de Nueva York—y provee sus servicios en particular a las comunidades latina, asiática y afroamericana—es la única red liderada por médicos, en contraste con el resto de los PPS que son corporaciones dependientes de sistemas hospitalarios. La mayoría de los médicos de ACP trabajan en los mismos vecindarios donde viven sus pacientes, y en muchos casos comparten con ellos el bagaje cultural y el idioma. Esos factores hacen posible el establecimiento de una auténtica y estrecha relación entre el doctor y el paciente.

A través de DSRIP, estos médicos de vecindario están transformando sus prácticas profesionales para proveer mejor calidad, ser más eficientes y ofrecer un cuidado de salud más integral, todo lo cual es esencial para cerrar las brechas en el acceso a los cuidados de salud en las comunidades más desatendidas. La visión es que los médicos primarios —una variante del antiguo médico de la familia a quien tiene acceso todo el mundo en el vecindario— tengan la oportunidad de indagar más en la vida de los pacientes que tienen bajo su cuidado. De esa manera pueden descubrir, por ejemplo, qué tipos de factores culturales distinguen a los puertorriqueños de otros latinos, las predisposiciones culturales de cada paciente que determinan ciertos comportamientos en ocasiones adversos para la salud. Estas predisposiciones o matices culturales pueden ser enfocadas, tratadas o incluso corregidas como características de comportamiento o rasgos culturales, de la misma manera que actitudes o rasgos culturales beneficiosos para la salud de latinos recién inmigrados, pueden ser examinados y mostrados como modelo para otros latinos.

Esperamos que el informe “La salud de los latinos en la ciudad de Nueva York”, anime a funcionarios municipales y estatales a examinar de manera más aguda todos los factores determinantes— social, médico y cultural— que afectan la salud de los latinos en la ciudad de Nueva York y, en el futuro, los factores que impactan el estado de salud de otras minorías y grupos de población en la ciudad.

Atender de manera genuina a la salud y el bienestar de las personas, en vez de definirlas anticipadamente como pacientes, es decir, alguien que está de alguna manera enfermo, será la clave definitoria de un verdadero e inteligente cuidado de la salud. Y esta inteligencia en el futuro del cuidado de la salud se manifestará de dos formas: en el sentido de que toda la información que se recopile y se analice será cuidadosamente archivada de manera digital, en registros individualizados conocidos como Registros Electrónicos de Salud, pero también será inteligente en el puro sentido humano, demostrando sentido común y un mejor entendimiento de qué factores determinan el comportamiento de una persona, qué tipo de circunstancias debe enfrentar y superar y cómo estos elementos afectarán o beneficiarán su salud.

Gracias a su liderazgo visionario y en colaboración con funcionarios del Departamento de Salud del Estado de Nueva York, ACP ha comenzado a desplegar su mapa de futuro, trabajando para garantizar el apoyo de su red de médicos independientes incluso después que culmine el período del programa DSRIP, en marzo de 2020 hacia una entidad lucrativa, llamada acertadamente, Somos, nombre que sugiere además su compromiso de identidad con las minorías y los pobres.

Por el bien común, esta fórmula revolucionaria del DSRIP, transformadora y singular que convierte a médicos en líderes comunitarios simplemente tendrá que encontrar una manera de continuar sosteniéndose de manera comercial.

-- Haga clic aquí para ver el PDF del informe.

lunes, 30 de octubre de 2017

El primer albergue móvil del mundo se estrena
sirviendo a los desamparados en Chile



Un alto funcionario del Vaticano, quien se reconoce como conservador en materia doctrinal, le confiaba recientemente a un visitante que, aunque el Papa Francisco sigue recibiendo críticas por lo que se percibe como falta de claridad en el dogma de la Iglesia, lo que le inclina a apoyar al Papa es su inquebrantable amor por los pobres, su insistencia en que el primer deber de un cristiano es amar a su prójimo que sufre.

Este deber de amar al pobre—a quien se encuentra discapacitado física o mentalmente, a los  parias, los extranjeros, los desamparados, aquellos que sobreviven al margen de la sociedad—fue el tema de la primera Exhortación Apostólica del Papa Francisco: Evangelii Gaudium, la “Alegría del Evangelio”.

“Las obras de amor al prójimo son la manifestación externa más perfecta de la gracia interior del Espíritu, escribe el pontífice, … [y] existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos”.

