sábado, 16 de marzo de 2019

SEIS AÑOS DEL PAPA FRANCISCO



El 13 y 19 de marzo, el mundo católico celebrará seis años de la elección e inauguración del Pontificado de Francisco ocurridas en el año 2013.

Seis años son un buen trecho recorrido para mirar atrás y evaluar lo andado pero, sobre todo, para proyectar el futuro próximo que nos espera y desafía bajo la guía de este hombre, de este cristiano y de este pastor, reconocido como líder espiritual por y para toda la humanidad.

Algo de su Perfil…
Su pontificado ha causado admiración y a nadie ha dejado indiferente, bien por el novedoso perfil de su genuina personalidad como ser humano y como Papa o bien por los temas, acentos y énfasis de su ministerio Petrino.

Porque Francisco es, primeramente, un hombre latinoamericano, un cristiano, un sacerdote jesuita que abrazó y abraza la vida y enseñanzas de Jesús de Nazaret para hacerlas su propia vida y sus propias enseñanzas. Y esta manera de querer vivir auténticamente el evangelio de Jesucristo, de manera sencilla, transparente y sin poses, no es ajena ni escapa al asombro y admiración de todos, dentro y fuera de la Iglesia Católica.

Su propio temperamento y su vida como cristiano lo convierten, además, en un hombre y pastor cercano, sencillo, humilde, en uno como nosotros. Jorge Mario Bergoglio es, como hombre y como Papa, un ser cotidiano, sencillo y auténtico en sus palabras y gestos, en los temas que trata, en sus actitudes y en su modo de comunicarse y acercarse a todos…

Su manera de ser y estar en la Iglesia y en el mundo lo muestran como un hombre conservador en su doctrina pero progresista en sus actitudes y enfoques; como un buen pastor, acogedor, compasivo e incluyente y no excluyente (por ejemplo en su acercamiento al puesto de las mujeres y de los homosexuales en la vida de la Iglesia) y como un Papa que tiene, quiere y propone una nueva manera de entender las formas de gobierno al interior de la Iglesia hasta aparecer y presentarse él mismo como “anticlerical”.

Sus Retos y Respuestas…
Devolver la confianza y la credibilidad del mundo y de los fieles católicos en la Iglesia Católica, en sus jerarquías, en sus instituciones, y en su mensaje es, sin duda, el gran reto que afronta la Iglesia en tiempos del gobierno del Papa Francisco. Y esto, porque el Pontificado de Francisco está siendo desafiado por importantes temas y problemas – al interior y exterior de la Iglesia - que hay que afrontar y resolver para la vida y el ser y quehacer de la Iglesia en el mundo.  
A dichos problemas y retos Francisco ha respondido poniendo la cara, sin aspavientos ni mucho ruido, pero sí, con toda la determinación y seriedad que dichos desafíos demandan del Jefe y Guía de la Iglesia Universal.

A continuación, enumero brevemente los que a mi parecer son esos grandes desafíos que tiene el Pontificado de Francisco y las respuestas que el Papa ha venido dando en cada caso durante sus seis años de Pontificado.

En primer lugar, urge que la Iglesia Católica, sus autoridades, especialmente en la persona de su jefe y guía universal, se posicione y lidere posturas en los grandes temas que interesan a la misma Iglesia y a la entera humanidad. Urge que la luz “no se quede debajo de las camas sino que alumbre a todos los que están en casa”. Urge que la luz “brille en medio de las tinieblas”. Urge que la predicación de la Iglesia salga de las sacristías para iluminar el camino de todos los hombres y mujeres de buena voluntad en los grandes temas, de toda índole, de la existencia humana y de la vida en sociedad.

Respondiendo a este desafío, Francisco, como hombre latinoamericano, conocedor de primera mano de los distintos clamores, angustias y rostros que tienen los gravísimos problemas sociales que el hombre de hoy padece y desde las primeras horas de su Pontificado, ha pedido a la Iglesia “salir hacia las periferias”. Lo que significa e implica, no sólo salir hacia las periferias geográficas sino también y sobre todo hacia los temas centrales del mundo y de toda la humanidad que la Iglesia, quizá, convirtió en periféricos.… Pero además, Francisco, en todos sus mensajes, se muestra interesado por los problemas cotidianos y de toda índole en medio de los cuales viven los seres humanos con la certeza y convicción de que el evangelio de Jesús puede iluminar y esclarecer la existencia de todo el hombre y de todos los hombres, con su misterio, sus problemáticas, sus luces y sombras (Cfr. GS 22). La apertura de Francisco a todo tema que interese a todos ha quedado demostrada, además, en sus múltiples viajes, mensajes y encuentros con líderes políticos y religiosos del mundo entero.