Cada vez más iglesias locales están siguiendo este énfasis profundamente pastoral del Papa para desarrollar más programas que permitan que, quienes tienen más para dar, puedan compartir con aquellos que han sido privados de bienestar.

En ese sentido, monseñor Fernando Chomali, arzobispo de Concepción, Chile, ha lanzado una iniciativa única a nivel mundial: un albergue móvil, llamado Alberguemóvil La Misericordia. La arquidiócesis recaudó el dinero entre los negocios del área, y con la ayuda de diseñadores y obreros de sindicatos, adaptó un autobús con cuatro camas, un par de duchas y otras comodidades. Cada noche, el albergue móvil llega a la Plaza Independencia y abre sus puertas para los desamparados.

Los voluntarios que trabajan en este programa se aseguran de cuidar a los visitantes y amablemente los reciben y tratan con la dignidad humana, respeto y nobleza que se merecen. “Más que ofrecer un servicio”, dice el arzobispo Chomali, “devolvemos dignidad”. Él insiste que el albergue móvil no es un “favor” a los desamparados de la ciudad, sino que representa una “labor de justicia”.

Y continúa: “Se habla de que somos un país desarrollado, pero aquí hay gente viviendo en la calle” y es el deber de un cristiano cerrar la brecha que separa a los ricos de los pobres. Esa perspectiva sigue la insistencia del Papa Francisco de que, ante todo, la Iglesia está llamada a ayudar a “eliminar las causas estructurales de la pobreza y promover el desarrollo integral de los pobres”.

Ese esfuerzo significativo, dice el Santo Padre, va de la mano con “los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos”. El Alberguemóvil La Misericordia hace lo suyo y lo hace con marcada eficiencia. Una de las voluntarias del albergue, Natalia del Pino, estudiante universitaria dice que el albergue les da la bienvenida a los sin hogar con “calor simple”, a lo que añade que “entrar no es difícil”. Sin dudas, el Alberguemóvil La Misericordia atraerá a muchos en las noches de invierno.

Luz Clarita, una de las beneficiarias de este albergue, declara: “Aquí nos contamos historias y nos escuchamos”. Ana, otra visitante del albergue apunta: “nos sentimos muy afortunados y le damos gracias al arzobispo”. Una estación de noticias local reportó que el Alberguemóvil La Misericordia “conecta a un gran número de personas que están listas para ayudar” con hombres y mujeres en situación de calle, quienes “buscan unas pocas horas de confort, darse una ducha con agua caliente y poder dormir un poco”.

Este concepto de un albergue móvil seguramente tendrá seguidores en otras ciudades de Chile y también en otros países. Podemos imaginar cómo funcionaría semejante iniciativa en algunas de las grandes ciudades de los Estados Unidos. El Alberguemóvil La Misericordia también posee un valor simbólico ya que de cierta manera reta a quienes lo ven en la calle a hacer algo de su parte por los pobres.

Una vez más, el Santo Padre ha escrito: “Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe”. El Papa argumenta que, como los pobres “conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos”. En Concepción, Chile, el alberguemóvil es un modesto estandarte de la verdadera esencia de este papado.

La singular iniciativa del arzobispo Chomali pone de manifiesto el mensaje de la Iglesia para la Primera Jornada Mundial de los Pobres, a celebrarse el próximo 19 de noviembre de 2017, y en el cual el Papa Francisco proclama: “Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma”.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Hispanidad y Desafíos

Por estas fechas, cada año y por Decreto del Congreso de los Estados Unidos, celebramos el MES DE LA HERENCIA HISPANA.

Es un mes dedicado a reconocer la presencia de los hispanos y de “lo hispano” en la vida de los Estados Unidos de Norteamérica. Es una ocasión anual para congratularnos como hispanos y rememorar nuestros orígenes históricos y culturales. Pero es, sobretodo, una magnífica oportunidad para reflexionar sobre la presencia de la Comunidad Hispana en la vida de esta gran Nación. Una magnífica ocasión para que los hispanos rememorando nuestro pasado, y revisando nuestro presente proyectemos nuestro futuro en los Estados Unidos.

Los hispanos sumamos ya cincuenta y ocho millones en los Estados Unidos. Esta cifra nos convierte en el 20% del caudal electoral de esta Nación. Esto significa que ya – políticamente hablando - nos constituimos en una Comunidad con poder decisorio y decisivo en el presente, en el rumbo y destino de esta sociedad norteamericana.