En segundo lugar, Francisco ha empeñado gran parte de estos seis años de su Pontificado en una gran reforma al interior de la Iglesia que parta desde el seno mismo de la organización del Estado Vaticano y, en concreto, de la Curia Romana, de sus dicasterios, de su organigrama, de las cuentas, etc. Con la convicción de que el testimonio empieza por casa, Francisco nombró desde el inicio de su Pontificado una comisión de Cardenales encargados de dicha reforma como sus consultores y consejeros inmediatos. Reforma que no ha sido fácil para el Papa por las resistencias que, en el seno mismo de la vida Vaticana, han surgido y se han evidenciado.

Un tercer desafío, el más mediático de todos, tiene que ver con los escándalos que, en materia sexual, vienen minando la credibilidad de la Iglesia, especialmente por abusos sexuales cometidos contra menores (pederastia) por parte de ministros ordenados y de hombres y mujeres consagrados (obispos, presbíteros, religiosos y religiosas). Crímenes sexuales cometidos, una inmensa mayoría de ellos décadas atrás y otros muchos en tiempos recientes, que hoy salen a la luz pública gracias a las denuncias, al pago de demandas y, sobre todo, a la inmediatez de los acontecimientos en que hoy vivimos debido a la comunicación por los medios y las redes sociales. 

En ésta, como en las materias más importantes de la vida de la Iglesia, Francisco ha tomado las riendas, ha puesto la cara y las cartas sobre la mesa para que se discuta y ventile el tema sin tapujos ni miedos. El gobierno del Papa Francisco ha tomado decisiones drásticas, ha legislado, se ha encontrado personalmente con las víctimas, ha pedido perdón, ha castigado, ha reducido a muchos clérigos a la vida laical, ha decretado tolerancia cero, pero – sobre todo – ha denunciado la hipocresía de nuestra actual vida en sociedad en la que priman el hedonismo y la pansexualidad. Sociedad pansexualista y libertina en materia sexual en la que nacen, se forman y de la que provienen también los sacerdotes y religiosos y que después se rompe las vestiduras por los crímenes sexuales – de toda índole – que ocurren a diario por centenares en el mundo entero y que son cometidos no sólo por clérigos sino por hombres y mujeres de todas las condiciones y estados de vida.

Por último: todo lo anterior, configura un desafío más y no menos importante para la Iglesia Católica: la actual y creciente desbandada y/o caída en el número de fieles católicos que se registra en todas las latitudes, debido - en la mayoría de los casos - a las problemáticas antes enunciadas. Francisco es consciente de ello y con su personalidad, sus acentos, su vida y su Pontificado propende, sobre todo, por una vida cristiana y eclesial según la cual la autenticidad y calidad del catolicismo y del discipulado de Cristo por parte de los creyentes prime sobre la cantidad; y que la cantidad sea una resultante del testimonio y del seguimiento auténtico de Cristo por parte de los cristianos.

Que Dios bendiga a Francisco para que, con la autoridad y autenticidad humana y cristiana mostrada en estos seis años de Pontificado, continúe guiando la vida de la Iglesia e iluminando el camino de toda la humanidad por muchos años.


sábado, 29 de diciembre de 2018

Año Nuevo…Vida Nueva y Un Mundo Mejor

Fin de año y comienzo del nuevo es época de despedidas y bienvenidas. Es época de buenos deseos y de hacer votos por la prosperidad de los seres queridos y de la entera humanidad. Pero, sobre todo, es tiempo de balances, de buenos propósitos e intenciones….

Cuando termina el año, evaluamos lo cosechado y lo no logrado respecto de los objetivos y metas que nos trazamos para el año que termina… Metas que van desde el plano meramente individual y muy personal hasta las que trascienden fronteras familiares, sociales, raciales, ideológicas y culturales, para abrirse a las mejores intenciones y propósitos por el bien de todos los que habitamos la tierra.

Vivimos, quién lo ignora y quién lo duda, tiempos de profundos cambios y de crisis que a todos nos afectan, nos angustian y nos llenan de incertidumbre respecto del futuro próximo de la vida de cada uno, de nuestros más próximos, de nuestros connacionales y del mundo…

Cambios y crisis que tocan todos los estamentos de la vida del hombre en sociedad y en todo el planeta. Crisis y cambios que tienen que ver con la esfera de lo político, lo económico, lo religioso, lo cultural, lo social, etc… Crisis de estructuras, crisis en las instituciones y en las organizaciones sociales. Hay crisis y cambios en lo tradicionalmente conocido y establecido… Si algo caracteriza nuestro tiempo es la incertidumbre sobre lo que está por venir…

Nadie, ninguno de nosotros, es ni puede ser un espectador pasivo o o ajeno ante lo que pasa en el escenario de la vida del hombre sobre la tierra. Todos somos corresponsables de la historia que vamos construyendo o destruyendo. Somos profundamente solidarios en el bien y en el mal. Ninguna de nuestras palabras y hechos, de nuestras acciones u omisiones deja de tener repercusiones en la cotidiana tarea humana de construir mejores vidas personales, mejores familias, mejor sociedad y mejor mundo….
Un somero análisis de nuestra presente realidad a nivel micro o macro, a nivel personal, familiar, social, nacional o mundial, nos permite reconocer grandes avances y, al tiempo, enormes y muy graves problemas. 

Los avances tienen que ver, en su mayoría,  con el crecimiento en lo material y financiero, con el mundo del mercado, de la ciencia, de la técnica, de la tecnología y de las telecomunicaciones. Pero, lamentablemente, pareciera que a medida que crecemos en lo material decrecemos en los aspectos morales y espirituales. La evidencia de los acontecimientos cotidianos y noticiosos nos alertan sobre el decrecimiento en el mundo de los valores e ideales profundamente humanos que sustenten y promuevan la construcción de un mundo mejor, más justo, más equitativo, más solidario, más compasivo, más fraterno: un mundo como una gran mesa en el que todos tengan derecho al asiento y al compartir en paz y prosperidad.

Deseo, al comienzo de este año nuevo 2019 que todos hagamos conciencia de la importancia que tienen cada una de nuestras muy personales e individuales intenciones, decisiones acciones u omisiones para la construcción de las estructuras e instituciones sociales. Que entendamos, de una vez por todas, que nuestro ser y quehacer cotidiano no es indiferente al destino de toda la humanidad. Que nuestro aporte y granito de arena cuenta y mucho en las cordilleras de bien y de bienestar que hay que construir en la búsqueda de un mejor presente y mejor mañana para todos. Que, a diario, no somos espectadores sino protagonistas de nuestra propia historia de y de la de nuestros próximos.

Porque si nuestros mayores y más graves problemas y crisis tienen que ver con las estructuras sociales carcomidas por la corrupción, ello se debe a la crisis de los hombres que las crean, conforman y sostienen y, más que eso, a la crisis profunda de valores situada en el interior de cada uno de nosotros mismos: crisis en el espíritu del hombre, de los hombres; crisis en el espíritu humano.

Invito, por tanto, a todos a una evaluación honesta sobre los principios, valores, metas e ideales que rigen nuestras actitudes y acciones. Invito a todos en esta época de un año que termina y otro que viene y que esperamos todos con ilusión, para llenarnos de los mejores anhelos, hacer los mejores votos y obrar en consecuencia para para hacer del 2019 un año de mejores logos en la consecución del bien común y de la paz para todos los hombres y todos los pueblos de la tierra.

Es mucho lo que hemos hecho pero mucho más lo que nos falta por hacer. Nuestra historia y destino está en las manos de cada uno. Y nuestro quehacer y accionar cotidiano dependen de lo que moral y genuinamente somos cada uno de nosotros como personas, de nuestros valores e intereses. Y porque nuestras obras reflejan nuestros valores, deseo que todos los días del 2019 nos revelen a cada uno de nosotros como mejores seres humanos y mejores ciudadanos del mundo. Bien lo dice la canción: “Año nuevo, vida nueva, más alegres lo días serán… “FELIZ y PROSPERO AÑO NUEVO!



sábado, 22 de diciembre de 2018

NAVIDAD: UNA LLAMADA…

CHRIST,MANGER,SHEPARDS



Hay hombres y mujeres cuya vida no podemos ignorar. Simón Bolívar, Juana de Arco, Martin Luther King, Marie Curie, Ghandi, Teresa de Calcuta, Marx, Rosa Parks, Edith Stein...  ¿Qué fue lo que hicieron estos hombres y mujeres para causar el impacto que causaron en la historia de la humanidad? Lo que hicieron fue simplemente vivir e hicieron de su vida una llamada…. Entre ellos hay un hombre que produjo el mayor impacto en la historia de la humanidad: JESUS DE NAZARET. Nos encontramos contando 2018 de historia a partir de su nacimiento en la pequeña aldea de Belén. Este acontecimiento es el que marca las fiestas decembrinas en el mundo. Si hay mensajes, luces, regalos, viajes, vacaciones, estrenos, encuentros familiares, música y fiesta es porque celebramos un aniversario más de su nacimiento.