Sin embargo, las cifras mencionadas no corresponden a lo que hoy podemos evaluar como logros de la hispanidad en los Estados Unidos. A pesar de nuestro poderío numérico aún no contamos con leyes que protejan y preserven la presencia hispánica en esta Nación. Más aún, no hemos logrado ni leyes ni estructuras institucionales y estatales que propugnen por las virtudes y valores propiamente hispanos, en medio de una cultura dominante cada vez más materialista, consumista, hedonista, utilitarista, pragmática e individualista.

Cabe entonces, que en el MES DE LA HERENCIA HISPANA, nos preguntemos, desapasionada y honradamente, por la causa de nuestros desaciertos, las razones por las que no acertamos, los motivos por los que nuestra presencia numérica no se corresponde con la importancia, la influencia y el poder de nuestra presencia hispana en el concierto de la sociedad estadounidense.

Y las causas de nuestro bajo rendimiento, pocos logros o claros fracasos como comunidad hispana en Norteamérica no hay que buscarlas fuera de nosotros mismos. Al interior de nuestra comunidad hispánica encontramos desorganización, falta de formación política en general y de formación política de nuestros líderes o definitiva falta de liderazgo, divisiones, desconocimiento de nosotros mismos, de nuestras culturas y países distintos de donde provenimos todos los que aquí somos llamados genérica y globalmente como hispanos; una ausencia de interés por el bien común; una falta de identidad o pérdida de la misma; carencia de una agenda hispana global; una falta de conocimiento de nuestra esencia, identidad o mismidad y, además, una falta de conocimiento de la esencia cultural de la alteridad, del otro, es decir, de la sociedad que ahora nos alberga; etc.

Estas carencias de parte nuestra agravan los desafíos que hoy tenemos como hispanos en estados Unidos. Sumemos a estas dificultades un nuevo reto externo: el replanteamiento de la inmigración en general y de lo hispánico en particular que proviene de lo que podemos llamar el “fenómeno Trump”. Replanteamiento que se convierte en una verdadera amenaza para nuestro presente y futuro en esta Nación y para el cual, porque no estamos consciente y debidamente preparados, no respondemos ni en comunidad ni acertadamente, sino que patinamos, balbuceamos, lloriqueamos, o, como decimos en nuestras tierras, respondemos con “patadas de ahogado”.

Es importante que resolvamos al interior de nuestra Comunidad y comunidades hispanas los desafíos y problemas arriba enumerados. Es muy importante que, viviendo e integrándonos en y a esta sociedad que nos recibe - y sin asimilarnos – logremos ofrecer, aquí y ahora, lo mejor de nuestros orígenes y de nuestro pasado, lo mejor de nuestra historia y de nuestras culturas como naciones hispánicas. Es muy importante que – en medio de la sociedad norteamericana cada vez más posmoderna y cada vez más con las características arriba descritas – los hispanos rescatemos, por ejemplo, el valor que damos en nuestra cultura a la vida en familia y al cuidado de la salud.

Porque los hispanos, en contra de la absolutización del placer, de la discriminación y la intolerancia, de las marginación, la indiferencia y el silencio, etc… formas éstas de mal-vivencia que generan violencia; hemos de ofrecer y privilegiar el amor como la primera vocación humana, las formas democráticas de participación en la construcción social,  el esfuerzo permanente por la construcción solidaria y justa de la paz, el respeto por la riqueza de lo diferente y de las otras culturas, el respeto por la vida humana sobre cualquier otro valor e interés, la importancia y primacía de la persona sobre las cosas, del ser sobre el tener, de la ética sobre la técnica, del ser humano y su trabajo sobre la empresa y el capital, del servicio sobre el poder, de lo trascendente sobre lo pasajero, temporal y transitorio.

Familia y salud están, aquí y ahora, potencialmente en riesgo de ser sometidas y devoradas por los principios posmodernistas de la cultura dominante y en contra de nuestras culturas hispanas. En el campo de la salud, es evidente un interés utilitarista y mercantilista antes que un interés de servicio solidario y humano.

El presente de la humanidad entera y, en concreto de esta Nación, desafía a la comunidad hispana presente en los Estados Unidos a que estemos a la altura de las cifras que ya representamos pero, sobre todo, a la altura de los desafíos al interior mismo de la comunidad hispana.