Diciembre, entonces, le recuerda al mundo el nacimiento de Jesús de Nazaret, pero con la celebración de su nacimiento recordamos, sobre todo, sus grandes aportes a la historia de la humanidad y lo que su vida toda, sus hechos y sus palabras contienen y significan no sólo para sus discípulos, los cristianos de todos los tiempos, sino para todo hombre y mujer de buena voluntad.

Así, en primer lugar, toda la vida y obra de Jesús de Nazaret contiene una propuesta, una invitación para todos los seres humanos para la construcción de un mundo mejor mediante el reconocimiento de que somos hermanos, hijos del mismo Dios, a quien enseñados por Ël podemos llamar Padre bueno, compasivo y misericordioso. Reconocimiento, según el cual, podemos alcanzar la felicidad que todos anhelamos amándonos los unos a los otros, sirviéndonos, perdonándonos, compartiendo, solidarizándonos, tolerándonos, entendiéndonos los unos a los otros. Esta propuesta de AMOR choca contra toda forma de egoísmo, de injusticia, de discriminación, de violencia y de muerte. 

La propuesta de Jesús de Nazaret con todo su mensaje y el testimonio de su misma vida son, permanente, una llamada, una invitación y un desafío al mundo entero por hacer de la existencia en la tierra un espacio-tiempo mejor y más amable para todo hombre y mujer que viene a este mundo.

La celebración de la Navidad, del nacimiento de Jesús de Nazaret, por otra parte, nos recuerda y nos marca a todos un derrotero, un camino, una filosofía de vida, una lógica, unos principios, unos valores, un sentido para la vida que normalmente no es ni nuestro camino ni nuestra lógica. Así, mientras vamos construyendo una vida y una sociedad en la que lo importante es tener, aparentar, disfrutar a costa de lo que sea, cuidarnos y protegernos egoístamente, acaparar, acumular, atropellar y aplastar para escalar, para subir, para trepar... Jesús de Nazaret nos recordará siempre otra lógica, otra dirección para la vida de los hombres en la tierra si queremos ser felices: la lógica del pesebre de Belén, de la humildad, del abajamiento, del desprendimiento, de la donación total de la vida, la lógica del servicio al otro, especialmente al más necesitado, hasta las últimas consecuencias, lógica del perdón, la lógica del amor hasta la cruz…

Finalmente, la celebración de la NAVIDAD también nos recuerda a todos – no sólo a los cristianos – la importancia de lo humano, de lo verdaderamente humano. El significado profundo y cristiano de la Navidad contiene y revela a todos esta verdad: a Dios le importan la humanidad y todo lo profundamente humano. En el niño envuelto en pañales y recostado en el pesebre, en el hombre que predicó en Galilea y que lavó los pies de sus discípulos, en el que curó amando y se dio a todos sin medida, en el que entró en conflicto con las estructuras legales y cultuales de su tiempo porque puso por encima de todo el AMOR hasta morir colgado en un madero,  los cristianos confesamos al Hijo de Dios, en todo semejante al Padre, y reconocemos en Él la suma y perfecta revelación de la divinidad de Dios en su humanidad y el proyecto de hombre que Dios tiene para todo hombre. Entonces desde la primera Navidad, hasta hoy, nada que sea humano nos puede dejar indiferentes. Porque es en lo profundamente humano como Jesús en lo que se revela lo absolutamente divino como Jesús mismo.

Podremos intentar soslayar con mil manifestaciones y términos el significado de la Navidad. En nombre del pluralismo ideológico y del respeto por las mil creencias podremos intentar eludir el significado de la navidad o confundirlo con una fiesta más, con unas vacaciones más durante el año pero no podremos evitar reconocer que la propuesta de la vida y obra de Jesús de Nazaret siguen siendo una llamada, una invitación para la construcción de “un cielo nuevo en una tierra nueva”, para la construcción de una vida personal y social según otra lógica, otra criteriología… según la cual podamos amarnos los unos a los otros en respeto absoluto por la dignidad y los derechos fundamentales de cada ser humano: con amor y respeto absoluto por todo el hombre y por todos los hombres.

Navidad entonces es memoria bimilenaria de lo acontecido en Belén, es un regalo de Dios para el mundo en el niño del pesebre, pero es también y sobre todo una propuesta, una invitación, una llamada, un reto, una tarea, un compromiso… ¡FELIZ NAVIDAD!



jueves, 22 de noviembre de 2018

Agradecer…Para Ser Felices

DAR GRACIAS es una acción que surge de la capacidad que tiene el ser humano de reconocer bondad y belleza en su vida, en su entorno, en los otros, en todo lo que es, en todo lo que tiene y le acontece.