Congratulaciones en este mes de la hispanidad y mucho ánimo y esfuerzos pensados, conjuntos y coordinados en la tarea de impactar en los Estados Unidos no sólo por los números sino por la eficacia benéfica de nuestra presencia en Norteamérica. ¡Adelante!.

jueves, 13 de abril de 2017

Pascua Para La Vida Abundante

Sin-sentido de la vida, vicios y evasiones, rupturas en la familia, abortos, inestabilidad económica personal y familiar, difícil acceso a las oportunidades sociales, imposibilidad de alcanzar ideales por falta de recursos económicos, estratificación social, desempleo, carencia de vivienda, imposibilidad de acceder a la educación, imposibilidad de acceder a los sistemas de salud social, vejez desprotegida por los sistemas de seguridad social, soledad, corrupción administrativa, política y gubernamental, inequidad e injusticia social, hambre, epidemias y pandemias, pésima calidad en la prestación de los servicios públicos, violencia, inseguridad social, delincuencia organizada, grandes masas migratorias, desplazados, guerras y guerrillas intestinas locales o entre naciones, grandes catástrofes naturales, son unos pocos elementos de un extenso elenco de males y conflictos personales, familiares y sociales que representan, en definitiva, mil formas de muerte o lo que se ha dado en llamar una CULTURA DE LA MUERTE.

Por estos días la Iglesia Católica celebra el acontecimiento fundante del cristianismo: la confesión de fe, según la cual, el Crucificado transformó la vida de unos primeros testigos, hombres y mujeres; transformación por la que estos llamados primeros cristianos lo proclamaron RESUCITADO y VIVIENTE en medio de ellos y a partir de su personal y comunitaria experiencia como hijos de Dios y hermanos todos los unos de los otros.

Es decir, durante dos mil años, desde aquellos primeros hombres y mujeres testigos del ministerio público de Jesús, de los conflictos que dicho ministerio le acarreó, de su proceso judicial y pasional y de la muerte en cruz, hasta hoy, los cristianos confiesan a al Crucificado Jesús de Nazaret Viviente en cada cristiano y en cada comunidad cristiana que vive la misma vida que Jesús mismo vivió y enseñó.

Dicha confesión de fe en el Crucificado Resucitado supone, al mismo tiempo, confesar que la definitiva y última palabra que Dios, el Padre, pronunció sobre la vida de Jesús de Nazaret, confesado el Hijo por los cristianos, no fue muerte y fracaso total de su proyecto sino VIDA y VIDA ABUNDANTE, (Cfr. Jn 10,10) vida eterna, vida plena, vida feliz.

Todo lo cual significa que la religión cristiana, en general, y cada creyente en Cristo, en particular tiene – como fundamento y principal confesión de su fe – la certeza religiosa y el compromiso a favor de la Vida y en contra de la muerte, en las mil formas en que ésta se presenta. Que toda la vida de Jesús de Nazaret, su Evangelio y la forma de relacionarnos con Dios (como hijos) y con los otros (como hermanos) que de esta vida y enseñanza se derivan, es decir, la religión (relación) cristiana son una propuesta-protesta a favor de la Vida y de la Vida abundante, y por tanto, podríamos decir, el fundamento programático-doctrinal y el estilo de vida (personal y comunitario) que aliente lo que podemos llamar una CULTURA DE LA VIDA (en contra de la ya mencionada “Cultura de la Muerte”).

Nuestra vida personal, familiar y social transcurre, ya quedó dicho, en medio de mil formas de muerte. Cada uno de nosotros, (personal y socialmente) padece carencias, extraña mejores condiciones de vida, tiene la esperanza de días mejores que suponen días de mayor justicia y equidad, días de mayor y más fácil acceso a las oportunidades sociales, tiempos de mayor solidaridad, libertad y fraternidad. Todos añoramos “el cielo nuevo en la tierra nueva”. Diríamos que esta es la esperanza que jalona nuestro presente y que motiva nuestro ser y quehacer cotidiano.

LA RESURRECCION DE CRISTO alienta esta esperanza porque alienta la necesidad de mejores sistemas de educación, de vivienda y de salud; mayores niveles de equidad y de justicia, mayor búsqueda del bien común en la administración de justicia y de los dineros públicos. La Resurrección de Cristo, también llamada, PASCUA (paso) CRISTIANA nos empuja a todos a comprometernos por un mundo mejor, más humano, más fraterno, más solidario, más vivible, más amable.

Esta CULTURA DE LA VIDA, que se funda en la experiencia y confesión de fe en un Dios Creador y de la Vida abundante en la Resurrección de Cristo y, por El, con El y en El, en nuestra propia Resurrección ha de manifestarse especialmente en las sociedades en las que mayoritariamente nos llamamos “cristianos”, aunque nuestra experiencia pública de fe la celebremos en congregaciones religiosas con distintas denominaciones.