Celebraciones de acción de gracias se han realizado desde siempre en las más diversas comunidades, épocas y culturas de la historia de la humanidad. Aquí, en los Estados Unidos de Norteamérica, todos hemos crecido conociendo y celebrando la gesta histórica según la cual, en los orígenes de esta gran Nación, concretamente en el año 1623 en Plymouth (en el actual Estado de Massachusetts) tuvo lugar un encuentro y una comida de acción de gracias por la buena cosecha. Dado que al principio la colonia de Plymouth no tenía suficiente comida para alimentar a la mitad de los 102 colonos, los nativos de la tribu Wampanoag ayudaron a los peregrinos dándoles semillas y enseñándoles a pescar. La práctica de llevar a cabo un festival de la cosecha como éste no se volvió una tradición regular en Nueva Inglaterra sino hasta finales de la década de 1660.
Esta Nación cuenta entonces, en sus cimientos históricos, con una celebración de ACCIÓN DE GRACIAS que se ha venido conmemorando de generación en generación y que se constituye en la fiesta anual más importante de todas las familias estadounidenses.

Es una celebración, entonces, para hacer memoria de las gestas históricas que dieron origen a la Nación que habitamos, en la que hoy vivimos, amamos, trabajamos, soñamos y esperamos… Pero es, sobre todo, una celebración – como su nombre lo indica – para agradecer, para dar gracias, para aprender a dar gracias, para volver a dar gracias…

La situación actual del hombre en sociedad la define y condiciona una cultura según la cual hay que tener dinero para poder ser parte del mundo del mercado, del mundo de la oferta y la demanda, del materialismo y del consumismo; mundo en el que tienes lo que compras, tienes lo que puedes, lo que mereces, lo que – con tu esfuerzo laboral y económico – logras y obtienes.

En esta visión economicista del ser humano y de la sociedad, se va perdiendo la capacidad de percibir en la existencia humana cotidiana el don de la gratuidad de la vida; se va perdiendo el valor de lo que no se puede ni comprar ni vender, se va perdiendo el valor de los valores inmateriales (el amor, la familia, el encuentro, la solidaridad, la amistad, la bondad, etc.) que son reemplazados por el valor de las cosas y objetos, de  lo tangible, de lo material e inmediato, de lo efímero, de lo desechable y pasajero.

Por ello, el DIA DE ACCION DE GRACIAS vuelve a recordarnos la importancia de la gratitud en la vida del ser humano, la urgencia de ser capaces de nuevo y cada día de reconocer los motivos que tenemos para agradecer y ser felices. Porque el hombre que es capaz de agradecer es un hombre feliz y es feliz aquel que tiene la capacidad de encontrar y reconocer en la vida motivos para ser agradecido.

Pero el DIA DE ACCION DE GRACIAS no es sólo un día para agradecer. También ha de ser un día que nos empuje a construir motivos para continuar agradecidos y agradeciendo. Ha de ser una fiesta nacional en la que todos nos comprometamos a ir construyendo una sociedad en la que todos tengamos motivos para DAR GRACIAS. Dicho de otra manera, ha de ser un día en el que no haya un solo hombre o mujer en los Estados Unidos que no encuentre y no tenga motivos válidos para agradecer, para DAR GRACIAS. Y esto sólo es posible si todos vamos construyendo mejores relaciones interpersonales, mejores relaciones familiares, unas más justas relaciones económicas, más solidarias relaciones políticas, más humanas relaciones culturales, etc.

Deseo que en este día de ACCION DE GRACIAS 2018 todos tengan motivos para agradecer y entre todos vayamos construyendo una Nación en la que ésta, su principal efemérides, la puedan celebrar todos los que aquí habitamos con motivos válidos y condiciones humanas, verdaderas y justas para DAR GRACIAS. ¡Felíz día¡

lunes, 30 de abril de 2018

La reforma del sistema de salud pública y la pérdida del arte de sanar

En 1996, el prestigioso Dr. Bernard Lown —profesor emérito de cardiología en Harvard y fundador del Grupo Cardiovascular Lown, entre otras distinciones— publicó La pérdida del arte de sanar. Este libro puede tener más de 20 años, pero su mensaje es más actual que nunca, y bien podemos asegurar que es más urgente hoy su lectura que en 1996. El New York Times sacó a la luz el mensaje del Dr. Lown al publicar una página de opinión escrita por un interno del Hospital para Mujeres Brigham de Boston, quien encontró al venerable médico siendo tratado por neumonía en ese mismo hospital.

En La pérdida del arte de sanar, el Dr. Lown señala que “los médicos no atienden más a una persona única, sino que se preocupan sólo por partes fragmentadas, enfermas” del cuerpo humano. La relación médico-paciente —el autor se lamentaba entonces, y aún se lamenta hoy— se ha vuelto impersonal, mecánica, remota y fría. En La pérdida del arte de sanar, urgía a recuperar “la tradición de tres mil años que vinculaba al médico y al paciente mediante una afinidad especial de confianza mutua”.

Como médico residente, Rich Joseph escribió en su columna que el Dr. Lown ha convocado a “retornar a las bases de la profesión médica: saber escuchar para conocer al paciente más allá de los síntomas; palparlo con cuidado durante el examen médico para transmitirle atención; usar palabras que reafirmen su vitalidad; y atender las situaciones de estrés de sus circunstancias vitales”.

En 1996, el Dr. Lown dejó en claro que no estaba conforme con el estado de los temas sobre los que había alertado todos esos años, y a los que hoy describe como “la industrialización de la profesión médica”.

Vale la pena citar ampliamente el artículo del Times porque describe deliberada y atinadamente el estado actual de la atención médica en Estados Unidos, tanto en su forma comercial como en la financiada con recursos públicos. El caso ha empeorado últimamente, con el Medicaid tradicional siendo particularmente propenso a una atención médica impersonal y poniendo énfasis en tratamientos transaccionales bajo la modalidad de exámenes y citas superficiales en el consultorio; fórmula que es proclive al desperdicio y al fraude, y que ofrece ninguna o muy pocas oportunidades para establecer un vínculo entre el paciente y el médico.


La Reforma del Sistema de Entrega de Pagos e Incentivos (DSRIP, por sus siglas en inglés) es un enfoque pionero del Medicaid impulsado por el Departamento de Salud del Estado de Nueva York, y el cual acaba de iniciar su cuarto año de operaciones de su plazo estipulado de cinco años. Su objetivo: reducir en 25 por ciento el uso hospitalario evitable al término de su quinto año, lo cual arrojará ahorros de más de doce mil millones de dólares a los contribuyentes del estado de Nueva York.

Estos datos y cantidades son sorprendentes; pero por muy importantes que sean para el resultado final, en realidad son secundarios. En el corazón de la DSRIP palpita una atención superior, holística de los pacientes del Medicaid, quienes son tratados como seres humanos, no como centros de costos o paquetes de diversos malestares y enfermedades: la atención, precisamente del tipo que insiste el Dr. Lown que se ha desaparecido.

SOMOS Community Care es uno de los 25 miembros del llamado Sistema de Proveedores de Desempeño (PPS, por sus siglas en inglés) del estado de Nueva York, y el cual es financiado por la DSRIP. Para poder calificar para el máximo financiamiento, cada miembro del PPS debe ajustarse a estrictas fechas de entrega, proporcionar ciertos niveles de atención médica y cumplir normas cruciales, todo lo cual conduce, en última instancia, a esa impresionante reducción en el número de hospitalizaciones. La DSRIP se basa en la fórmula del Pago Basado en el Valor Real (VBP, por sus siglas en inglés) o en el pago-por-desempeño. Esto significa que a los médicos y a otros proveedores no se les remunera conforme a los exámenes realizados o a las consultas efectuadas, sino con base en los resultados del estado de salud de sus pacientes en el largo plazo. Si sus pacientes se mantienen sanos, sus médicos ganan más. Así de sencillo.

El VBP, sin embargo, es un medio, no un fin en sí mismo. La atención médica basada en el valor real significa que a los médicos se les recompensa y reconoce en la misma medida que atiendan más estrechamente a sus pacientes. Una mejor atención —para citar al Dr. Lown de nuevo— depende del desarrollo de esa “afinidad de confianza mutua” entre el doctor y su paciente. Un vínculo de esta naturaleza requiere que los médicos hagan un esfuerzo genuino para llegar a conocer realmente a sus paciente, lo cual precisa tiempo, energía y recursos.

Ofrecer una auténtica atención médica superior significa que los médicos y su personal deben realizar un esfuerzo extraordinario, no sólo para evaluar integralmente la salud física del paciente, así como su salud mental; sino también para conocer a su familia, las condiciones de vida de la familia, y tomar conciencia de los factores ambientales y sociales que afectan la vida de ese hogar: los llamados determinantes sociales de la salud, mismos que el Dr. Lown describe sucintamente como “las situaciones de estrés de las circunstancias vitales [del paciente]”. Sólo por medio de esta modalidad intensiva, paciente, persistente y exigente, los médicos pueden convertirse de nuevo en sanadores genuinos, confidentes de los pacientes, y al mismo tiempo en líderes confiables y admirables de su comunidad.