Dicho de otra manera, las manifestaciones de la Cultura de la Muerte resultan contradictorias y escandalosas en sociedades donde mayoritariamente – como en nuestro caso – nos confesamos públicamente como “cristianos”. Porque dichas manifestaciones chocan y contradicen el proyecto fundamental de Dios en Cristo; su Resurrección que es abundancia de vida, en contra de la abundancia de muerte.

Si nuestra profesión de fe como “cristianos” la vivimos en medio de situaciones manifiestas de precariedad de vida para unos frente a la abundancia desigual de unos pocos; si mientras millones mal viven o sobre-viven mientras unas minorías nadan en la abundancia; si las decisiones gubernamentales no procuran el bien de todos y – con ello – vamos construyendo persecución, desigualdad, desunión, divisiones, discriminación e intolerancia; si – en fin – no logramos aún la construcción de un mundo más humano por lo fraterno y justo, entonces nuestra experiencia religiosa es falsa porque es hipócrita, porque la construcción que hacemos de nuestro entorno personal y social contradice los postulados, principios hy valores del Evangelio de la Vida de Jesucristo.

Pascua Cristiana, por la Resurrección de Cristo, es tiempo para que examinemos nuestros compromisos personales y familiares y nuestros frutos como sociedad norteamericana. Tiempo para que nos preguntemos si los frutos y valores con los que estamos diseñando la construcción de nuestra sociedad – poblada mayoritariamente por “cristianos” – corresponden coherente y auténticamente al proyecto y Cultura de la VIDA ABUNDANTE para todos que emana del Evangelio.

Entonces, concluyo aquí con una invitación: Que nuestras confesiones de fe “cristiana” y nuestro culto “cristiano” se manifiesten finalmente en instituciones, estructuras y relaciones sociales “cristianas” a favor de LA VIDA (en todas sus expresiones) y en contra de la muerte (en sus tantas formas). ¡FELICES PASCUAS!





domingo, 9 de abril de 2017

Categóricamente, la reforma en materia de salud debe ser no-partidista.

En las últimas semanas, el público estadounidense ha venido presenciando un lamentable espectáculo. Justo porque el futuro de la Ley de Atención Asequible de la Salud (ACA, por sus siglas en inglés) pende de un hilo, los integrantes de la cúpula política del país —desde la Presidencia hasta los más bajos rangos— se han enfrascado en una ominosa guerra de palabras, donde no han faltado francotiradores partidistas. Todos esos litigantes se han venido aferrando a inflexibles posiciones ideológicas, revelando, así, su obstinación de buscar sólo mezquinas ventajas políticas. 

El destino de millones de estadounidenses pobres, o relativamente marginados, quedó omiso por completo desde la primera batalla que el nuevo gobierno entabló en torno a la reforma sanitaria (la primera de muchas escaramuzas políticas, obvio). El acceso a una atención médica de calidad por parte de esas amplias masas depende ahora de lo que se les ocurra a sus representantes en la capital del país. Al margen de cualquier politiquería, su bienestar debiera estar en el centro del debate. El deber y la alta vocación para servir al bien común —valores inscritos en las actas fundacionales de la nación— deben guiar a los legisladores de ambos bandos.
Tristemente, esto está muy lejos de la realidad; y, con la inminente batalla por la reforma fiscal que ahora mismo se extiende sobre todo Washington, D.C., es de temer que en el camino quede extraviada una auténtica reforma sanitaria. Por lo mismo, ya sea para bien o para mal, la ACA se mantendrá vigente en el futuro previsible, protegiendo como hasta ahora a algunos ciudadanos, al tiempo que aumentará la carga financiera de muchos otros, sobre todo por las elevadas tarifas y el reducido número de aseguradoras que se han adherido a esta ley, al margen de muchas otras dificultades, complejas e irresolubles, que complican dicho programa. 
De manera concreta, debe recordarse que la ACA no fue una simple ocurrencia del gobierno de Obama. Hace tres décadas, al menos, la Primera Dama del gobierno de Clinton impulsó, aún imperfectamente,  un proyecto para proporcionarles atención médica a las masas más desprotegidas de nuestro país. El eslogan simplista y chovinista de «repeal and replace» (rechaza y sustituye) difícilmente expresa la complejidad de esta situación. Aún más grave, tal enfoque deja de lado las necesidades inaplazables de los destinatarios finales de cualquier reforma: los estadounidenses más vulnerables y desprotegidos, cualquiera que sea su origen.
Por supuesto, a todos nos queda claro que la ACA necesita mejorarse en diversos aspectos. Todos los involucrados —legisladores, aseguradoras,  empresas farmacéuticas, fabricantes de aparatos médicos, etc., así como el pueblo estadounidense en su conjunto— hemos llegado a la conclusión de que es necesario restaurar y transformar el programa en cierta medida. No bien así, el proceso requerido deberá guiarse a partir del sentido común y de un enfoque de bienestar general (nada de políticas partidistas que sólo buscan su propio beneficio, siempre veloces y relajadas al traficar con el bienestar físico, emocional y mental de incontables ciudadanos estadounidenses).
Un primer paso ideal hacia la reforma de la ACA y del sistema sanitario en general sería establecer un panel o comisión de especialistas, cuyos miembros aportaran sus respectivos conocimientos para enfrentar este reto desde una perspectiva totalmente imparcial. Esto significa que a los miembros del panel o de la comisión se les encomendaría diseñar un plan al respecto, pero desde una perspectiva totalmente imparcial, apolítica y ajena a cualquier simpatía. Su objetivo sería más que claro: ¿cómo el gobierno puede atender de manera más eficaz las necesidades de todos los estadounidenses, especialmente de quienes sufren las peores y más vulnerables condiciones?
Un caso ejemplar de ello sería incluir, junto con el grupo de expertos, a un número significativo de médicos de cabecera, todos reconocidos y selectos. Su experiencia sería crucial gracias al trabajo que han realizado en algunas de las comunidades más pobres del país, como las ubicadas en las zonas rurales y en los barrios bajos de las grandes ciudades. Dichos médicos están en condiciones de ofrecer un testimonio, tan elocuente como factual, de las difíciles situaciones que padecen los estadounidenses que no cuentan con una adecuada atención médica a causa de la pobreza, la cual los ha condenado a vivir largamente en condiciones de miseria tan ocultas como lastimosas y atroces.
Este aspecto doloroso —y, francamente, digno de vergüenza— que define la realidad de Estados Unidos en pleno siglo XXI, nos obliga a reconocer la importancia que entraña fortalecer y mejorar el programa Medicaid del país. Este propósito debe formar parte de cualquier programa de reforma del sector salud. Estados Unidos carece de un programa de cobertura sanitaria como del que gozan los países europeos. Nuestros desplazados tienen al Medicaid como la opción más cercana con que pueden contar en ese sentido. Y, nadie puede negarlo, el Medicaid requiere reformarse también: el programa de beneficios debe llegar a ser más eficiente, ser menos propenso al desfalco y al fraude. En cualquier caso, Estados Unidos debe hacer todo lo posible para atender a los más desvalidos y vulnerables miembros de su sociedad.
La reforma en materia de salud no debe tratarse como un partido de fútbol, con ánimos de desquite y de humillación para los oponentes. Nuestros políticos están llamados a avanzar por vías superiores para mejorar al máximo el acceso a la atención médica que requieren los estadounidenses de todas las clases sociales. Esto también significa aliviar la carga financiera que soportan las clases medias, cada vez más oprimidas. Sin embargo, por encima de todo, la máxima autoridad del país es quien tiene la mayor obligación de asegurar que los estadounidenses menos favorecidos obtengan la atención que necesitan, lo cual constituye el sine qua non de cualquier reforma sanitaria moralmente legítima. 


sábado, 1 de abril de 2017

Misión Médica en República Dominicana

https://goo.gl/photos/g9D8fmYEmDg5MLY27 La Sociedad Médico-Dental Dominicana ha organizado una vez más una misión médica en República Dominicana. Este año han asistido 120 médicos. Entre las especialidades principalmente contábamos con 30 dentistas, 40 cirujanos, 20 oculistas, 30 pediatras.  El operativo medico tuvo lugar en las afueras de la capital en un barrio llamado la Nueva Barquita, recientemente inaugurado con viviendas nuevas para familias de escasos recursos. Más de 4000 operaciones se realizaron durante este operativo. Se acercaron alrededor de 6000 personas para solicitar asistencia médica. 