SOMOS Community Care es un caso único entre los 25 miembros del PPS de Nueva York, toda vez que ofrece servicios a los residentes más pobres de la Ciudad de Nueva York a través de una red de médicos independientes. Los demás proveedores del PPS operan desde hospitales, casi todos en enormes sistemas corporativos, donde es más difícil establecer un encuentro personal y genuino con los pacientes. SOMOS apoya a sus médicos mediante un equipo de Trabajadores Comunitarios de la Salud (CHWs, por sus siglas en inglés), quienes se encargan de capacitar al personal administrativo en el registro digital de las prácticas médicas —liberando así al doctor para que se dedique de tiempo completo a sus pacientes—, y quienes efectúan visitas médicas a domicilio de ser necesario, para asegurarse de que las prescripciones y los regímenes médicos se cumplen realmente, retroalimentando así a los médicos con información vital sobre las condiciones domésticas de los pacientes.

En suma, SOMOS se esfuerza actualmente en reivindicar al médico de cabecera de antaño, convirtiéndolo de nuevo en una figura familiar y confiable dentro del barrio. En muchos casos, nuestros médicos viven y trabajan en las mismas comunidades de sus pacientes, y a menudo comparten con ellos sus raíces étnicas. La competencia y sensibilidad cultural, de hecho, es el sello distintivo de la fórmula VBP de la DSRIP.

Es necesario enfatizar que más de 2,000 médicos, en su mayoría miembros de Asociaciones de Práctica Independiente, se han comprometido a formular su relación con la DSRIP. La anterior fórmula del Medicaid fijaba un nivel de ingresos predecible y seguro. El modelo de pago-por-desempeño, en contraste, significa que los médicos deben esforzarse más para ofrecer una atención médica superior, a fin de poder obtener una remuneración mayor. Al igual que los microempresarios, nuestros médicos se arriesgan de verdad, y merecen el mayor reconocimiento por ceñirse al llamado de su vocación profesional en una modalidad que de ninguna manera está exenta de riesgos.

La atención médica basada en el valor real es la nueva ola de la reforma del sistema de salud pública; si ofrecerá una atención médica superior es gracias, en parte, a su énfasis en la medicina preventiva. Esto se traduce en costos médicos menores al mantener más sanas a las personas, lejos de los hospitales, etc. Por ello, tendría mucho sentido que los responsables de las políticas en esta materia comenzaran a analizar con mayor acuciosidad la atención médica basada en el valor real y a considerar la posibilidad de financiar los esfuerzos de las Asociaciones de Prácticas Independientes. Esto permitiría que el médico independiente tenga éxito como emprendedor bajo el régimen del VBP al proporcionar atención médica realmente personalizada, cuya calidad depende de esa “afinidad de confianza mutua” entre el médico y el paciente. Este sería un complemento mucho más necesario a la financiación masiva de los sistemas hospitalarios, inevitablemente más impersonales, que actualmente dominan el ámbito de la salud financiado con fondos públicos.

En cuanto a SOMOS, actualmente allanamos el terreno para poder sobrevivir más allá del plazo obligatorio de la DSRIP, mismo que concluye el 31 de marzo de 2020. SOMOS Community Care seguirá funcionando como una entidad comercial. Nuestra experiencia al día de hoy nos ha infundido la confianza necesaria para desarrollarnos bajo la fórmula VBP y, por eso, estamos preparados para, literal y figuradamente, ¡depositar allí nuestro futuro!




lunes, 23 de abril de 2018

¡POR LOS MIGRANTES DEL MUNDO ENTERO!

El fenómeno de las migraciones humanas es uno de los fenómenos más complejos, masivos, globales y la mayor causa sufrimiento, de dramas y problemas humanos que vive hoy la humanidad. Es un fenómeno muy complejo pues en el convergen y se suman todos los desafíos no resueltos que tiene la humanidad para hacer de este mundo un planeta más humano, más justo y más solidario: la corrupción administrativa y gubernamental en distintos países, la inequidad social, la injusticia social, las mil formas de violencia y de muerte, epidemias, hambrunas, intolerancia, racismo, distintas formas de discriminación, etc.

Las cifras y las dimensiones del fenómeno migratorio a nivel mundial trascienden ya todas las fronteras, las razas, los credos, las culturas, las ideologías y se instaló – dicho fenómeno migratorio - en la experiencia del diario vivir en la tierra con sus dimensiones dantescas, infrahumanas, apocalípticas en el sufrimiento que padecen los hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos que – por las más variadas razones – tienen que dejar sus orígenes para buscar un mejor futuro próximo en otros territorios, en territorios extraños y, muchas veces, franca y definitivamente hostiles. 