Haga clic aquí para ver las fotos de la misión.




martes, 21 de marzo de 2017

La Biblia en Estados Unidos: varias razones de esperanza
y un motivo de preocupación

Recientemente, el papa Francisco sugirió, tanto figurativa como literalmente, que las personas llevan ahora un ejemplar de la Biblia consigo y consultan sus páginas con la misma facilidad con que usan sus celulares para entretenerse, informarse o mantenerse en contacto con sus amigos y familiares.

En efecto, hay muchas aplicaciones de la Biblia o aparatos móviles que hacen de esa práctica una realidad al alcance de la mano de casi todos, salvo acaso de las personas de edad muy avanzada. Esas herramientas son muy valiosas, especialmente en el propósito de contactar a los millennials  y los adolescentes.  Al mismo tiempo, el Pontífice puso el dedo en la llaga de lo que es, o debería ser, motivo de preocupación para las iglesias cristianas de todas las denominaciones: en todo Occidente y en todos los grupos generacionales, está en franco retroceso el compromiso y el aprecio de la Biblia como objeto encarnado de la Palabra de Dios. 


Esto es verdad particularmente entre quienes rara vez asisten a los servicios litúrgicos y entre quienes han dejado de ir a la iglesia de plano. Es el caso, desde luego, de quienes —sin importar la edad— conciben a las Sagradas Escrituras como una creación netamente humana y, peor aún, como una fuente de opresión bajo la forma, por ejemplo, de homofobia o de otras formas supuestamente contrarias a la libertad humana.

El Grupo Barna, en colaboración con la Sociedad Bíblica de Estados Unidos (ABS, por sus siglas en inglés) hizo una extraordinaria aportación en este sentido con la publicación de La Biblia en Estados Unidos: el fluctuante panorama de las percepciones y el compromiso bíblicos. Este libro recopila los resultados de 14,000 entrevistas realizadas a adultos y adolescentes estadounidenses en los últimos seis años. La segmentación demográfica del estudio fue realmente extensiva, pues abarcó desde adolescentes hasta baby-boomers y ancianos; y se registraron allí las opiniones de creyentes y no creyentes, de feligreses y vecinos ajenos a las iglesias, y entre los encuestados hubo adeptos a la tradición católica pero también a las iglesias protestantes, tanto principales como adyacentes.

Los hallazgos derivados de este sondeo son altamente representativos del gran número de actitudes y perspectivas que existen en torno a la Biblia y a su papel en la vida privada y comunitaria. Por lo mismo, deben ser una poderosa herramienta para los jerarcas de la Iglesia estadounidense en la asignatura inaplazable de evitar un definitivo y alarmante declive del compromiso bíblico en Estados Unidos.

Seamos claros: el amor y la consulta de la Biblia se han mantenido inalterados entre los feligreses y los creyentes devotos. De hecho, la Biblia está ahora aún más enraizada en las vidas de innumerables personas, gracias en parte al resurgimiento entre católicos y protestantes de la ancestral práctica de Lectio Divina: un método de lectura de las Sagradas Escrituras que, en última instancia, abre las puertas a la oración contemplativa y al misticismo.

Vaya desde aquí mi mayor reconocimiento y más profunda gratitud a la ABS por haberme concedido la oportunidad de producir una serie de manuales de Lectio Divina, en varios idiomas, durante los años extremadamente provechosos en que estuve al frente del Departamento de Ministerios Católicos de esa organización.  Aunque sigue estando a la zaga de los protestantes en cuanto a compromiso bíblico se refiere, la Iglesia católica ha avanzado significativamente en este sentido desde el Concilio Vaticano II.

Aun así, la investigación de Barna tiene un grave tono de advertencia: en 2016, el número de «escépticos bíblicos» creció a 22 por ciento, mientras que el porcentaje de «adeptos bíblicos» se ubicó en 17 por ciento. Apenas en 2001, sólo 1 de cada 10 estadounidenses era escéptico de la Biblia, y 45 por ciento confirmó que «Dios les hablaba regularmente a través de la Biblia». Esto significa un cambio dramático, apenas matizado por el dato de que, en 2015, el 61 por ciento de los encuestados indicó que «les gustaría leer más la Biblia»; asimismo, en 2016, el 53 por ciento creía que los políticos harían mejor su trabajo «si leyeran la Biblia más a menudo».

No bien así, la investigación de Barda revela que en Estados Unidos existe un evidente declive de personas comprometidas con la Biblia, fenómeno que es aparentemente más dramático entre los jóvenes, los millennials y los adolescentes, especialmente entre quienes no son feligreses. En su prólogo de este libro, Jason Malec, director administrativo de la Misión de la ABS en Estados Unidos, no se anda por las ramas. Luego de confirmar que la Biblia «ha tenido un impacto más profundo en nuestra cultura como ningún otro libro», advierte que «si prosigue la actual tendencia, la Biblia perderá ciertamente su lugar como principal factor definitorio de nuestra cultura».

El presidente de Grupo Barna, David Kinnamon, diagnostica las causas principales del declive de la Biblia como fuente de consulta y de la caída de los asistentes a los cursos bíblicos: hay un creciente escepticismo sobre «los orígenes, la relevancia y la autoridad de las Sagradas Escrituras»; asimismo, y de acuerdo con lo que él mismo llama «un nuevo código moral», más y más personas (incluso cristianos) «asumen la auto realización como el bien supremo». Esta orientación hace que la cultura sea más resistente a la fe basada en la Biblia y la cual sostiene que es «el orden moral de Dios el que conduce al florecimiento humano y social», y no la búsqueda obstinada y consumista de la auto determinación y la auto superación.

En el lado positivo, Kinnamon indica que el «acceso digital» es una bendición en la forma de «nuevas herramientas y tecnologías que están haciendo a la Biblia… más accesible que nunca». Desde luego, si este acceso no se hace acompañar por una educación y una guía adecuadas, es imposible garantizar una fe más profunda y un mayor compromiso bíblico. 

«Si estas tendencias prosiguen su actual curso», advierte el reporte, «continuará a la baja el número de personas (especialmente jóvenes) que vean a la Biblia como un libro sagrado» y como la fuente de la más profunda sabiduría sobre la vida y la verdadera naturaleza de la realidad. El núcleo del problema es que «de manera creciente, los estadounidenses rechazan fuentes ajenas de autoridad moral, tanto espiritual como cívica». Aun así, «2 de cada 32 millennials y 7 de cada 10 adolescentes mantienen una perspectiva ortodoxa de la Biblia», revela el reporte. Sin embargo, la falta de tiempo impide que un tercio de los millennials creyentes lean la Biblia.

El estudio presenta un panorama de grandes contrastes. Una y otra vez, los hallazgos críticos se compensan con señales esperanzadoras. Por ejemplo, 68 por ciento de los adultos estadounidenses —lectores habituales de la Biblia o no — están «totalmente o medianamente de acuerdo»  con que las Sagradas Escritura son una «guía integral para lograr una vida con significado». Curiosamente, esta convicción es mayor entre los afroamericanos y las mujeres y —tal como era de esperarse— más fuerte en el sur del país que en las costas este y oeste.

A pesar de sus hallazgos contradictorios, el reporte señala que «muchos estadounidenses parecen experimentar muy poca disonancia cognoscitiva entre su adopción de un nuevo código moral [la búsqueda de la auto realización] y su opinión de la Biblia como una guía para la vida». Alguien podría argumentar, desde luego, que la comprensión real de las Sagradas Escrituras de estos encuestados en particular es —más allá de un vago y general sentido de apreciación de la Biblia como un patrimonio de la civilización judeocristiana que debe valorarse y respetarse— más bien superficial. 

¿Qué puede incentivar a alguien, de cualquier edad, para que asuma un mayor compromiso con la Biblia? La respuesta número uno es llegar a la comprensión de que leer y estudiar la Biblia es «una parte importante de mi viaje en la fe»; una «difícil experiencia en mi vida» es la segunda motivación más importante, seguida de un evento «significativo» de la vida, como el matrimonio o el nacimiento de un hijo.

Para los ministros, pastores y catequistas laicos, estos momentos tan aleccionadores deben aprovecharse de modo proactivo; son ventanas de oportunidad para demostrar el poder de las Sagradas Escrituras y hay que hacerlo de prisa porque suelen cerrarse de nuevo en un tris. Los jerarcas de la Iglesia deben estar más atentos que nunca antes. Sobre todo, como escribe el presidente de la ABS, Roy Peterson, los pastores del rebaño «deben comprometerse activamente» con la Biblia ellos mismos, «creando oportunidades diarias que les permitan ser moldeados y guiados por la palabra de vida de Dios». Sólo entonces «se convertirán en testigos del poder de Cristo para transformar el corazón humano». Mientras tanto, el Grupo Barda y la ABS les han dado a los jerarcas de la Iglesia un formidable arsenal de investigación que debe procesarse todavía. 

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