El fenómeno de grandes masas de migración humana a todos nos afecta. La humanidad entera es solidaria en el bien y en el mal que vamos construyendo todos para todos. Sin embargo, es un fenómeno cuyas soluciones de raíz se van aplazando indolente e indefinidamente porque todos, gobernantes y ciudadanos del mundo, preferimos evadirlo…

Quienes protagonizan directamente el fenómeno migratorio son – en su inmensa mayoría – hombres y mujeres que se encuentran en la vergonzosa franja social que padecen, como víctimas, lo que el Papa Francisco está llamando “la cultura del descarte”, o de “lo desechable”. Es decir, hombres y mujeres a los que habiéndoseles empobrecido porque se les han negado toda clase de accesos y oportunidades sociales luego son “descartados” por no ser importantes en el engranaje económicamente productivo de este mundo globalizado.

Las causas de este doloroso y masivo fenómeno migratorio son variopintas y van desde la búsqueda de mejores condiciones de vida económica, hasta desplazamientos forzosos por causas de tipo político, religioso o por el acoso de distintas formas de violencia en los países de origen.

Ejemplos de este fenómeno en la actualidad son las enormes masas de población migrante que se desplazan – muchas veces a costa de la propia vida – de África hacia Europa, de Siria e Irak hacia Europa, del mundo entero y de América Latina hacia los Estados Unidos, etc.

Este es un problema complejo y mundial, masivo y global, que nos atañe, afecta e involucra a todos y al que habría que responder atacando las causas y ejecutando soluciones de igual magnitud y complejidad: en los países de origen, en el doble padecimiento de quienes emigran (el sufrimiento del desarraigo – por una parte – y la no bienvenida – por otra parte - en los territorios donde intentan llegar a rehacer sus vidas); además de las soluciones que piden con urgencia los nuevos problemas que se crean y ocasionan en los lugares de destino o países receptores de los grandes movimientos de migración humana.

Hasta hoy, a este fenómeno tan característico, protuberante, dramático, de tantas aristas humanas y sociales y de tantas urgencias en el mundo de hoy se responde con indolencia, con indiferencia, sin darle prioridad en los planes y programas gubernamentales, con muros, con barreras, con intolerancia y sin atacar las primeras causas: la ineficacia y corrupción administrativa, la injusticia social y la inequidad en la distribución de recursos, bienes, servicios y oportunidades sociales que obligan a tantos millones a emigrar y que, por otra parte, convierte – esa misma inequidad y al mismo tiempo – a algunos lugares de la tierra en polos de atracción para los desplazados y desterrados de todos los días y de todos los rincones de la tierra.

Ni los políticos de turno de cada país de partida de las grandes masas migratorias (envueltos casi siempre en enormes fenómenos de corrupción), ni los centros de llegada, ni los organismos internacionales creados con vocación humanitaria global (Unión Europea (UE), Organización de las Naciones Unidas (ONU) y sus Departamentos (FAO, OMS, OIT, etc) , Fondo Monetario Internacional (FMI) Banco Mundial, etc…) resuelven de manera efectiva con fórmulas humanitarias – y no guerreristas y militares – el fenómeno migratorio actual. Urgen, por tanto, soluciones que devuelvan a todos los afectados y de manera urgente, su dignidad de personas, con programas no asistencialistas sino de promoción y desarrollo humano sostenible.

Urge, además, que las instituciones e iglesias de las más variadas doctrinas y denominaciones religiosas presten a la humanidad, especialmente ante este fenómeno de tanto sufrimiento humano, su servicio y tarea profética. Que los líderes religiosos anuncien y denuncien todo cuanto en este fenómeno – como en otros – menoscaba la dignidad humana e impide la realización digna y humana – individual y socialmente - de todos los hombres y mujeres afectados. Lo contrario, se convierte en un silencio cómplice de la indiferencia de todos los estamentos y sectores de la humanidad.

Que podamos construir un mundo como una gran mesa para todos, donde todos tienen igual cabida y donde todos - solidariamente – nos respetamos y compartimos espacios de vida abundante es una tarea que nos convoca a todos. Al mismo tiempo, el fracaso en la construcción de un mundo más justo, más humano y solidario es una derrota que nos afecta a todos y que a todos nos llena de vergüenza. Es poco lo que hemos hecho y es muchísimo más lo que nos queda por hacer, especialmente en lo tocante a la dolorosa experiencia de nuestros hermanos migrantes del mundo entero.